Mario Gómez: La realidad transformada

Dueño de una paleta de colores alegre y avasalladora, la vida misma de Mario Gómez está presente en todas y cada una de sus obras. Hace poco llegó del DF, invitado por BADA México, una feria de arte que le generó nuevos contactos y el patrocinio de dos galerías internacionales: Arte21, ubicada en el barrio de Polanco, México, y ArtiFact, de Manhattan.Me inspira mi vida, mi historia, mis memorias, mi infancia, mi adolescencia. Fueron épocas donde disfruté mucho, jugué mucho”.

Por Macarena Ríos R./ Fotografía Andrea Barceló A.

Un regalo. Eso es la pintura en la vida de Mario Gómez. Delgado, sencillo y tremendamente cálido, vive en Isla de Maipo hace casi treinta años junto a la ceramista y compañera de vida, Fabiola Martínez, y sus dos hijas. Un galpón de cien metros cuadrados que mira a una laguna alberga su taller, en el que conviven cuadros de grandes dimensiones, esculturas, croqueras, pinceles y acrílicos. Más allá, otro galpón oficia de taller, donde imparte clases de cerámica. “Si hay algo que me encanta, además de la pintura, es la cerámica. Con mi señora compartimos taller y trabajo, fue ella quien me introdujo al mundo de la cerámica”.

Le encanta el color verde, y conversar con la gente sobre arte, sobre sus cuadros y el proceso que hay detrás. Dice que es muy intuitivo para pintar, que se maneja mucho más en el formato grande, que se siente más cómodo y que le ha impresionado constatar que sus obras han traído paz y calma a quienes las han adquirido. “Incluso el inicio de procesos de sanación. Nunca pensé que mis obras pudieran tener incidencia en la vida de las personas más allá de lo meramente estético, pero desde que comencé a trabajar solo, sin galerías, hace diez años, me fueron llegando testimonios increíbles de clientes. Entonces comencé a ver la pintura como un proceso de búsqueda también. Y eso me provoca una gran responsabilidad”.

La presencia femenina cruza tu obra, ¿por qué?
Soy el menor de cuatro hermanas y, en general, el ambiente en el que me crié estuvo muy marcado por la mujer y, de alguna manera, me permitió desarrollar el lado femenino y tener otra mirada con respecto a la vida. Por eso la presencia femenina en mi obra es súper potente. Hasta el día de hoy, las mujeres siguen siendo el eje de mi vida.

VIVIR DEL ARTE

Alumno de Hernán Miranda, Gracia Barrios y Gonzalo Cienfuegos, y aunque creció con el arte y la música siempre presentes en su casa —“mi mamá estudió piano en el conservatorio y fue profesora de Artes Plásticas”—, dice que estudiar Arte en su época fue una locura. “Mi expectativa era trabajar en lo que pudiera y en mis tiempos libres dedicarme a pintar. Nunca pensé que iba a poder vivir del arte. Jamás estuvo en mis cálculos”.

El hecho de que el galerista Tomás Andreu lo apadrinara significó un gran trampolín para la carrera en ciernes de un joven Mario Gómez. “Para mí el que me contratara en exclusividad fue una bendición fuera de todo pronóstico”.

Sin embargo, la relación contractual terminó el 2010, año en que expuso, por última vez, en la galería de Andreu. “El cambio de ubicación de la galería (de Alonso de Córdova a Nueva Costanera) coincidió con mi decisión de aventurarme solo. Ya tenía una cartera de clientes estable así es que me independicé y comencé a exponer afuera”.

Su primera exposición individual fue en San Francisco, California. Y de ahí no paró más. Sin embargo, después de diez años trabajando para galerías extranjeras, quiso volver a reposicionarse en Chile y lo hizo con La única verdad, una muestra que expuso en el Centro Cultural UC el 2017, con excelente crítica. Un año después exhibió sus obras en la galería de Eduardo Lira, en Miami, y el año pasado expuso en la Universidad Autónoma bajo el título La forma habitada.

¿Por qué pintas lo que pintas?
Yo busco el lado positivo de la vida. Siempre he sentido que mi misión es tratar de compartir esa mirada constructiva y esperanzadora de la vida.

¿Qué papel juega la academia?
Un pintor nace pero tiene que formarse, me hizo muy bien estar con profesores que compartieran sus experiencias, te abren a otras perspectivas y ayudan a desarrollar todo el potencial que tienes.

¿Qué aprendiste de ellos?
Tuve muy buenos profesores, de todos aprendí diferentes cosas. De Miranda el rigor, la academia, el profesionalismo, el compromiso con la obra. De Gonzalo, su propio trabajo artístico te enseña mucho. La sabiduría y generosidad de Gracia fueron increíbles. (Roberto) Farriol, por su parte, fue clave, me cuestionó desde lo más profundo mi pintura.

¿Cómo te relacionas con el arte?
Mi relación con el arte es de odio y pasión. Para mí es un medio de expresión y de narración, de contar mi historia, mi compromiso con la vida y con lo bello que hay en ella. Aunque intenté un discurso más contestatario en mi época de estudiante, no lo logré.

¿Qué ha significado todos estos años pintando?
Un regalo.