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Entrevistas Personajes Miércoles, 11 de Marzo de 2009
Claudio Gregoire, psicólogo y escritor:
ALCANZANDO SUEÑOS
Enviado por:  [ Admin ]
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El autor, que perdió la vista a los 17 años, lanzó la obra “Puede ser un buen día” y a pesar de su limitación física, logró transmitir una nueva forma de ver la vida y una innovadora fórmula para lograr el emprendimiento. Tras su charla en la Feria del Libro, el viñamarino nos habló de sus dificultades, la discriminación y la fortaleza se necesita para enfrentar los obstáculos de la vida.

por María Cecilia Pérez M. / fotografía Vernon Villanueva B.

“Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti”, esta primera estrofa de una canción de Joan Manuel Serrat, fue lo que mágicamente hizo cambiar de parecer a Claudio Gregoire Pino (35), psicólogo y escritor ciego, quien en enero recién pasado lanzó su libro, “Puede ser un buen día” dentro del contexto de la Feria del Libro de Viña del Mar.

A los 12 años, Claudio presentó una malformación en los vasos sanguíneos, lo que le produjo un sangramiento ocular. Pero como el mismo órgano tiene un mecanismo natural de limpieza, pudo conservar su vista por cinco años más. Dentro de este proceso, comenzó a perder su visión paulatinamente, hasta que el peso de la sangre no lo permitió más y -antes de cumplir la mayoría de edad- ya estaba completamente ciego. “Me cuesta describir tan terrible situación. Que te digan que no verás más, cuando todavía no has vivido nada y tiene tantas cosas por hacer, es lo peor. Es como si te sacaran el piso y no tienes dónde agarrarte, no imaginas ningún futuro”, afirma con emoción.

Has dicho, en varias ocasiones, que nunca te has preguntado el “por qué” si no el “para qué”, ¿a qué se debe esto?
Yo creo que eso fue por la premura de las cosas. Cuando me diagnosticaron la enfermedad, tenía que viajar a Santiago a operarme todas las semanas, proceso que duró cinco años. Luego fui a Argentina y en esa época no había tiempo de pensar en nada. Todo fue tan rápido que al final nunca me cuestioné lo que me estaba ocurriendo. Cuando quedé ciego fue terrible, y como no soy católico no tenía a nadie a quien pedirle una explicación sobre lo que me estaba pasado. Pero esto no lo tenía racionalizado hasta cuando escribí el libro, ahí fue que decidí cambiar del por qué al para qué.

Haber perdido la visión ¿es un tema asumido?
Sí, después -con el tiempo- uno va asumiendo y aceptando. Siempre he dicho que el hombre es un animal de costumbres y es capaz de adiestrarse ante cualquier obstáculo que la vida le presente. Y cuando te digo a todo, es a todo. No te miento que me encantaría ver, pero uno se va acostumbrando, va asumiendo y aceptando. Si no es tan terrible tampoco. Lo que pasa es que las personas lo consideran algo atroz.

LA VALENTÍA DE EMPRENDER

Desde un principio, gracias al apoyo familiar, Claudio se propuso no dejar sus sueños de lado y -a pesar de su discapacidad- tratar de cumplirlos todos. Recuerda que su madre lo llevó al centro de grabación para ciegos, donde traspasan libros a casete, y percibió que los no videntes no eran sólo aquellos que pedían limosna en las calles -como él mismo explica-, sino que existían personajes con su misma condición que eran abogados, profesores, etc. “En ese minuto fue cuando decidí estudiar psicología”, agrega con un convincente tono de voz.

Pero, lamentablemente, su proceso de admisión fue mucho más complicado de lo que esperaba. Las dos Universidades estatales que imparten la carrera de psicología en nuestra región, le cerraron las puertas solo porque era ciego, “no me dieron ningún argumento válido”, afirma Gregoire.

La Universidad del Mar sí te abrió las puertas para lograr tu sueño de estudiar psicología, ¿Cómo fue este proceso?
Lo más importante que me entregó esta casa de estudios fue que, desde un comienzo, me dijo que sería tratado como un alumno más y que ellos no harían nada especial para que yo pasase los ramos. Lo complicado fue buscar una metodología para rendir mis pruebas y exámenes, la cual yo mismo tuve que crear. Algunas veces eran evaluaciones orales o con grabadora, así saqué mi carrera en los años correspondientes e hice un magíster en gestión. La ventaja que tuve en este segundo período de estudio es que yo tenía un notebook con un software que habla lo que yo escribo, por lo que podía rendir al mismo tiempo que mis compañeros y con el profesor al lado. Pero ese computador que contiene ese programa lo vine a descubrir hace muy poco; si hubiese existido cuando estudiaba psicología hubiera sido todo mucho más fácil.

¿Por qué escogiste esa carrera en particular?
Cuando quedé ciego, mi mamá me llevó al psicólogo, pero ese profesional que me atendía era verdaderamente un chanta, no me decía nada, ni siquiera hablábamos, y me hacía jugar damas o ajedrez. Mi madre en ese tiempo pagaba como diez mil pesos por cada sesión, entonces yo dije: esta es la carrera que quiero estudiar, porque el gallo no hace nada y no tiene que moverse de su escritorio. Encontré que era una pega súper fácil y que se acomodaba a mi discapacidad. Cuando entré a estudiarla me di cuenta de que el tipo era el inepto y que la carrera era súper difícil.

En el plano laboral y personal, ¿cuál ha sido la barrera más grande con la que te has topado?
En lo laboral, fue la falta de oportunidades y en lo personal, cuando rompí el miedo y la pena, pues esa es la barrera que a todos nos limita para cumplir los sueños. Otra cosa difícil fue que al entrar a psicología esperaba que nadie notase que yo era ciego, entonces trataba de plantearme sin mi discapacidad. Pero mis compañeros me decían: “qué bueno que estás estudiando esto, porque vas a poder atender a personas con tu misma condición”; y pensaba, pero si puedo recibir a cualquier paciente, no tengo por qué limitarme. Y mira como son las cosas de la vida: cuando estaba haciendo mi práctica en un consultorio en Placilla, atendía a un viejito que se llamaba Osvaldo que sufría de una descompensación en la presión.

Era un cacho, porque no había manera que se tomara los remedios y luego de seis o siete sesiones conmigo, ya tenía la presión de un joven de dieciocho años. Todos me decían, “¡pero qué hiciste!” y yo no supe responder. En la última consulta le pregunté a don Osvaldo qué fue lo que le hizo cambiar de parecer y me confesó que, gracias a mí, su vida cambió. Me explicó que cuando estaba solo en su casa y no se quería tomar los remedios y se sentía frustrado y deprimido, se acordaba de nuestras reuniones y me veía con una actitud tan positiva ante la vida, que cómo él no iba a hacer lo mismo. Lo que el tipo me estaba diciendo era que mi discapacidad, lejos de ser una debilidad, era una fortaleza.

PUEDE SER UN BUEN DÍA

Al terminar su carrera, Claudio tuvo que enfrentarse al mundo laboral, donde -como dijo anteriormente- le cerraron muchas puertas. “Podría haber demandado a muchas empresas por discriminación. Una de las tantas veces que fui a pedir trabajo, me atendió un doctor de unos 70 años. No pude ver su expresión, pero sé que al entrar y verme se descompuso, no supo nunca cómo decirme que no. Vio el currículo y no tenía por dónde negarse, pero me preguntaba constantemente “¿usted está seguro de que quiere trabajar acá?”. Al final de la entrevista, me dijo que volviera el viernes y que me presentaría a mi equipo de trabajo y discutiríamos el sueldo y el horario. Al otro día me llamó a las ocho de la mañana y me dijo: “Sabe, vamos a entrevistar a otra gente y después lo llamaremos…”. Nunca más supe de él. Yo sé que me discriminó. Ahora ya no pido pega, sino que me formo mis trabajos”, comenta Gregoire.

Esta acumulación de falta de oportunidades lo obligó a convertirse en un emprendedor. Hoy se dedica a dictar charlas motivacionales en empresas y a hacer clases en la universidad. Claudio se dijo a sí mismo “si el entorno no me da las posibilidades, no le voy a echar la culpa, seguiré sólo adelante”.

¿Cómo fue el proceso de comenzar a escribir el libro?
El 2003 estaba trabajando en el Centro de Investigación de la Facultad de Economía de la Universidad de Valparaíso, y había un grupo de columnistas que tenían un convenio con El Mercurio de Valparaíso. Mi jefe me propuso escribir sobre recursos humanos, le presenté algunos artículos y le gustaron. Los envió al diario y les encantó la forma como yo redactaba. Mauro Robles, editor de economía, me llamó para felicitarme y me dijo que tenía una gran virtud: desarrollar temas complejos con un lenguaje muy cotidiano. Paralelamente, me ofrecieron hacer charlas motivacionales, me pidieron contar mi historia para originar un cambio dentro de la empresa y para que sus trabajadores lograran cumplir sus metas. Pensé: bueno, si tengo un concepto y una historia potente y escribo relativamente bien, por qué no hacer un libro.

¿Te lanzaste sólo o contactaste a una editorial?
Bueno, mi sueño era presentar el libro en una editorial en Chile para que lo publicaran, que tuviese buenas ventas y hacer un lanzamiento en el extranjero, tras ser conocido en mi país. Fui a más de diez editoriales que me cerraron las puertas, me decían que no les interesaba. Lo que pasa es que acá hay muy poco tiraje y se dedican exclusivamente a vender libros de autores ya conocidos. Hasta que llegué a Urano, editorial que ha publicado libros como “Quién se ha llevado mi queso”, “El Código Da Vinci”, “El Secreto”, entre otras. Yo pensaba que no me iban a pescar, pero resulta que les gustó y lo enviaron a España. A los tres días querían publicarlo. En noviembre del 2008 lo publicamos en Barcelona, luego nos fuimos de gira por Madrid, EE.UU, México, Colombia, Uruguay y al terminar, lo hicimos en Chile.

Tú libro tiene dos miradas, una de crecimiento personal y otra de emprendimiento, ¿cómo crees que lo toma la gente?
El emprendimiento es una competencia y ésta es una habilidad que hace que nosotros hagamos cosas. El tipo que hace su empresa cumple ese sueño, pero es tan válido como cualquier otro. Había un compañero de universidad cuya hija nació sorda y le tuvieron que hacer una operación e introducirle un aparato para que escuchara.

Esta intervención era carísima. Lo que esos padres hicieron por esa niña para lograr obtener el dinero fue un tremendo logro.

¿Te consideras un ejemplo?
No, porque si yo me considerara un ejemplo sería especial y las cosas que yo he hecho nadie las podría lograr. Todo lo contrario, soy una persona tan normal como cualquiera, con mis defectos y virtudes.

Pero ¿estás orgulloso de tus logros?
Sí, estoy súper orgulloso de las cosas que he logrado y con el libro también. Si pudiera clasificarlo en vez de darle un argumento teórico o intelectual, diría que es un texto bonito de leer. Un periodista en España dijo que tenía ”Puede ser un gran día” en su velador, para leerlo varias veces, porque siempre uno va descubriendo más cosas.

Muchas veces dicen que cuando escribes un libro y es exitoso, tu vida profesional ha alcanzado la cima, ¿seguirás persiguiendo sueños?
Por supuesto, con mi libro quiero hacer un DVD de dibujos animados y seguir con el concepto del emprendimiento, pero tomándolo bajo otro punto de vista. Mi historia se está conociendo, pero quiero empezar a rescatar realidades de otra gente, ya sea conocidas o no, con dinero, pobres, etc. Porque hay historias súper bonitas en todas partes. Y si a alguien le hace sentido, yo me doy por pagado; la gracia no es vender copias, sino que a la gente le sirva.

 
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