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EDICIÓN | Mayo 2013

El enigma de otro mundo, John Carpenter

Por Maximiliano Mills, www.maxmills.com
El enigma de otro mundo, John Carpenter

Siempre he creído que la Antártida es el máximo escenario de cine de terror, y en El enigma de otro mundo (The Thing) esta suposición se consagra. Visitar la Antártica es terrorífico, partiendo por la atmósfera de indefensión en la que uno se desenvuelve. 

El equivalente a quedar atascado en una alcantarilla de ciudad aquí resultaría mortal debido a las temperaturas -0°. Y aquí toda la acción se desarrolla bajo la claustrofóbica sensación de estar atrapado puertas adentro. El enigma de John Carpenter (1982) es la segunda versión de la película de Howard Hawks, The Thing from Another World (1951). Las dos películas están basadas en la novela de John Campbell, Who Goes There? El fascinante contraste entre Hawks y Carpenter es que el primero jamás muestra al monstruo; en cambio Carpenter le otorga ilimitados cambios morfológicos, planteando la eterna pregunta ¿Qué provoca más terror, lo que se ve o lo que no?

La historia describe a los miembros de una estación estadounidense, quienes adoptan un perro Alaskan Malamute perseguido por unos científicos noruegos que intentan matarlo. Por la confusión, mueren los noruegos y el can es acogido en la base. Los estadounidenses deciden ir en helicóptero a la estación noruega buscando respuestas. La estación está destruida y sus ocupantes muertos. El misterio sobre lo ocurrido se instala en pantalla. Esa noche, el perro que era perseguido por los noruegos se transforma en una criatura indefinible, atacando a los otros perros. Los estadounidenses matan al engendro con un lanzallamas. La autopsia del cadáver descubre que la criatura es un ser extraterrestre con la capacidad de imitar cualquier forma de vida. Esto lleva a que los miembros de la estación comiencen a sospechar si entre ellos hay alguien más infectado. Nadie puede salir. Nadie puede huir. Nadie está seguro quién es humano y cuál es portador de un extraterrestre. Los estadounidenses regresan a la base noruega y llegan hasta un cráter que contiene una nave espacial. Deducido por las capas de hielo que circundan la nave estiman que se estrelló hace unos cien mil años. Modelos computacionales les predicen que si el virus del espacio sale de la Antártida, acabaría con la raza humana en unas semanas. Desde este momento, la base estadounidense y sus miembros se transforman en la primera, en la única y en la última línea de defensa para salvar y preservar a los humanos… ¡La inmolación de los protagonistas frente al virus/monstruo se puede respirar dentro del cine!

Aunque Carpenter es injustamente catalogado como el “rey del cine-B”, esta cinta tuvo un holgado presupuesto de catorce millones de dólares. Se rodó en cuatro meses entre Alaska, Los Ángeles y Canadá. Los efectos especiales (de avanzada para la época) contaron con la participación del maestro Stan Winston. Menos reconocido es el perro (para mí el gran actor de esta película), aquí Carpenter tuvo la astucia de contratar uno que tuviera solamente un entrenador. Solo así se explica la extraordinaria concentración que tuvo en las escenas donde, justamente, no debía actuar como un perro, sino como un alienígena preocupado por sobrevivir. Como una rareza, John Carpenter no compuso la banda sonora, encargándosela al italiano Ennio Morricone. Su música preservó el sello de Carpenter, manteniendo sonidos minimalistas apropiados para potenciar el misterio y la angustia que la historia va construyendo.

Creo que las grandes películas son las que contienen escenas descabelladas. Ver al cocinero bailando en patines dentro de la base, siguiendo el ritmo de Superstition de Stevie Wonder me cautivó por lo inesperado. Tuve que esperar diez años, y ser enviado a la Antártida por la FACH a tomar fotos en la base Teniente Marsh, para poder recrear esta escena (también bailando en patines dentro de sus instalaciones, a las 4 am). Si alguien me vio, debe haber pensado que estaba haciendo el ridículo. Yo por dentro estaba aterrorizado, pensando que a la mañana siguiente podría aparecer de la nada un perro extraviado en la Antártida…


"Aunque Carpenter es injustamente catalogado como el “rey del cine-B”, esta cinta tuvo un holgado presupuesto de catorce millones de dólares. Se rodó en cuatro meses entre Alaska, Los Ángeles y Canadá."

 

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