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Entrevistas Personajes Domingo, 11 de Julio de 2010
Marcela del Valle Puertas, actriz
ACTRIZ DE LUJO
Enviado por:  [ Admin ]
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Con una sonrisa encantadora, ojos chispeantes y su particular voz ronca, esta talentosa actriz curicana se ha ido abriendo paso en el mundo de las teleseries con un éxito avasallador. Luego de su rol como co-protagonista de la primera teleserie nocturna de Chilevisión, Mujeres de lujo, hace un repaso de cómo, a sus veintinueve años, ha logrado instalarse en el área dramática del canal y de sus multifacéticos comienzos en el mundo del arte y la comunicación.

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

A los diecisiete años, Marcela aterrizó en Santiago, con su mamá y cuatro hermanas luego de la separación de sus papás. Rápidamente debió acostumbrarse no sólo a un nuevo colegio —el Pucará, donde llegó a terminar cuarto medio—, sino también a la nueva situación familiar y al frenético ritmo de la capital. “En Santiago todo es histérico, te tocan la bocina, la gente anda apurada y estresada; me costó mucho adaptarme”. Confiesa que, en un principio, ella se sentaba al final de la sala de clases con su walkman a escuchar el programa de radio “El chacotero sentimental” y no pescaba a nadie, sólo quería volver a estar en Curicó con sus amigos. Sin embargo, sus nuevas compañeras siempre buscaron integrarla, aunque sin grandes resultados.

De su vida en Curicó, Marcela recuerda, con especial cariño, su época colegial en la Alianza Francesa; reconoce que era muy desordenada, le costaba el tema del estudio, quería hacer todo en un segundo, hiperkinética y con muchos amigos. Le encantaba usar pantalones y chaquetas de cuero, un look bien desaliñado, medio roquera, y Guns and Roses eran lo máximo para ella. Como toda adolescente, Marcela pasó por distintas épocas y, obviamente, también fue hippie hasta la médula. Hoy reconoce amar todo lo kitsch, desde la decoración a la ropa, aunque el día de la entrevista nos recibió en la casa de sus abuelos en Curicó de manera muy simple, sin maquillaje, vestida con un polerón, patas y botas vaqueras todo negro, muy sobrio.

Hoy nos comenta ser una fiel devota de la virgen de Guadalupe: tiene su propio altar en la casa de Ñuñoa que comparte con su actual pareja, el también actor José Palma. Confiesa que en sus ratos libres le encanta hacer manualidades, “pego cositas, coso, tejo, veo películas, nunca falta en qué entretenerse”.

Pero Marcela, inquieta y llena de sueños, supo dejar atrás su vida en provincia y logró rearmarse buscando el camino para canalizar su desbordante imaginación y energía. Primero pensó que lo suyo era el canto, pero, a poco andar, llegó a la conclusión que el teatro siempre le había gustado. Fue entonces que se matriculó en la escuela que imparte esta disciplina en DUOC. “Toda la vida he sido muy volada, era dispersa, me costaba mucho concentrarme, por eso me sirvió estudiar teatro, para aprender a enfocarme, ordenarme”

También estudió locución y condujo el programa cultural “Arriba las Manos” en la radio Universidad de Chile: “era un programa de conversación súper entretenido, lo escuchaba mucha gente, hablábamos de cine, teatro, música, cocina, literatura”. Sin embargo, este se canceló por falta de presupuesto. “Me gusta la radio porque es muy cercana a la gente, puedes hablar de lo que quieras”.

ACTRIZ CAMALEÓNICA

Aunque recién su rostro ha sido más visible para la teleaudiencia gracias a su papel de Blanca Meyer o Amatista en Mujeres de lujo, Marcela lleva bastante tiempo incursionando en teatro, cine y televisión. En teatro, formó parte del elenco de Cinco mujeres usando el mismo vestido, con Willy Semler, el 2008. En cine, debutó el 2005 con el protagónico de la película Secuestro de Gonzalo Lira, donde interpretó a Catalina. Posteriormente, llegó a la pantalla chica con sus personajes juveniles: primero fue Rocío en Gatas y tuercas de canal 13, el 2005; luego se integró a la primera teleserie producida por Chilevisión en el papel de Máxima Solé en Vivir con 10, el 2007, para después interpretar a Nicole una “pelolais punketa” en Mala Conducta, el 2008.

“Soy feliz interpretando papeles muy diferentes el uno del otro, eso me da la posibilidad de mostrar todas mis facetas. He tenido la suerte de hacer cine que es mucho más lento y cuidado que las teleseries, en donde el ritmo es bastante más rápido y exigente. La televisión te obliga a estar con las antenitas bien paradas. Además, soy cero prejuiciosa; para mí el cine, la televisión, el teatro, son igual de motivantes, me gusta todo y he tenido la suerte de trabajar en los tres”.

Para su rol de Amatista (una joven estudiante que costeaba su adicción a las drogas trabajando de prostituta en el Club Esmeralda), Marcela le propuso al equipo cortar y platinar su pelo, con la idea de darle más intensidad y carácter al personaje y reforzar el look de drogadicta. Los mechones casi blancos, y muy cortos, la hicieron más visible no sólo en la pantalla, sino también en la calle. Lo que nunca se imaginó fue que algunos hombres no diferenciaban a la mujer del personaje, y recuerda que “en más de una oportunidad se me acercaban y hacían comentarios no muy agradables”.

Sin duda, en su minuto este cambio de apariencia fue una decisión drástica pero acertada. Hoy volvió a su color natural, lo que sumado a unas extensiones en su pelo, le ha permitido desmarcarse fácilmente de su papel en Mujeres de lujo y dar vuelta la página. “Reconozco que ya estaba chata con esa pinta, ya no me reconocía en el espejo”. También recuerda que a veces llegaba angustiada a su casa porque “el personaje de Amatista era muy intenso, tenía muchos matices, una niña drogadicta a quien le gustaba experimentar de todo, sin más familia que una hermana que la trataba mal y en sus compañeras de trabajo encontraba la contención y el cariño que necesitaba. Estaba cansada, muchas veces decía ¡no quiero hacer más esto!, pero las cosas son así. Igual voy a echar de menos las grabaciones, lo pasaba súper bien”.

Pasaste de papeles juveniles a un coprotagónico en la primera teleserie nocturna de Chilevisión, ¿como fue esa experiencia?
Fue harta responsabilidad y mucha exposición mediática y, más encima, de prostituta… quise mostrar mi personaje como súper decadente, develando todas las caras, la del dolor, el cansancio, etc. Quería humanizar a Amatista, que se viera con las mechas paradas, con ojeras. No quería exhibir sólo las plumas y encajes que usaba. Hubo harta investigación para esta teleserie, estuvimos con prostitutas, travestis, drogadictos. Investigué sobre el mundo de la cocaína y las paranoias que sufren quienes la consumen. Conozco gente que es drogadicta, por lo que ya tenía parámetros de cómo se comportan, y sus reacciones. Estuve conversando con sicólogos, siquiatras, y experimenté el mundo de la noche. Siempre que tengo un papel entre mis manos, busco la forma de explotar todos sus ángulos.

“Mostré mi personaje súper decadente, develando todas las caras, la del dolor, el cansancio, etc. Quería humanizar a Amatista, que se viera con las mechas paradas, con ojeras. No quería exhibir sólo las plumas y encajes que usaba”.


PREJUICIOS Y PUDORES

“Lo que más me gusta de ser actriz es que uno hace cosas que nunca en la vida haría. Además, en mi familia, las personas que realmente me importan siempre me han apoyado en mis decisiones, no fue tema este rol en la teleserie. Como actriz eres un instrumento para develar la realidad”.


“A mí me dan lo mismo los comentarios mal intencionados; lo que más me gusta de ser actriz es que uno hace cosas que nunca en la vida haría. Mientras más verdad tiene un personaje, más te creen. Además, en mi familia, las personas que realmente me importan siempre me han apoyado en mis decisiones, no fue tema este rol en la teleserie. Uno como actriz es un instrumento para develar la realidad. En Mujeres de lujo se mostró la parte humana de cada una de las protagonistas, el porqué llegan a este mundo, hay historias de maltrato físico y sicológico”.

Respecto de mostrar el cuerpo, Marcela confiesa, con mucho sentido del humor, que es un tema difícil. “Soy enrollada con el cuerpo, mi trauma máximo era mostrar las pechugas. En el colegio me crecieron antes que a mis amigas, mis compañeros me las miraban en clases de educación física cuando tenía que trotar. Lo mismo con la boca grande, antes era como de gansa, me molestaban harto, ahora es sexy”, dice muerta de la risa.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?
No quiero contar mucho, prefiero ser cautelosa para que las cosas resulten, sólo te puedo adelantar que estoy considerada para la próxima teleserie nocturna del canal que comienza en agosto. Y probablemente algún papel en las series que se vienen por el bicentenario. En este trabajo hay que estar siempre atento a los proyectos que se puedan presentar, participar en los casting, moverse, pues a muy poca la gente la van a buscar a la casa.

¿Cómo ha sido trabajar en Chilevisión?
Estoy feliz trabajando ahí, muy agradecida de todas las oportunidades que me han dado; además, por primera vez tengo un contrato como actriz del canal, lo que significa un respaldo, tanto en lo económico como en lo profesional. Es un signo de confianza y reconocimiento, sumado a que trabajar con la guionista Coca Gómez es todo un privilegio. Ella se preocupa mucho de construir personajes muy activos, a los que siempre les están pasando cosas. Hay una búsqueda constante por mostrar nuevas realidades.

¿Está en tus planes seguir estudiando?
Me gustaría seguir perfeccionándome afuera, en España o Francia, pero necesito juntar más plata para irme a hacer cursos de teatro y cine. Por el momento, tengo que aprovechar las oportunidades que se me están dando.


 
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