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Siempre ha sido multifacética, fue profesora y directora de una academia de gimnasia y modelaje; fue modelo, condujo programas de televisión; también se desempeñó como profesora de religión. Alegre, romántica e idealista, escribe, pinta y le gusta la jardinería. Además, ejerce como licenciada y pedagoga en filosofía en entidades académicas de la zona.
Por Maureen Berger H. Fotografías: Vernon Villanueva B.
Alta, rubia, de ojos celestes como el cielo, Anita Solari (55) jamás pasa desapercibida. Aunque es una mujer sencilla, sabe producirse para la ocasión —lo aprendió tras las décadas de experiencia como modelo de alta costura—, pero su ideal es andar cómoda para emprender largas caminatas cerca de la playa. “Me gusta que mi vida se mueva en varias facetas; un ámbito pedagógico, académico, uno artístico, otro empresarial, en la moda, televisivo, periodístico, literario, etc. Soy tan multifacética que tengo dicho a mis niños que, el día que muera, pongan en la lápida este breve epitafio: ¿Hay algún curso? Por favor, avísenme (ríe). Porque me encanta todo, soy súper inquieta, amante de la vida, la encuentro maravillosa, y también entiendo y acepto la muerte como parte de ella”.
Esta viñamarina —con fuertes raíces italianas—, formada en los Sagrados Corazones Monjas Francesas de Viña del Mar y en la Scuola Italiana Arturo Dell’ Oro de Valparaíso, quiso estudiar arquitectura y sicología, pero entró a educación física y, paralelamente, a licenciatura y pedagogía en filosofía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. De la primera sólo cursó algunos ramos, y la segunda carrera -aunque se vio interrumpida por su matrimonio y el nacimiento de sus hijos- finalmente la terminó. Como es ella, quiso seguir estudiando y hace poco finalizó su magíster en filosofía, y se recibió como facilitadora terapéutica en Focusing y Gestalt.
AERÓBICA Y RELIGIÓN
Anita comenzó a integrarse al mundo del modelaje a los doce años, apareciendo en avisos publicitarios, desfiles y —ya más grande— luciendo tenidas de las principales boutiques de la zona y de diseñadores de alta costura de Santiago. Actividad que abandonó hace un par de años. También condujo varios programas de televisión, primero en el cable local y luego en UCV TV, donde estuvo a cargo de espacios de moda. Su última incursión fue un programa dirigido a la tercera edad.
En tus comienzos ¿hiciste clases de aeróbica y estuviste a cargo de un gimnasio? Mira, todo ha sido casual, se me ha ido presentando. Una persona de la zona me ofreció hacer clases en un gimnasio de Viña, el Tym; allí trabajé varios años, guiada, principalmente, por el video de aeróbica de Jane Fonda, que nadie conocía. Yo tenía habilidades, por lo tanto me resultó bastante fácil. Incluso con el tiempo iban alumnas de educación física para aprender conmigo (ríe). Tiempo después, me asocié con una alumna y abrimos el Centro Estético Femenino CEF, donde llegamos a tener novecientas inscritas. Recuerdo que partía en bicicleta con mi radio en la mochila para dictar las clases. Hacía ocho horas diarias, mil abdominales, ¡era agotador!, pero muy entretenido. En ese entonces, estaba casada, y aún continúo, con quien fue mi pololo desde los doce años, Arturo Chadwick, y ya era madre de dos hijos: Karin, que estudió periodismo, y Arturo, que estudió derecho. Siempre he sido una madre sobre protectora, y supe integrar a mis niños en las actividades que realizaba. Ellos para mí, además de un regalo, son lo más importante.
¿Ahí preparaban a las postulantes a Miss Chile? Efectivamente, hicimos un convenio con la revista Paula y nos encargamos de preparar a varias participantes, como por ejemplo, Patricia Olivari (hermana mayor de Marlene), quien resultó seleccionada como Miss Paula.
¿Cómo llegaste a ser profesora de religión en algunos colegios? Después de terminar la carrera, y cuando decidí retirarme del gimnasio, pensé que debía aprovechar lo que más sabía que era la filosofía. Decidí buscar nuevos horizontes en otros lugares, me fui a ofrecer a un colegio en Casablanca, como profesora de filosofía. El director me explicó que sólo necesitaban a alguien para religión. Yo me puse a reír en su cara, casi imprudente, y él se rió conmigo y me dijo “pero usted tiene cara de buena” y le contesté: “la pura cara no más”. Finalmente acepté por tres meses, reemplazando a un sacerdote que se había ido a retiro y que nunca volvió. Me encariñé tanto con los alumnos que me quedé varios años, luego continué en otro colegio.
¿Por qué dejaste de impartir clases de religión? Los viajes a Casablanca eran peligrosos y las largas jornadas muy cansadoras. El año 2004 llegó con imprevistos, murió un cuñado, mi papá y mi abuela, entonces colapsé. Pero como siempre digo que Dios no abandona, apareció una posibilidad de hacer clases en Viña. Fue el paso del colegio a la universidad y, con el dolor de mi corazón —porque lloré a mares y me deprimió muchísimo dejar a mis alumnos— comencé a enseñar en la Academia de Artes Culinarias Culinary y, más tarde, también en la Universidad Andrés Bello, donde imparto cátedras vinculadas a la filosofía y la ética.
¿Tu relación con Dios viene de siempre? ¿O tuvo que ver el hecho de hacer clases de religión? Dios existe en mí desde siempre. Soy católica, aunque mala católica, estoy en un grupo de oración, pero de repente no voy a misa. Cuando era chiquitita, tenía un hermano que me decía “si tú no comes tierra es porque no amas a Dios” y yo me desesperaba, masticaba las piedras y las hacía sonar en mis dientes (ríe). Ahora yo le digo a la gente que mi fe me hace decir continuamente que “Soy bendita de mi Padre y Dios sopla en mi camino”, y esto no significa que no haya cometido errores, han existido y no me siento orgullosa de eso, pero ya pertenecen al pasado.
Bajo tu manera de pensar ¿dónde encuentras que radican los problemas actuales de la sociedad? Un problema evidente es que los valores se han perdido, hay que retomarlos y darles la importancia que corresponde. Tú no sabes cuánto me cuesta hacer clases de ética. En primer lugar, porque la ética te exige, tengo que observar continuamente mi comportamiento y, si es necesario, modificarlo. Lo otro es la dificultad de enseñarla con la relatividad y carencia de valores que actualmente existe. Se cometen injusticias, tú ves que la ley permite, por ejemplo, a un violador cumplir pena fuera de la cárcel, con el riesgo que esto conlleva. Los alumnos se confunden y dicen preferir la venganza porque para ellos la justicia no es reparadora. Hay carencias y falencias en la aplicación de las leyes.
LA FILOSOFÍA ENSEÑA TODO
“La filosofía debería partir en octavo básico. Cada vez está más reducida. Con la filosofía se aprende a pensar y a reflexionar detenidamente”.
¿Qué piensas acerca de que en los colegios ya no se imparta filosofía como antes?
Es terrible. Yo soy de la idea de que la filosofía debería partir en octavo básico. Cada vez está más reducida. Hoy sólo se da en los últimos años de Enseñanza Media. Con la filosofía se aprende a pensar y a reflexionar detenidamente. La prudencia, como el máximo valor del ser humano, te enseña lo que debes hacer, decir y evitar, o sea, te enseña todo. En algunos colegios tampoco exigen los ramos de religión, que es una forma de cultivar la espiritualidad y darle un sentido más profundo a la vida. O sea, en el fondo, el mundo está al revés, en lugar de estar evolucionando está involucionando.
¿El bullying surge también por la poca preocupación de formar valores en los niños? Yo tengo una frase que siempre digo: “a los niños y a las personas, en general, hay que educarlas con amor”. Tú no puedes educar con la fuerza o la violencia, con los malos tratos. Hay que comunicarse con ellos, darles un espacio donde la comunicación sea más de calidad que de cantidad. El lenguaje es lo que nos distingue de los demás seres vivos, es tan importante que nos hace únicos en el universo, porque tú puedes transmitir de una manera diferente, con una intención determinada. Nos permite actuar inteligente y amorosamente.
¿No es utópico pensar en comunicarse con lolos que dan un portazo y se encierran en su mundo? Pero ¿quién es el responsable de que cierren las puertas? Mira, en ciertas cosas, soy chapada a la antigua, me gustaba el sistema de antes en que la mujer estaba en su casa; sin embargo, apoyo que salga a trabajar, pero no las veinticuatro horas. En el pasado, el marido era el abastecedor, administraba la plata como quería. La mujer se dio cuenta de que no era lo adecuado, que ella tenía habilidades, potencialidades y que las debía desarrollar para ser más feliz. Pero, desgraciadamente, de alguna manera, descuidó la casa.
Según tu filosofía ¿cómo se equilibran ambas cosas? La solución es que existiera el trabajo de medio día, para que la mujer estuviera con los niños y también pudiera ejercer una profesión o actividad. ¿Por qué el gobierno o las empresas no promocionan el trabajo de medio día, si va en beneficio de todos? Todos queremos tener a la mamá en la casa, que ella nos ayude a hacer las tareas y no la nana. En el hogar, integrar la familia a la cocina; yo soy de tradición italiana, donde todos los domingos se hacen pastas y la mamma es la que administra el hogar.
ALCALDESA
“Me interesa el mundo del servicio público, ser concejal o, incluso, alcaldesa. Siento que soy capaz de hacer cosas y beneficiar a la gente a nivel más global”.
A Anita Solari le encanta el contacto con la gente, conoce su región y opina de los problemas que nos afectan como columnista en diarios de la zona. “Me interesa el mundo del servicio público, ser concejal o incluso —modestamente— alcaldesa. Siento que soy capaz de hacer cosas y beneficiar a la gente a nivel más global. Alguna vez me lo insinuaron. Si me lo pidieran, me postularía a algún cargo, pero de manera independiente”.
Se ha metido en cuanto curso existe, de pintura y escultura en la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar; de reflexología, reiki, paisajismo, etc. Integra un club de cinéfilos y otro literario; escribe para dos diarios de la región, ya ha publicado antologías de cuentos y tiene un libro sobre sus memorias en pleno desarrollo. Además, está trabajando su tesis y un ensayo acerca de la muerte.
¿Tienes veta de empresaria también? Sí, he hecho de todo. De chica tejía unos gorritos de crochet y los vendía por el barrio, después hice tortas, carteras, bikinis, collares, etc. Tengo la veta comercial desarrollada.
¿Cuál sería tu empresa ideal? Me encantaría tener un salón de té como los de antaño, como el Mirabel o el Chalet Suizo, porque eso me permitiría conversar con la gente —adoro hablar— y, además, ofrecer cosas ricas. Yo soy muy golosa, me encantan los dulces, los pasteles, las tortas y los chocolates. Quizás un lugar ideal sería Olmué, que de hecho es mi paraíso. Cada vez que puedo, me escapo para descansar entre mis árboles, flores, cultivos y plantitas; allí disfruto el canto de la naturaleza y el sonido del silencio.
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