Ximena Capdeville: Artesana

Con una década dedicada a la cerámica gres, hoy prepara su primera exposición individual, programada para octubre, en la galería de la Scuola Italiana, “un gran desafío que no busqué y para el que ya estoy trabajando”, asegura. Sus obras están hechas a pulso, algunas presentan pequeñas grietas, tal como a ella le gusta: rústicas, propias. “Siempre me encantó el arte, pero encontraba que no tenía las características para ser artista, que me faltaba talento y que era demasiado cuerda como para destacar”.

Por Macarena Ríos R./ Fotografías gentileza entrevistada

Durante la entrevista, Ximena, al otro lado de la pantalla, practica el pinch pots mientras conversa, una técnica ancestral, muy intuitiva, para modelar la arcilla y crear piezas únicas, sin herramientas ni máquinas anexas. Apenas mira la pasta, las yemas de sus dedos conocen de memoria cada movimiento, saben dónde presionar, dónde ahuecar, mientras con la palma va girando la masa hasta convertirla en una pequeña vasija.

Hecha a pulso, como la vida misma.

“Trabajar con la yema de los dedos te genera mucho bienestar, te conecta con tu cuerpo, con tus manos, con tu postura”, asegura desde su taller, en el garaje de su casa. “Hay estudios que demuestran que trabajar con las manos es absolutamente terapéutico, muy intuitivo”.

La cerámica no ha sido su única forma de expresión. Para llegar a ella hubo un camino de aprendizaje que involucró otras técnicas y formatos, como la pintura, la acuarela y el grabado.

“Estudié diseño en la Diego Portales, una carrera muy creativa, y si bien mi paso por la universidad fue exitoso, el amor cambió mis planes y expectativas de seguir mis estudios en el extranjero y me quedé en Chile. Me casé y me dediqué a la crianza de mis cuatro hijos, tomando trabajos puntuales de diseño”.

No se decantó por la carrera de Arte porque encontraba que había que ser muy prodigioso. “Siempre me encantó el arte, pero encontraba que no tenía las características para ser artista, que me faltaba talento y que era demasiado cuerda como para destacar”. Ríe.

En su búsqueda artística tomó varios talleres, pero el de cerámica, con Ricardo Irarrázaval, marcó un punto de inflexión. “Me enamoré de la cerámica, me fascinó el material, el tener las manos en el barro. Lo que me gusta de ella es que me saca de mi rigidez, me encanta que no sea perfecta, lograr ese toque rústico, que se note más la mano. El lenguaje es más rico cuando la obra es más orgánica y no tan industrializada”.

ARTE INTUITIVO

Admiradora de Paul Klee y Van Gogh, metódica y estructurada, dice que le gusta la pieza única, ojalá con grietas, porque habla justamente de la singularidad de cada obra. “Me gusta que se note que está hecha a mano y que ninguna es igual a la otra”.

En ese tiempo sus pinturas hablaban de corazones, árboles y casas de líneas simples, casi infantiles. Y se preguntó ¿qué tal si lo llevo al volumen?

En su taller, con esa inquietud en la cabeza, se puso manos a la obra. Si bien al principio fueron, y siguen siendo, carteras, sus colecciones de árboles y casas son muy demandadas en las redes sociales.

“Mi trabajo artístico no va por la crítica social ni el arte más testimonial. Aunque me gusta que haya gente que lo haga, no es lo mío. Lo mío tiene un estilo más relajado, más naíf si tú quieres. Es una manera de expresarme, es el colorido, el diseño, la textura, un todo armónico”.

¿Cuál es tu propuesta?
No tengo una propuesta ambiciosa. En la cerámica represento mi mundo, represento la simpleza. Con ella siento que llego al origen, al concepto básico. Para mí, la cerámica lo hace todo, nosotros somos solo un medio para que el material se luzca.

¿Qué te inspira?
El material, los colores, las texturas.

“La cerámica es espectacular, es un universo en sí. Es un medio que me permite reflejar lo que significa la belleza. Me encanta que haya algo de azar. Lo entretenido de la cerámica es la sorpresa cuando abres el horno, sobre todo cuando estás empezando, porque, con el calor, el esmalte toma otro color”.

¿Cómo ha sido tu aprendizaje?
Es el ensayo y error el que te hace aprender. Acá aprendo todos los días algo nuevo, sobre todo a cultivar la paciencia, porque las piezas tienen que estar secas para poder meterlas al horno. Hay veces en que la ansiedad me ha jugado una mala pasada por cocer piezas antes de tiempo, sobre todo cuando ocupo pastas nuevas.

Ximena dice que la cuarentena fue una etapa de mucho crecimiento, de mucha gratitud, y que le encantaría dar clases el día de mañana, pero cuando sus manos estén cansadas y no le den para producir tanto. “Soy muy autodidacta, pero siempre me siento al debe, como que necesito saber más cosas; podría seguir formándome muchísimo más”.