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Entrevistas Personajes Domingo, 11 de Julio de 2010
Entrevista Roberto Bravo, pianista
DEDOS PRODIGIOSOS
Enviado por:  [ Admin ]
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Fue uno de los artistas que aportó, desde su música, a los damnificados del terremoto, realizando un magistral concierto solidario en la Plaza de Constitución. Maestro, embajador de las artes, alumno de Arrau, apasionado y melancólico. Roberto Bravo, pianista chileno reconocido en la escena internacional, a quien, en 1995, le dieran el Premio Nacional de la Paz, habla con Tell Magazine.

por Carolina Landsberger B. / fotografía Enrique Peña M.

Al llegar a su encuentro, Roberto Bravo nos espera, sentado en la terraza de un café en plena calle de Concepción. ¿Quieres tomar algo?, me pregunta, con una voz tan suave que temí que, con el bullicio de la ciudad, la grabadora no la alcanzara a captar en su totalidad. De manos fuertes y hablar pausado, me cuenta historias que sorprenden, como cuando asegura haber sido poseído por el espíritu de los compositores más de una vez durante sus conciertos. La gente mira curiosa la grabadora sobre la mesa y al fotógrafo atento, sin embargo, nadie parece reconocer al maestro tras las oscuras gafas que lo protegen del sol.

Llama la atención el fuerte contraste entre la serenidad con que habla y la pasión que transmiten sus palabras. Amable, paciente, su tono de voz no varía mientras nos cuenta sobre las tres mujeres más importantes de su vida, su experiencia como alumno de Arrau o sobre quiénes son sus músicos favoritos.

TALENTO MUSICAL

Ha sido invitado por numerosos directores de orquesta de talla internacional. Su prestigio y talento lo han hecho reconocido en el mundo entero. New York, Montreal, París, Berlín, Washington, México, Dublín, Barcelona, Toronto, Ottawa y Caracas, por nombrar algunas ciudades, han sido testigos de su prodigio. Bravo no hace distinción, toca y vibra por igual con música clásica, popular y poética. Su don no conoce fronteras.

¿Qué significa la música para ti?
La música es sentimiento, comunicación, un puente hacia un estado de conciencia más alto, más profundo, la oportunidad de hermanarse con las personas de distintos credos y razas. Es un privilegio nacer con un talento musical.

¿Cuándo decidiste ser músico? ¿Es algo que se decide?
Según como lo mires. Si miramos la vertiente normal, el hecho de tener una madre que tocaba piano, te hace más fácil el camino. Si tomas la vertiente paranormal, probablemente es algo que viene contigo de otras vidas.

“He tenido experiencias paranormales en Noruega y Alemania, donde he sentido la presencia muy fuerte, en mi manera de tocar, del espíritu de los compositores”.

¿Por qué elegiste el piano?
Mi madre tocaba piano y había uno en la casa, así que desde niño empecé, a los tres o cuatro años, a sacar melodías por oído, encaramándome al piano y tocando con un dedo primero, luego con los cinco…

¿Cuál es la relación de un músico con su instrumento?
Es una relación de amor, comunicación, comunión y, en mi caso personal, yo me confieso ahí todos los días. Medito en el piano, rezo en el piano, me enojo y amo en él. Todos los sentimientos que a veces no puedes entregar como quisieras, siempre fluyen ahí.

ENTRE LA INTIMIDAD Y LA PASIÓN

¿Cómo definirías tu estilo?
Apasionado, pero de corte melancólico. Me gusta mucho la música romántica. Me gusta transitar entre la intimidad y la pasión. Además, me considero un artista transversal, tengo distintos repertorios, por ese lado la música representa un mundo muy completo para mí.

¿Qué sientes cuándo tocas?
Me voy. Me desconecto. Me entrego tanto, que no soy consciente de lo que sucede a mi alrededor. Han pasado cosas en las salas que he tocado, como temblores, ampolletas que se han roto y nunca me he enterado. Me entrego absoluta y profundamente a lo que hago.

¿Recuerdas la primera vez que tocaste en público?
Creo que tenía como siete años. Era a beneficio de los empleados de un cine, fue la primera vez que tuve conciencia del arte solidario. Recuerdo que llevaron el piano de mi abuela y que cuando estaba tocando se apagó la luz y yo seguí. En la galería se escuchó un grito: ¡anda a acostarte mejor cabro chico!

¿Has renunciado a muchas cosas en la vida por la música?
Es complicado. Esa renuncia no siempre tiene que ser dolorosa, ¿no? Porque tú te das cuenta que es un privilegio estudiar en Moscú, Polonia o vivir en Inglaterra o España. Pero igual echas de menos tu gente, tus montañas y tus comidas. Y sobre todo el sol, cuando estás en lugares de clima muy duro.

¿Qué recuerdos tienes de la época en que vivías en Europa?
Bueno, yo me casé en Moscú. Mi primer matrimonio fue con una violinista de Letonia, compañera de conservatorio. Estuve veinte años con ella y tuvimos un hijo que nació en Londres, donde estuve quince años. En total, estuve tres años y medio en Moscú, dos en Varsovia, quince en Inglaterra y quince en España. Entremedio me casé por segunda vez con una maravillosa soprano de Copiapó. Tiempo después fui a tocar a Lima y ahí conocí a mi actual pareja, que se vino a vivir a Chile. Por lo tanto, yo cerré mi departamento en Barcelona y me vine a vivir acá, porque las personas que se quieren tienen que estar juntas, de otra forma no funciona.

DE ALUMNO A MAESTRO

Su formación musical comenzó en el Conservatorio Nacional de Santiago con Rudolf Lehmann: “me llevaron a los siete años, él (Lehmann) estaba muy horrorizado porque este niño no leía música, tocaba por oído, por intuición. Así que me puso en un régimen bastante estricto…”, cuenta Bravo, quien años más tarde —a los quince o dieciséis— sería llevado por su mismo profesor a Nueva York, para que Claudio Arrau lo escuchara y opinara. “Tomé ocho clases con él en su casa, luego de las cuales el maestro me dijo que si yo quería intentar esta carrera, valía la pena, porque tenía las herramientas”.

¿Qué te enseñó Arrau, aparte de lo estrictamente musical?
Me conversó sobre la dificultad que implica esta carrera, del sacrificio, la dedicación, la renuncia de repente a tu familia, a tu entorno y a tu país. La necesaria búsqueda de nuevos horizontes, los concursos internacionales, etc. Pero me dijo que yo podía hacerlo.

¿Qué significó ser alumno del maestro?
Responsabilidad. Conocer a un artista integral, muy completo como músico y como persona. Le decían ‘el último enciclopedista del piano’, porque tocaba un repertorio inmenso. Era una persona muy amable, profundo, lejano a la vanidad y a creerse lo que el mundo decía de él. Yo siempre digo de Arrau que dejó una gran lección de humildad y un ejemplo de sencillez. Cuando una vez le preguntaron cómo quería ser recordado, el respondió “como un hombre decente”.

¿Cuál crees que es el legado que dejó en la música?
La entrega, la honestidad, el entregar tu sangre al compositor, transformarte en lo que tocas.

¿Cuál sería el legado que te gustaría dejar a ti?
El servicio y el camino del amor.

Ahora que haces clases ¿qué es lo más importante que deben aprender los alumnos?
Abrir su corazón, mirarse, valorar la vida que tienen, seguir luchando por las cosas valóricas y enfrentarse al mundo de las emociones a través de la poesía. Yo hago un curso de poesía y música y siempre después de una clase, les pido que escojan un poema y digan lo que sienten. Me he encontrado con sorpresas increíbles. Todos estos chicos que se ven muy desparramados, que pareciera que ‘no están ni ahí’, tienen una riqueza interior extraordinaria.

¿Cuál sería tu sueño como músico?
Que los pianistas no dejen una ciudad sin visitar porque no tienen un piano. Que aumente la cantidad de escuelas musicales, de orquestas por ciudad. Que haya cada vez más recursos para la cultura en general, para permitir a toda esta gama de talentos desarrollarse, no sólo en la música, sino también en pintura, poesía. Surgir y desarrollarse.

PREMIOS Y POSESIONES

¿Qué significó para ti ser nombrado embajador cultural honorario de Chile?
Pasaporte diplomático. Hasta el día de hoy viajo con él y muy honrado, por supuesto.

El año 1995 te dieron el premio nacional de la paz, ¿por qué?
Porque yo pasaba buscando el entendimiento entre las personas. El artista es un embajador de buena voluntad, debemos abogar por la unidad de la gente. Creo que el arte produce eso, no hace diferencias.

¿Qué es para ti un buen músico?
El no querer impresionar, sino emocionar. La entrega total, no acepto la entrega a medias…

¿Alguna anécdota o experiencia que te haya sucedido en algún concierto que quieras compartir con nosotros?
He tenido experiencias paranormales en Noruega y Alemania, donde he sentido la presencia muy fuerte, en mi manera de tocar, del espíritu de los compositores. Es como cuando los escritores están redactando un texto y de repente la letra es distinta… quizás están siento poseídos por alguien que los hace escribir con otra letra, con otro tiempo, otro ritmo. Eso me pasó a mí dos veces.

¿Qué estabas tocando?
La primera vez fue con El sueño de amor de Liszt, un nocturno. Me di cuenta de que, obviamente, no era yo el que estaba tocando. Yo sé como toco, conozco mis tiempos… entonces me di cuenta de que estaba siendo guiado por alguien, que prácticamente me indicaba cómo tocar…

 
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