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En la franja de la ladera precipitada, de meseta a mar, entre Reñaca y Concón, se emplaza la siguiente vivienda. La forma de ésta surge como oposición al horizonte (mar-cielo), siempre desafiante y referente, y con la brisa que se recoge desde el mar llegando fría a lo alto. Así se dispone un volumen claro en el centro, de fuerte presencia vertical, y que se contradice al horizonte y a la pendiente natural.
Por el frente que da hacia la calle vislumbramos un paralelepípedo de dos niveles, mientras que por su contra-cara existe un nivel adicional que es zócalo y continuación del mismo volumen superior. En la medida que nos acercamos, podemos reconocer que este cuerpo se resume en un par de muros perimetrales enfrentados que generan un vacío donde suceden las actividades diarias del habitar. Estas estancias sólo son interrumpidas por un eje de circulación que se trae desde la calle y que potencia la vivencia del largo interior.
Dos volúmenes adicionales han sido agregados a este espesor del habitar: por un lado la caja de escalera que se adosa a la fachada Sur, mientras que en la cara norte se mantiene suspendido un cuerpo destacado sobre el resto, con ventanales en sus tres fachadas y que sugieren que en dicho lugar habita el “capitán” de esta nave anclada.
El separar recintos de permanencia de los recintos de circulación, se asocia a que el movimiento se mide con el cielo, mientras que el habitar se mide con el horizonte (aberturas hacia el frente o hacia el cielo). La escalera luego se desprende del interior quedando ahora libre para poder acceder a la terraza en el último nivel. En esta instancia el vértigo nos rodea, la inestabilidad se refuerza con la brisa, la vistas se multiplican, y caminamos hacia un horizonte siempre en movimiento, hasta llegar a la terraza superior, donde nuevamente el horizonte lo domina todo.


El concepto de liviandad se lleva al extremo cuando vemos suspendido un cuerpo sin soporte inferior, y además se nos da la posibilidad de ver a través de él. No es un cuerpo ingrávido, sino que aparentemente “liviano”.
Desde la óptica del material, el hormigón indica lo vertical, mientras que la madera rescata lo horizontal, con la dirección del entablado y de las gradas.
Finalmente cabe mencionar que en la zona de acceso está el único elemento que recuerda la condición real del lugar, es decir, de la pendiente natural, a través del cerco que respetó la diagonal (ni vertical ni horizontal).
Esta vivienda rescata una condición geográfica privilegiada que se concreta más allá de los límites inmediatos del terreno, con un reconocimiento de las fachadas con mejor soleamiento, con un diálogo con el cielo y con la naturaleza en su encuentro con el mar, donde lo propuesto está en oposición a lo regalado (o entregado) y es en ello que reside el diálogo y el equilibrio.

Texto: Sacha Sinkovich, Arquitecto (ssi@felixark.no) Fotografías: Carlos Díaz H.
FICHA TÉCNICA: Arquitecto y Constructor: Ronald Johnson B. / Ing. Calculista: Guillermo Ovalle G. / Mandante: Ronald Johnson B. / Año de construcción: 2005-2006 / Superficie terreno: 360 m2. / Superficie vivienda: 136 m2 / Superficie terraza: 62 m2 / Ubicación: Las Agatas #245, Reñaca, Viña del Mar / Materialidad: Hormigón Armado (losas y muros), pino impregnado (tabiques y revestimientos), piso flotante, porcelanato, Ventanas de aluminio con termopanel.
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