Julita Luco: Entre aguas

artista visual

Así se llama la última muestra de Julita Luco que se podrá ver hasta el 13 de febrero en el teatro de Zapallar, una propuesta artística de grandes y pequeños formatos donde se conjugan mares, olas, jardines acuáticos y ciudades que se entremezclan con la pasión de los colores que siempre ha caracterizado su obra. Mediante trazos, capas sobre capas, aguadas y potentes fluidos la artista narra en primera persona la historia de toda una vida pintando. “El arte es una manera de vivir, el arte alegra la vida, las casas y los espacios públicos”.

Por Macarena Ríos R./ Alejandra González y gentileza Julita Luco

Siempre quiso vivir entre colores, y así lo hizo. Apenas terminó su carrera de diseño decidió tomar clases de pintura con Camila Del Río y nunca más paró de pintar, como nunca dejó de crear, ya sea diseñando ropas, sacando fotografías o como productora de arte. Porque en la vida de Julita se conjugan muchos mundos que hablan de creatividad, de aprovechar momentos y oportunidades y de compartir viajes y exposiciones en sus tiempos como bloguera. Pero Julita es más que eso. Mucho más.

Su alegría de vivir se refleja en cada una de sus obras, en la evolución de su pintura, en sus exposiciones. Cada etapa de su vida está marcada a fuego en sus cuadros y aunque dice que las obras y sus temáticas han ido mutando a lo largo de los años, la fuerza y el color permanecen inalterables.

“Quiero vivir en colores, gozar cada momento, cada encuentro. En cada obra que pinto hay una parte de mí, de mi mundo soñador, alegre, con el que gozo y me sorprendo cada día. Me alegra y emociona mucho cuando me dicen que mis obras transmiten alegría, energía positiva y luminosa y las hacen parte de sus vidas”.

¿Por qué pintas?
Para mí pintar es una manera de vivir, de transmitir y expresar alegría. Mi obra tiene una gran fuerza emocional, porque forma parte de mis vivencias. La pintura me permite expresarme libremente, casi sin límites, donde cuento y transmito mi mundo, mis sueños, mis visiones, perspectivas y sentimientos frente a la vida y a mi vida.

El color es el protagonista en la vida de Julita. Le gusta vestirse con azules, fucsias, morados, calipsos y turquesas, también decorar su casa con cerámicas, figuras y recuerdos de todos los colores posibles. “Mi casa es chiquitita y las paredes principalmente son mi galería donde voy mostrando mis obras, siempre van cambiando, así que digo que son paredes en movimiento”.

¿Qué te provoca el color?
Alegría, luz, optimismo, energía, gozo, expresión. El color es parte de mi vida, en todas sus expresiones, a través de él me expreso, me lleno de
energía, veo el brillo y luz de cada cosa o situación. Me gustan los colores alegres y luminosos. Sin el color, no sería yo.

¿Qué te inspira?
Mi entorno, la vida diaria, la naturaleza, los colores, y las sorpresas de la vida. Me inspira el mar y su fuerza, su cercanía y su color cambiante… sus muelles, el tono del azul al amanecer, la arena dorada al caer la tarde y la intensidad de un amarillo solar a mediodía. En otros momentos ha sido un domingo santiaguino con su organillero, sus plazas, sus cafés y rincones escondidos… sus parques y arboledas. Nuestra ciudad, nuestro cotidiano, nuestra gente.

Julita hace una pausa. “Mi pintura es un dialogo permanente con mi entorno, con las cosas simples y cercanas, aquellas que construyen la vida de todos los días”.

LA ALEGRÍA DE PINTAR

Al principio, partió con óleo y pinceles, pero después de un tiempo quiso expresarse en colores y con mayor soltura. El taller de creatividad de Conchita Balmes, donde estuvo durante catorce años, le enseñó no solo a expresarse a través de la pintura, sino a soltarse y a trabajar sin límites. Lo mismo el año en que estuvo con Matías Movillo, quien la desafió a cuestionarse desde el soporte a por qué pintaba lo que pintaba.

“Así partieron los dripping, los chorreos, las aguadas, las manchas, las transparencias, los brochazos, gestos, movimientos, pintura chorreada, las expresiones viscerales y mágicas en colores. Comencé a trabajar con pigmentos, acrílicos y agua, y a partir de ahí empiezo a soltarme y a aparecer yo”.

¿Cuándo sientes que una obra está lista?
Cuando la obra me lo dice. Hay momentos en que la miras y lo tienes claro. Generalmente la pongo en un lugar donde la pueda ver a distintas horas del día y de distintos ángulos, y así voy viendo si siento que le falta algo o si ya está lista.

¿Qué buscas lograr con tus pinturas?
No creo estar buscado algo preciso, solo sé que pintando soy tremendamente feliz y que me desarrollo como nunca antes.

A Julita le fascina la fotografía, los formatos grandes y pintar sin música, porque dice que así puede escuchar el sonido de la naturaleza. “Siempre me ha gustado pintar al aire libre, en el jardín, donde puedo chorrear libremente y donde mis compañeros son los picaflores, las mariposas, las plantas acuáticas, las flores y los árboles frutales”.

Así que más que afectar su proceso creativo, la pandemia le regaló más tiempo para crear y pintar. “Lo máximo que me puede pasar es poder estar pintando todos los días, la continuidad es muy necesaria pero no siempre se logra”, admite.

¿Cuál es el sello de Entre aguas (o de La alegría de pintar)?
Color y expresión, y como me dijo Ernesto Muñoz (crítico de arte) cuando supo que iba a exponer, ¡tu exposición tiene que llamarse La alegría de pintar! Es un trabajo en técnica mixta experimental sobre soportes que aportan y expresan la sensación de estar inmerso en un lugar a través del movimiento. En mis obras hay mares, lagos y jardines acuáticos cubiertos de mágicos colores que aparecen flotando. Y ciudades con imágenes y sensaciones que se van plasmando junto a distintas situaciones y personajes sobre la tela. Imágenes sobre imágenes, que se ven y no se ven.

¿Planes?
Me cuesta hoy hacer planes para adelante, la vida ya me ha mostrado claramente, en los últimos años, que todo puede cambiar en segundos. Lo único que me he atrevido a planificar en el último tiempo fue esta exposición. Un sueño por delante, tener mi taller en la orilla del mar.