Carlos Fernández: Alta tensión

escultor

Esta es su primera exposición luego de años de silencio. Son doce esculturas de bronce y resina que presenta en la galería capitalina La Sala y que llamó 885 milibares. Siempre hombres, siempre en tensión, presionados por los avatares de una sociedad que evidencia una lucha constante de fuerzas y cuestionamientos. “Uso la figura humana porque la considero un lenguaje universal con el que todos podemos conectar”.

Por Macarena Ríos R. / fotografías José Luis Risetti

«Me inspira el hombre y su entorno, la construcción social que hemos generado, los acuerdos de convivencia que tenemos. Me inspira esta especie de entramado social en el que vivimos y que finalmente grafico en estos volúmenes que los personajes mueven y con los que interactúan de distintas formas. De alguna manera es un sentir colectivo que veo y del que me siento parte”, dice Carlos acerca de su reciente exposición 885 Milibares y en la que estuvo trabajando cerca de un año en su taller de Los Dominicos, “pero fueron muchos más para madurar este proyecto”, aclara.

Esta vez usó el bronce, su soporte favorito a estas alturas. “Es un material que me permite demasiadas ventajas en cuanto a resistencia y durabilidad. Mis obras en general las resuelvo antes de empezarlas. No es muy azaroso”.

¿Qué buscas lograr con tus esculturas?
Me gusta provocar un contacto, una relación con la gente, más de igual a igual. Me gusta y pretendo que no haya esa distancia que tiene que ver con la erudición, con descifrar una obra por medio de un texto. Creo que la escultura, que la figura humana, es muchísimo más directa  que el resto de las artes o tipos de representación. Y eso pretendo lograr, un contacto directo con el espectador. Que se sienta parte de lo que está viendo y pueda hacer interpretaciones de acuerdo a su historia y sus percepciones.

¿Tienes alguna favorita?
Fíjate que no, pero me encanta la escultura de resina que tengo en la laguna Lo Galindo –Caminantes– por haber resuelto un problema de ingeniería y de ejecución, que fue una verdadera aventura. Esa obra fue un gran desafío, una experiencia inolvidable. También me gusta mucho otra que tengo en acero en la Costanera Norte y que se llama Corte transversal.

¿De qué forma la pandemia afectó tu proceso creativo?
La pandemia me sirvió, porque eso de estar encerrado, de estar obligado a la proyección de cosas más que a la hechura, me hizo tener una aproximación mayor a los sistemas de ejecución de mis proyectos. Yo trabajo mucho con el computador, como herramienta es magistral. Todos mis proyectos los diseño en 3D y en la pandemia invertí en una impresora en 3D y la verdad es que ha servido muchísimo, tiene su encanto. Las estructuras ya no las hago en alambre como antes, sino que ahora imprimo una base y sobre ella trabajo, lo cual me quita una gran cantidad de estrés y de tiempo.

¿Qué sientes cuando expones?
Cuando veo que hay reconocimiento en lo que hago, me siento muy satisfecho, hay un poco de egolatría ahí, ya lo sé. Pero eso dura el día de la inauguración, porque después uno cae en una especie de nido vacío, esa es la sensación. Quedo muy cansado, en blanco por un rato.

885 MILIBARES

885 milibares tiene que ver con la motivación de mi obra, que son las presiones sociales. Hace referencia a una baja presión atmosférica, que crea las condiciones para que se dé una tormenta. Es una analogía a la presión que el aparato social ejerce sobre el ser humano y, además, contextualiza una realidad nacional, haciendo una relación con lo presionados que nos encontramos todos y los últimos eventos sociales que hemos tenido”.

Dice que su referente siempre ha sido la escultura clásica y la renacentista: Miguel Ángel, Rodin, Leonardo, Bernini. También la chilena Rebeca Matte. “Como maestro más contemporáneo, un personaje que yo admiro sobremanera es el escultor chileno Juan Pablo Langlois, que falleció hace poco. La libertad con la que enfrentaba la obra, la materialidad que ocupaba, la temática que trabajaba y al mismo tiempo haber sido toda su vida un funcionario fiscal, es un verdadero ejemplo para mí. Es mi referente máximo. Definitivamente”.

¿Tienen cabida las mujeres en tu obra?
Estoy trabajando en ellas. Encontré en las revistas de los años sesenta y setenta referentes de modelos antiguas en unas poses bien locas que me tienen muy entretenido. Ahí hago un guiño a Degas, quien puso telas a sus esculturas, así que mis mujeres van a estar vestidas y para eso me va a ayudar un amigo mío que es sastre.

¿Te has aventurado en otros formatos, como pintura o grabado?
Me he aventurado muy tímidamente en el tema de la pintura y su bidimensionalidad y ahora iré por el grabado, que me gusta muchísimo. Voy a partir por la serigrafía.

¿Planes?
Además del grabado, tengo otros proyectos de esculturas que estoy desarrollando y de la que solo te adelanto los nombres: escaladores y miguelitos. Es un proyecto antiguo y que tiene que ver con hacer un par de instalaciones de gran formato con el objeto de democratizar el arte y eliminar el distanciamiento entre el artista y el espectador. Me encantaría que todos se pudieran llevar una pequeña obra mía. Y tengo el gran deseo de sacar esta exposición para afuera, me gustaría internacionalizarla.