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Tell Magazine - El despegue
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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2012

El despegue

Julius Popper
El despegue

Cuenta la anécdota que Alfredo Lewin, el reconocido conductor de programas musicales, jurado del concurso Peugeot Music, que Julius Popper ganó, preguntó una vez: ¿con qué los alimentan en Concepción que sacan tan buenos músicos? Quizás esta respuesta nunca la sabremos, pero intentamos dilucidar algunas pistas a continuación.

Por Víctor Bascur A. / Fotografía Sonja San Martín D.

No era Tony Bennett, ni Ray Charles. No era el "Old blue eyes", ni Louis Armstrong. Pero algo de esa influencia había en las canciones que comenzaron a hacer ruido a finales del 2008. Algo de eso y, probablemente, bastante bolero, blues y jazz, un poco de swing que pasa por el rock tradicional y pedazos de todo lo que sonaba en la radio que los hermanos Venegas escucharon en el Collao de su infancia y que los marcó.

Años después, cuando esta entrevista se realiza en un conocido café del centro de Concepción, Julius Popper se consolida como una de las bandas más importantes de la escena penquista. En 2009 sacaron su primer disco, elegido por la revista Rockaxis, como el mejor LP independiente de ese año y, en 2011, ganaron, entre más de novecientos participantes, el premio Peugeot Music a la mejor banda emergente del país.

Hoy todos se dedican ciento por ciento a la música y eso es algo con lo que Alejandro Venegas -el vocalista de la banda que conforma junto a su hermano Patricio en el bajo, Sebastián Monreal en la guitarra, Mauricio Santos en el piano y coros, Jorge Arriagada en la batería y Antonio Novoa en la trompeta- siempre soñó. "Trabajé en todo lo imaginable antes de poder dedicarme a la música, que es lo que realmente me apasiona", cuenta Venegas, mientras recuerda, entre risas, sus tiempos como vendedor en una zapatería, cajero de banco y promotor de una marca de jugos en un supermercado, donde se vestía de azul y entregaba, mediante un equipo que simulaba las implementos utilizados por los cazafantasmas, un vaso de plástico, por un lado, y una manguera dispensadora de jugo, por el otro. Actualmente, además de liderar a Julius Popper, canta junto a Marlon Romero Trío e imparte clases de canto en la academia del consagrado jazzista.

<strong>LEONES DE COLLAO</strong>

A fines de la década de los noventa, Alejandro tenía diecinueve años y se juntaba con su hermano Patricio y un amigo en una sala de ensayo artesanal en Lomas Coloradas. Ahí, con guitarras de palo enchufadas a un equipo de música hogareño, experimentaban con una mezcla de sonidos que el propio Venegas define como indescriptible: "Éramos autodidactas y no teníamos conocimiento musical formal, nuestra escuela era lo que escuchábamos", comenta. Un año más tarde se integró un amigo que vivía cerca de su casa en Collao y que tocaba batería. Posteriormente sumaron a otro vecino, que tampoco había tomado clases, para que se hiciera cargo del teclado. Tres años después de esas primeras incursiones, se formó la columna vertebral de lo que hoy es Julius Popper.

"Hicimos una sala de ensayo en Collao y estuvimos encerrados tocando durante un año, aproximadamente. Nuestra primera tocata fue precisamente en el Parque Residencial Collao, frente a la Universidad del Biobío, y nuestro público eran vecinos, familiares y amigos, así que nos fue bien (ríe), pero luego de eso nos volvimos a encerrar porque todavía nuestro sonido no nos dejaba conformes", comenta Alejandro. Para un grupo que empezaba, presentarse en vivo, por muy pequeño y desconocido que fuera el lugar, era de una dificultad enorme. Venegas cuenta que tenían que ofrecerse en todos los lugares, comprometerse a llevar su propia amplificación y, al final, solo recibían como pago unas cervezas: "Lo que hacíamos también era organizar eventos donde pudiéramos tocar y así ir mejorando nuestra puesta en escena. Muchas veces esto era sin ningún permiso, la idea era presentarnos en vivo, lo demás era secundario", apunta.

<strong>ESO QUE ELLOS HACEN</strong>

Hay una escena en la película That Thing You Do, de Tom Hanks, donde el grupo de música que por esos días recién comienza su carrera, se encuentra de pronto con su canción en la radio. Algunos la oyen en el auto, otros integrantes de la banda la escuchan desde el personal estereo, pero finalmente todos se juntan en la tienda de electrodomésticos donde trabajaba el baterista, para poner una gran radio a máximo volumen con el hit sonando. El fragmento resume aquel instante en que los músicos entienden que los están tomando en serio y que lo que hasta entonces era un sueño, está cada vez más cerca de ser posible.

<strong>A mediados de 2007 comenzaron a sonar en la escena local, se habló de ustedes mucho más a menudo...</strong><br /> Empezamos a llamar la atención y nos contactaron más seguido para tocar en bares y eventos. Además, nos pagaban. Poco, pero eso era suficiente para darnos cuenta de que lo que estábamos haciendo iba en serio. En algún minuto de mi vida me aburrí de intentar ser una persona que iba a estudiar una carrera tradicional y me fui a inscribir a la Corporación Sinfónica para tomar clases de piano y guitarra. Un par de años después, dejé mis trabajos y comencé a tratar de hacerme un sueldo como músico con el dinero que ganaba por las tocatas. Además, en ese tiempo empecé a relacionarme con la gente del jazz, gracias a la Academia de Marlon Romero, y ahí se abrió la posibilidad de tocar con ellos también. Conocí a grandes maestros ahí, de los que aprendo hasta hoy.

<strong>Junto con las nuevas influencias que conociste a raíz de estos acercamientos, aprendiste a escuchar nuevamente las canciones que ya conocías...</strong><br /> Absolutamente. Hasta entonces yo conocía superficialmente muchos estilos, pero no había profundizado tanto ni explotado la voz como podía hacerlo. Y sobre todo, aprendí la disciplina que es necesaria para lograr pequeños triunfos en el mundo de la música. Esto requiere mucho esfuerzo, ahora lo sé y lo veo como un trabajo que, aunque me encanta, requiere de una constancia igual o mayor que la de un empleado tradicional.

<strong>¿Cómo compatibilizaron esa dedicación con las responsabilidades de cada uno?</strong><br /> Con las formaciones antiguas de Julius era más difícil porque no todos eran o querían ser únicamente músicos, entonces tenían que dejar trabajos para cumplir con nuestras tocatas. Por lo mismo, varios se tuvieron que ir, hasta que llegamos a la formación actual donde todos están dedicados a la música. De hecho, Jorge Arriagada y Sebastián Monreal hacen clases en la academia de Marlon Romero, y Mauricio Santos es profesor de música en el Colegio Concepción.

<strong>QUE LOS PREMIEN YA</strong>

En 2006, ganaron el Concurso de Bandas de Duoc UC, Región del Biobío. Un año más tarde, participaron en el Festival de Bandas de la Universidad de Concepción, donde obtuvieron el segundo lugar, para volver a competir y esta vez ganar en 2008. Pero el primer gran hito de Julius Popper vino en 2009 con la grabación del disco ¿Julius Popper? En él figuran canciones como Huke, que sonó durante muchas semanas en diversas radios nacionales, Señorita Moxchichilina, La innombrable y Que la maten ya, composiciones que han estado tocando en giras por Chile y Argentina.

<strong>¿Cómo es esta experiencia de andar tocando por diferentes lugares y convivir en la carretera con los integrantes del grupo?</strong><br /> Siempre ha sido un agrado. Tenemos la suerte de que somos muy buenos amigos, además de compartir esta pasión que es la música. Gracias a esto hemos podido viajar, presentarnos en grandes escenarios, como en el Teatro Universidad de Concepción, y conocer muchas ciudades. Andar de gira, además, es lo que siempre quisimos. Cuando yo trabajaba de corbata lo único que quería era hacer lo que estoy haciendo ahora, así es que no me quejo.

En el camino, la banda -que toma el nombre del protagonista de la novela El corazón a contraluz de Patricio Manns- se encontró con una invitación para presentarse en Argentina. Ahí ocurren dos historias: la primera tiene que ver con que iban a telonear a una banda trasandina que finalmente tocó primero que ellos. Una vez terminada su presentación, las personas se dieron vuelta, con poca confianza en el grupo de Collao, pero minuto y medio después de comenzado el show, la audiencia ya se había rendido a sus pies.

La siguiente historia es una de esas que los grupos atesoran con humor. Ocurre la mañana en que la banda debe volver a Chile y parte la noche anterior con el compromiso de que a las seis de la mañana todos debían estar listos para salir al aeropuerto, pese a la celebración post show de esa jornada. El acuerdo fue respetado y la banda llegó al aeropuerto, pero no al correcto. Estaban en Ezeiza y debían estar en Aeroparque. "El grupo lo atesora con humor", comenta Alejandro entre risas.

A los galardones antes mencionados, se suma el haber participado en el soundtrack de la película Terremoto en Chile 3:34 y el Premio Peugeot Music 2011, que los hizo adquirir un nuevo nivel de popularidad transversal, ya que por las influencias antes comentadas, a los Julius los escuchan personas de todas las edades e, incluso, Alejandro Venegas reconoce que tienen una deuda con el público "familiar", porque también deberían realizar presentaciones más temprano, a las que pudiera ir este tipo de fanáticos.

Lo que viene para Julius Popper es la publicación de su nuevo disco en marzo de 2012, del cual, incluso, les van a quedar canciones para un tercero. Por otro lado, siempre está la idea de consolidarse en escenarios más grandes. "Vivir en Concepción nos gusta mucho y queremos hacer las giras desde acá. Pero si el día de mañana, para poder dedicarnos a la música, tenemos que vivir en otro lugar, lo haremos con las mismas ganas", cuenta Alejandro.

Su viaje es por tierra o por aire y apunta lejos. Tiene que ver con grandes músicos e influencias, pero parte con una perilla de radio, esa que les cambió la vida a los hermanos Venegas cuando eran niños y que, tal como en el poema de Claudio Bertoni, siguen girando hasta hoy. A veces se encuentran con sus propias canciones, las escuchan un rato y se acuerdan de Collao.

<em><strong>"Esto requiere mucho esfuerzo, ahora lo sé y lo veo como un trabajo que, aunque me encanta, requiere de una constancia igual o mayor que la de un empleado tradicional".</strong></em>

 

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