Coda: Espíritu regional

Desde el Valle de Casablanca Coda se ha posicionado como la primera “cervecería consciente”. Un concepto que profundiza tanto en sus procesos de elaboración como en el cuidado de su equipo y el entorno. Siempre innovando, para esta temporada sorprendieron con “pandemia red ale colaborativa”, una apuesta que unió a  cervecerías artesanales de todo Chile.

Por María Inés Manzo C. / Fotografía gentileza Coda (www.coda.cl) y agradecimientos Nación Emprendedora

Para que un emprendimiento funcione a lo largo del tiempo, parte de las claves son la perseverancia, la resiliencia y la creatividad y eso lo saben muy bien Mauro y Renzo Caimi, hermanos y socios que hace cinco años dieron vida a Coda, nombre que ya es reconocido a nivel regional y nacional dentro del rubro de la cerveza artesanal.

Con una amplia variedad de más de once productos, desde sus series tradicionales (american pale ale, american stout, american strong ale, white ipa, strong india porter, entre otras), ediciones especiales y packs armados para todos los gustos; la clave para ellos ha sido reinventarse e ir leyendo el gusto de sus consumidores. “Cuando conoces el mundo de la cerveza artesanal te atreves a disfrutar de sabores más intensos, más amargos, con distintos aromas y grados alcohólicos que lo hacen muy interesante”.

La idea surgió cuando ambos recién titulados —de ingeniería comercial e industrial respectivamente—, debían tomar la decisión de si querían trabajar para alguien más. “A los dos siempre nos ha gustado el emprendimiento, pues crecimos viendo el ejemplo de nuestros padres y abuelos en la empresa familiar (dedicada al rubro textil). Ese espíritu fue clave, sabíamos que queríamos algo propio y por eso tomamos la idea que venía desarrollando Renzo, desde el 2012, en la elaboración de cerveza artesanal. Previamente él había tomado un curso y comenzó a hacer cerveza en la casa para la familia y amigos. A medida que fue afinando la receta y teniendo más clientes, se fue haciendo experto en el tema. Entonces como era un producto validado y que gustaba lo que faltaba era el siguiente paso: profesionalizarlo a mayor escala”, cuenta Mauro Caimi.

Comenzaron arrendando una fábrica pequeña en Viña del Mar y usando las ollas de producción de otra cervecería que ya no funcionaba. Lo que les permitió avanzar rápidamente y aumentar su producción diez veces de la mano de mejor tecnología. Luego de un exitoso año, hicieron su gran apuesta y se trasladaron a su propia fábrica en Casablanca, donde se encuentran actualmente.

“Trasladarnos al valle de Casablanca, al principio fue estratégico, porque le arrendábamos un galpón en desuso a la empresa de nuestra familia. El directorio se entusiasmó mucho con este proyecto de la tercera generación de emprendedores. Al poco tiempo nos dimos cuenta de la buena decisión, pues cuando comenzamos sólo abastecíamos a Viña del Mar y Valparaíso, pero este cambio nos permitió tener un punto de venta importante para Santiago”.

En enero del  2017 ya se encontraban en los primeros bares de la capital y hoy la escala ha aumentado considerablemente. “Sumado a ello fuimos descubriendo el gran potencial turístico de Casablanca. Por eso toda la estrategia prepandemia fue invitar al público hacia el valle, para que conocieran nuestra fábrica y cervecería. Hicimos eventos con música en vivo y foodtrucks de la zona, que esperamos retomar cuando las condiciones lo permitan con tours y con una nueva terraza al aire libre”.

CERVECERÍA CONSCIENTE

Cuando se formó Coda, Mauro y Renzo sabían que querían diferenciarse y por eso surgió el concepto de “cervecería consciente” de inmediato. “Somos una empresa liderada por jóvenes y creemos firmemente que los cambios sociales parten por nosotros. Estamos convencidos de que la colaboración y la innovación son herramientas que transforman el mundo. Por eso más allá de nuestra pasión por la cerveza buscamos generar un impacto positivo a nivel interno (nuestro equipo, las personas), comunitario y medio ambiental”.

¿Qué medidas han implementado en términos sustentables?
Hoy, por ejemplo, el cincuenta por ciento de nuestra energía eléctrica proviene del sol y, además de las botellas de vidrio, hemos incorporado latas, que son más fáciles de reciclar (el aluminio es cien por ciento reciclable). Además, por su peso liviano al cargarlas en cajas en un camión se reduce significativamente el gasto de bencina en comparación con las botellas. Es fundamental reducir la huella de carbono que emitimos. Por eso mismo estamos en proceso de certificarnos como Empresa B, en vías de ser una empresa de triple impacto.

¿Y a nivel comunitario?
Las personas asocian Casablanca con el vino, pero de a poco la cerveza artesanal ha comenzado a abrir su camino. Es por eso que nos reunimos con las siete  empresas de nuestro rubro, presentes en el valle, para impulsar la marca de cervecería en Casablanca. También estamos organizando una cerveza colaborativa y que se cocinará en Coda. La idea es comercializarla y darle apoyo a todos los que nos hemos visto afectados por la pandemia. Es muy importante preferir y promover lo local, tanto de los consumidores como de los mismos dueños.

PANDEMIA RED ALE

“Empezamos a ver con preocupación cómo tras la pandemia el rubro gastronómico comenzó a decaer rápidamente, y que ya venía debilitado con el estallido social. Como estamos presentes en muchos bares y restaurantes dimos un giro, rápidamente, hacia el e-commerce que además nos ha permitido vincularnos directamente con el consumidor, sin intermediarios. Y la verdad es que en este periodo hemos tenido un desafío creativo importante a pesar de que, sin duda, ha sido difícil desde lo emocional a lo económico, lo tomamos como una oportunidad para probar miles de cosas. Desde catas online, charlas, concursos de fotografía, torneos a concursos; y con otras empresas vendimos packs de cervezas con juegos de mesa”.

Así nació pandemia red ale colaborativa…
Sí, esta fue una iniciativa en la que nos invitaron desde la Asociación Cervecera Independiente, donde Renzo es director. Nos unimos simultáneamente para hacer la misma cerveza, pero en distintas empresas de todo Chile y cada una con su sello regional. En nuestro caso como zona centro escogimos el huesillo que incorporamos al final de la fermentación para darles unas notas al sabor. La gracia es que son distintas versiones del mismo producto de la mano de diferentes maestros cerveceros.

¿El rubro de la cervecería artesanal es unido?
En general hay una sana competencia y nos conocemos la gran mayoría. Y en tiempos como estos han surgido varias iniciativas donde nos hemos apoyado, por ejemplo con cervezas colaborativas con amigos de Quilpué y el Valle del Aconcagua. Como emprendedores no podemos darnos la espalda, además es momento de comenzar a reactivar el rubro con más fuerza, hoy la cerveza artesanal está a un muy buen nivel y no por nada ha ganado premios en el extranjero. El prejuicio de que lo de afuera es mejor ya no va más y se ha demostrado. Hay mucha variedad, innovación y estilos. En general, hay que seguir prefiriendo, lo local, lo regional y lo nacional. Hay que ayudar a los vecinos, a las familias emprendedoras porque todos hemos pasado momentos complejos.

En sus últimos lanzamientos incorporaron latas con nuevos diseños…
Sí, el mundo de las latas llegó para quedarse. Antiguamente había una idea de que la cerveza artesanal sólo se consumía en botella, en un formato Premium. Pero este mito se ha ido derribando y muchas cervecerías están haciendo este cambio. Nosotros nos demoramos pues requiere mayor tecnología, pero sus ventajas son increíbles desde que es más hermético, en cuanto la cadena de suministros y sustentabilidad. Además se pueden incorporar mejores ilustraciones y eso fue justamente lo que hicimos en nuestra serie tradicional, con una gama de colores mucho más atrevida, colorida y lúdica.