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EDICIÓN | Julio 2013

Historia alemana viva en el puerto

Club Alemán de Valparaíso:
Por ciento setenta y cinco años, esta entidad se ha dedicado a ser enclave de actividades culturales abiertas a la comunidad, ligadas a la música, el cine y la literatura, entre otras, y cuenta con un restaurante y numerosos salones de eventos, destinados a la celebración de conferencias, matrimonios y otros festejos.
 

por Maureen Berger H. / fotografía por Vernon Villanueva y gentileza del Club Alemán de Valparaíso.

En un edificio hermoso, un verdadero palacio, cuya estoica arquitectura ha soportado varios terremotos desde el siglo XIX, se ubica hoy el Club Alemán de Valparaíso, presente de manera
ininterrumpida en nuestra región, desde 1838, y que ostenta el honor de ser el más antiguo de su tipo en Latinoamérica.
 
En su impresionante sede en Valparaíso, el Palacio Ross, que fue declarado monumento nacional en 1976, ingresamos al lobby principal, donde llama la atención Encabuzado, una enorme marina que representa el Paso de Drake, obra del pintor Michael Zeno Diemer, que data de 1920, y genera un interesante efecto óptico. De acuerdo con el ángulo en que se observa, cambia el rumbo en que va navegando el velero. Frente al óleo, la escalera central de este palacio nos hace imaginar los importantes personajes que alguna vez recorrieron este edificio, cuya historia conoceremos junto a Jan Karlsruher, presidente del Club Alemán de Valparaíso, que el recién pasado 9 de mayo celebró los ciento setenta y cinco años de esta entidad.
 
Casi doscientos socios y un directorio formado por siete integrantes Jan Karlsruher (presidente), Christian Bonert (vicepresidente), Juan Gamper (secretario), Oliver Weinreich (tesorero), Alexander Sessler, Alfredo Schilling y Carl Lessau (directores), están detrás de este histórico club, muy abierto a la comunidad porteña y que acaba de ser distinguido por la Municipalidad de Valparaíso como Patrimonio Cultural Intangible de Valparaíso.
 
 
JÓVENES FUNDADORES
 
Corría el año 1838, cuando un grupo de veintisiete jóvenes alemanes acordaron, en una casa en la Plazuela La Matriz, la formación de un club donde pudieran practicar teatro, lectura y música clásica. A poco andar, se fue convirtiendo en un centro de encuentro cultural y social, con actividades para la comunidad.
 
“Imaginémonos a los fundadores del Club Alemán no como unos caballeros solemnes de frac y cuello duro, sino como un puñado de hombres jóvenes, en su mayoría solteros, alegres y con unas tremendas ganas de realizar cosas. El ajetreo de sus quehaceres laborales se concentraba entre los días de la llegada y el zarpe de los barcos. En el intermedio les sobraba el tiempo. Y es así que se valieron de sus talentos y formaron un grupo que practicaba la lectura, el teatro y, sobre todo, la música clásica”, explica el presidente.
 
Luego el grupo creció y se cambió a una casa más amplia, en la Plaza Mayor, hoy Plaza Echaurren. Allí se realizaban una o más funciones de teatro por semana y conciertos musicales muchas veces a cargo de los mismos socios que eran brillantes músicos, tocaban varios instrumentos y poseían excelentes voces. “Con estos destacados talentos, se formaban coros a cuyos conciertos asistía la sociedad aristocrática de Valparaíso y también el almirante inglés Ross, lo cual llamaba la atención de la ciudadanía. No había nada mejor en ese entonces en Valparaíso”, dice Jan Karlsruher, y añade “tiempo después, el club se instaló en el mismísimo Palacio Ross”.
 
El edificio fue construido en el siglo XIX por el arquitecto Juan Eduardo Fehrman, por encargo de la acaudalada benefactora Juana Ross. “Cabe resaltar que este club se ha mantenido ligado a esta región de manera ininterrumpida. En todos estos años ha estado íntimamente ligado a la historia y a los destinos de la ciudad de Valparaíso, a su puerto, los cerros, a los porteños, las instituciones universitarias, estatales, gubernamentales y culturales, de distinta índole social”, puntualiza quien ocupa el cargo de presidente hace diez años.
 
 
RECORRIENDO LOS SALONES
 
Tal como en sus orígenes, en el presente la cultura es la principal fuerza convocatoria de este club que ofrece una amplia cartelera de actividades cada mes. En los distintos salones se organizan, de manera gratuita y en alianza con instituciones, conciertos de música clásica, de orquesta, piano o guitarra y coros; hay grupos de baile; de teatro; tertulias literarias; diálogos filosóficos y ciclos de cine alemán (el primer y tercer miércoles de junio y julio). “En el caso de las tertulias literarias, se juntan los intelectuales el primer martes de cada mes a discutir sobre algún libro que han leído todos. Hay un grupo de tango que ofrece clases y presentaciones. Las charlas filosóficas están a cargo de profesores y versan sobre las ideas de pensadores alemanes y europeos”, indica Karlsruher.
 
En el primer piso se encuentra el ya clásico restaurante del Club Alemán, en el cual de lunes a viernes —al almuerzo y a la once— no solo se puede disfrutar de cerveza (alemanas, nacionales y de cervecerías artesanales locales) y típica comida germana, sino también de una variada cocina internacional. “Si bien abrimos solo en días hábiles, en caso de eventos especiales para particulares y empresas, el restaurante y los servicios de banquetería funcionan también sábado, domingo y en las noches o en otros horarios durante la semana. Es el caso de matrimonios, aniversarios, fiestas de quince años, graduaciones, reuniones, seminarios, conferencias, con una capacidad máxima de cuatrocientas personas. Simultáneamente se puede hacer más de un evento, pues incluso tenemos un salón terraza techado y cerrado en el tercer piso, con todo el equipamiento de amplificación e iluminación”.
 
También en el primer piso, el Club Alemán tiene un tradicional y acogedor bar y un salón de juegos, en el cual hay entretenciones como pool, dardos, cacho, dominó, ajedrez y cartas. El Salón Rojo, para tomar un aperitivo y en una Sala de Lectura adyacente se encuentra un computador de última generación disponible para todos los socios, con conexión a Internet.
 
Ya en el segundo nivel, encontramos los salones más grandes y recién remodelados, el salón Bellavista y Salvador Donoso, destinados a eventos con capacidad de doscientas a trescientas personas; y salones medianos que son los denominados Juana Ross, Hamburgo y Kaiser. En todos ellos, cada año se organiza la celebración del aniversario del 9 de mayo; la Fiesta de Invierno en agosto; el Día de la Unidad Alemana el 3 de octubre y el Oktoberfest en el mismo mes (con música, bailes, comidas y bebidas alemanas), todos con alta concurrencia de público.
 
El salón de directorio cuenta con retratos del canciller Otto Von Bismarck; del kaiser Wilhelm II König Von Preussen y el vicealmirante Maximilian Reichsgraf Von Spee. La visita de este último quedó registrada en el libro de firmas del club, quien llegó victorioso a Valparaíso en 1914 —con la flota alemana— desde una batalla que tuvo lugar en Coronel.
 
Y en el tercer y último piso, otras instituciones chileno-alemanas tienen sus sedes, como la Corporación Cultural Chileno Alemana de Valparaíso, donde se imparten cursos de alemán; la Sociedad Alemana de Beneficencia y el Club Alemán de Excursionismo. Hay una biblioteca propia del club y otra de la Corporación Cultural Chileno-Alemana, con interesante material histórico.
“El Club Alemán, hasta el día de hoy, sigue siendo el centro social y cultural de encuentro más importante de la colectividad alemana en la región”, comenta finalmente Jan Karlsruher.

 

 

Tal como en sus orígenes, la cultura es la principal fuerza convocatoria de este club que ofrece una amplia cartelera de actividades cada mes.

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