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Entrevistas Actualidad Martes, 09 de Enero de 2007
Mahani Teave Williams, pianista
EL TALENTO Y TENACIDAD DE UNA JOYA MUSICAL
Por:  [ Ximena Farias ]
[ Opine ]
 

Esta es la historia de una pequeña niña, hija de rapanui y estadounidense, que se deslumbra a sus tempranos 9 años con el sonido del primer piano que llegaba a la Isla de Pascua. Su talento y perseverancia la han llevado a radicarse, a sus 23 años, en Estados Unidos, donde se perfecciona día a día para superarse en la profesión que la apasiona. En esta entrevista, realizada durante una gira que la trae de vuelta a Chile para un concierto en la USM, cuenta a Tell Magazine su travesía por el mundo de la música, una aventura llena de entretenidos condimentos que aún no termina de escribirse.

Es jueves y me reúno con Mahani en el Aula Magna de la USM. De figura delgada y voz suave, esta virtuosa de la música se acerca y pide disculpas de antemano por el cansancio que la afecta. “Disculpa si no seré muy elocuente con mis respuestas, pero llegué hoy por la mañana de Estados Unidos y estoy agotada”. Y es que Mahani es así, profesional, a tal punto que no deja pasar ni un día sin practicar en el piano que utilizará en su concierto. Entrevistarse con los periodistas de la región, es parte también de su labor.

¿Cómo se ha forjado tu personalidad con toda esta mezcla cultural que te ha tocado vivir?
No me es fácil responder eso, justamente porque me ha tocado experimentar, en estos años, mucha diversidad a mi alrededor. Partiendo por mi infancia en Rapa Nui, donde existe un gran respeto por la naturaleza, esa característica está en lo más profundo de nuestra cultura. Entonces mi primera formación está íntimamente relacionada con el respeto al medio ambiente, y por eso no entiendo por qué las personas prefieren las grandes ciudades de concreto antes que hacer su vida en contacto con la naturaleza.

Luego, cuando tuve que radicarme en Valdivia, me tocó vivir difíciles momentos, primero porque me tuve que acostumbrar al clima, pero sobre todo, porque no fui bien recibida por los niños del colegio. Los adultos que nos rodeaban se portaron fabuloso con mi madre, mi hermana y conmigo, incluso en la escuela me daban todas las facilidades para mis ensayos y presentaciones, que en ese entonces realizaba junto a Roberto Bravo. Pero los niños se burlaban de mí, de mi forma de hablar, del color de mi piel, además que justo en ese tiempo me pusieron frenillos, y fueron crueles con sus burlas. Los recuerdos que yo tenía de la Isla eran que allá todos te aceptan tal cual, nadie te molesta si eres gordo, flaco, o si usas lentes; hay respeto por quien eres, no por cómo luces, pero acá la cosa no es así, y me tocó vivirlo en Valdivia.

Pero no todo debe haber sido malo…
No, claro que no, aprendí una gran lección también. Mira, yo provengo de una familia cuya posición es lograr la independencia de Chile. Pero cuando llegué a Valdivia me di cuenta de que los problemas que han existido históricamente con los gobiernos y la isla no tienen que ver con la gente en sí. Yo me encontré con un apoyo muy grande, y me han ofrecido la posibilidad de seguir mi carrera a través de becas y otras instancias; esa de verdad fue una lección muy importante para mí, que venía con una visión más dura respecto de lo que ha sido el gobierno del país.

¿Y qué lecciones has aprendido con tu experiencia en Estados Unidos?
Yo llegué a los 19 años, y en el lugar donde vivía había otros jóvenes. Yo, que venía con esta amplia conciencia medioambiental, pasaba todo el día diciéndoles que no dejaran las luces prendidas, que gastaban energía y que no era por el dinero, sino porque esa energía era extraída de la naturaleza. Con esto te quiero decir que la cultura de ese país fue otro desafío para mí. Si bien en estos años no he cambiado mi esencia, sí he abierto mi mente a otras posibilidades de verdad, es decir, cuando naces rodeado de verdades absolutas propias de una cultura y conoces otras realidades, esas verdades se vuelven más flexibles, más relativas.

EL COMIENZO DE UNA HISTORIA

¿Cómo recuerdas ese primer encuentro con el piano?
La primera vez que vi un piano fue, aproximadamente, a los seis años en la casa de mis abuelos en Estados Unidos, porque mi abuelo lo tocaba. Fue así que me atreví a tocar algunas teclas, con la curiosidad de saber cómo sonaban, nada más. Unos años después, llegó el primer piano a Rapa Nui, cuando tenía nueve años, y lo traía la violinista alemana Erica Putney. Un día, sin ninguna vergüenza, toqué la puerta de su casa y le pedí que me dejara tocar el piano; yo no sabía mucho, pero comencé a tocar lo típico: “El rey Jacobo”. Luego de eso, le pedí a mi mamá que hablara con Erica para que me diera clases; ella al principio no quería, pero finalmente aceptó, pensando, al igual que mi mamá, que esto era sólo un capricho y que pronto me aburriría y me dedicaría a otra cosa.

Pero al parecer no era un capricho…
No, no lo era. Estaba tan concentrada en aprender que, como no tenía piano para practicar en casa, le pedí a una prima un órgano que estaba malo, que no tenía sonido, para ensayar dónde estaban las notas, así de comprometida estaba con aprender. Finalmente, Erica dejó que yo practicara en su casa.

¿Qué te enamoró del tocar piano?
No fue un amor a primera vista, debo decir. Toda actividad nueva que llegara a la Isla yo la tomaba. Pero quizás lo que me impulsó a seguir fue que con el piano nunca terminas de aprender, eso ya lo averigüé (risas). Cuando aprendí las notas, me fui a mi casa pensando que ya estaba todo listo, que ya sabía tocar piano, que podría interpretar lo que quisiera. Al día siguiente, cuando me pusieron una partitura enfrente, ¡uf! fue demasiado difícil, y cuando logré tocarlas, Erica me trajo otras con más dificultad, y así ha sido hasta ahora, un desafío constante.

¿Qué personas han sido claves en el desarrollo de tu carrera?
Sin pensarlo, mi mamá. Ella es la persona más importante, pues, para comenzar, dejó todo lo que tenía en la isla para traernos a mi hermana y a mí al continente en busca de oportunidades de educación y de reforzar nuestros talentos Lo que más admiro, es que lo hace sin buscar reconocimientos de ningún tipo, sólo porque nos ama.

¿Y los maestros que has tenido?
Mhhh, bueno Ximena Cabello en Valdivia fue muy importante, porque además de ser una excelente profesora, comprometida con entregar la mejor enseñanza, se preocupaba además de tu bienestar, y eso es escaso.

¿Qué ha representado para tu carrera la figura de Roberto Bravo?
Él es mi padrino musical, que se preocupó de mí desde que me conoció en un viaje que realizó a la Isla. Me escuchó tocar y le recomendó a mi madre que nos trasladáramos a Valdivia para que yo estudiara becada en el Conservatorio de Música de la Universidad Austral.
Por esos años me invitaba a sus presentaciones, donde me dejaba tener una pequeña participación, lo que sin duda me sirvió para conocer lo que era pararse en un escenario.

RAPA NUI EN EL CORAZÓN

Perteneces al pueblo Rapa Nui, orgulloso de sus tradiciones y cultura, ¿Cómo integras tus orígenes con la profesión que has escogido? ¿Tocando folclore en tus conciertos como lo hiciste en la embajada de Chile en Washington, por ejemplo?
Eso es algo que me mantiene la mente muy ocupada por estos días. Quisiera, por ejemplo, realizar arreglos de canciones tradicionales en piano y dar a conocer al mundo la música de la isla, pero lo único que me detiene es la falta de tiempo. Pero en verdad, la música de Rapa Nui, y la polinésica en general, me transporta cuando me siento agobiada; simplemente poner un cd cuando tengo pena o estoy cansada, basta para que me llene de otra energía, para que se renueve mi aire.

¿Y proyectos en la isla?
Siguiendo con lo que me preguntabas anteriormente, quisiera de alguna forma ayudar a todos esos talentos que están en la isla, y que son muchísimos en diferentes áreas, para que no se pierdan. No te imaginas la cantidad de talento que existe, pero lamentablemente, quizás por falta de apoyo de las familias y monetario también, los jóvenes optan por seguir una carrera tradicional o tomar otros caminos menos productivos, olvidándose de todo lo que pueden entregar. Eso es muy triste, no sé cómo puedo ayudar, pero en mi corazón está el querer modificar esta situación.

Pero existe una orquesta sinfónica juvenil en la isla…
Pero piensa que el profesor que está allá tiene grado en violín, y está enseñando no sólo ese instrumento, sino todos los otros. Entonces hace falta que vayan más profesores a enseñar, sé que él lo hace con su mejor intención, pero hace falta más ayuda, porque hay mucho talento que rescatar.

UNA CARRERA ASCENDENTE

Háblame de tu maestría en la Universidad de Cleveland
Mira, lo de la maestría no lo veo como un gran logro en este momento de mi carrera; eso es más que nada un papel, que te sirve claro, más adelante, cuando quieras buscar trabajo. Pero en este punto de mi vida, estoy preocupada de mejorar como profesional, y en ese sentido lo más importante son mis clases particulares con el maestro armenio Sergei Babayan, que es muy, muy exigente.

¿Muy exigente?
¡Ohhh sí!, muy exigente. Creo que hay pocos alumnos que no hayan llorado en alguna de sus clases, pero no porque él sea cruel, sino porque se preocupa tanto de la calidad musical que… ¡ay!, no sé cómo explicarte el ambiente que se da en sus clases, sólo te puedo resumir que es muy exigente.

¿En qué escenarios te ves tocando, hay alguno en especial donde te quisieras presentar?
La verdad es que no. Mira, lo bueno de un escenario son sus pianos, por eso me guío yo, porque hay lugares donde te presentas, que son muy bonitos, pero sus pianos no son los mejores. Si te presentas en un lugar muy famoso, lo más probable es que cuenten con un increíble piano, lo que significa que suene como seda, y haga lo que tú quieras. Yo he tocado pianos fantásticos, y cuando escuchas salir la melodía tal y como la tienes en tu cabeza, sientes que todo el trabajo realizado valió la pena, porque es un goce muy grande.

¿Cómo acercar la música clásica a la juventud, que al parecer la encuentran muy aburrida?
Es que yo les encuentro toda la razón.

¿Cómo dices?
Ja, ja, ja, no me mal interpretes. Les encuentro la razón porque quienes la interpretan lo hacen de una forma aburrida. Incluso a mí me ha tocado ir a conciertos donde me aburro. Esa es una responsabilidad que debemos asumir nosotros los músicos. Porque tampoco es un tema que tenga que ver con la música en sí, porque es bastante interesante y bonita, tiene que ver netamente con un tema de interpretación. Yo batallo con eso también, quiero que mis conciertos acerquen a toda la gente a la música clásica, lograr que mi interpretación mueva algo en sus espíritus.

¿Y cómo se logra eso?
Trabajo en perfeccionar la técnica, para que luego la interpretación fluya. Es como cuando debes aprender el abecedario, una vez aprendido, la poesía fluye sola.

¿Mahani, no te ha tocado que alguien se te acerque y te pregunte qué carrera quieres estudiar, creyendo que lo de la música es un hobby?
¡Sí!, muchísimas veces. Recuerdo que en varias ocasiones me preguntaban “¿Qué estás estudiando?” y yo les decía “piano”, pero te respondían “No, en verdad, ¿qué estás estudiando?”

Ahora las personas lo tienen más claro, entienden que el piano es mi profesión, mi vida, y que no lo cambio por nada.


 
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