Tell Magazine

Columnas » Cine Paralelo

EDICIÓN | Abril 2013

Cocodrilo Dundee

Por Maximiliano Mills www.maxmills.com
Cocodrilo Dundee

A mediados de los ochenta Australia comenzaba a notarse en el resto del planeta. De ser el país conocido visualmente solo por Skippy el canguro, Mad Max y la Casa de Ópera de Sydney, desde 1982 con la irrupción de Men at Work en los Grammy, su presencia en la cultura popular venía acrecentándose.

Pero sí se recuerda un antes y un después. Este ocurrió cuando el mundo se volvió más australiano, con el estreno global de Cocodrilo Dundee entre 1986 y 1987. Su cautivante abanico de imágenes y cultura australiana fueron de gran influencia en mi decisión final, cuando buscaba un país donde radicarme y que estuviera totalmente conectado con su entorno natural. Sus imágenes actuaron como un llamado y viví en Australia durante 1988, comprendiendo desde esos parajes inhóspitos lo que había gestado esta adorable película. Protagonizada por Paul Hogan, un conocido comediante local y la norteamericana Linda Kozlowski, es una comedia  de grandiosas texturas que permiten saltar fluidamente entre múltiples capas de apreciación. A ratos parece un western salvaje, o un discurso ecológico en terreno, o una visión metafísica de relacionarse con la naturaleza… y hasta una satírica visión de la vida en la gran ciudad. Pero Cocodrilo Dundee es ante todo, una de las más maravillosas historias de amor jamás filmadas, pues contiene un guión romántico cuya pulsación jamás decae en el corazón de los espectadores.

 

Al interior de Queensland llega la reportera norteamericana Sue Charlton, para realizar una entrevista a Michael Dundee, un legendario cazador de cocodrilos cuya fama llegó a la redacción del imperio periodístico de su padre. Desde su primer encuentro en una taberna queda claro que pertenecen a dimensiones totalmente opuestas, y aún así, uno intuye que lo improbable podría ocurrir. Ella contrata el habitual recorrido que Dundee le da a los turistas, internándolos en la peligrosa Australia de intrincados ríos rodeados de extraños paisajes, donde casi toda su flora y fauna pueden ser mortales. Aquí Dundee le despliega a Charlton un conocido guión que tiene como cúspide para los visitantes ver cómo encuentra y le da muerte a un cocodrilo. El derrotero está lleno de contrastes y divertidas anécdotas entre la citadina-indefensa y el salvaje-protector, donde la fascinación de la periodista es inversa a la indiferencia del cazador… hasta que ella decide invitarlo a Nueva York.

Aquí comienza otra película donde los papeles se invierten: ahora la citadina está segura en su entorno y el cazador totalmente descolocado ante los códigos de la urbe. La película nos provee de carcajadas cada vez que Dundee intenta desenvolverse en esta otra jungla, bajo sus reglas y siempre saliendo victorioso; desde cómo darse un baño de tina hasta no quedar en ridículo descifrando un menú en francés. Y aquí también surge la atracción de Dundee por esta mujer que se mueve con total dominio entre signos que él puede leer pero no manipular, hasta que finalmente el romance aflora.

Pero Nueva York tiene depredadores que incluso para Dundee son indomables, en especial, cuando se debe interpretar las futuras jugadas de un complicado ajedrez de nacionalidades, clases sociales y sueldos dispares. Aquí es cuando Cocodrilo decide regresar a su Australia salvaje pero acogedora. Y la película se transforma en una lección para cualquier mujer que no desea perder al amor de su vida: hay que mostrar tus emociones, ¡hacerlo en público y entre desconocidos! Y quedando totalmente vulnerable a recibir un no como respuesta… y lo extraordinario es que el escenario escogido es uno opuesto al más romántico ambiente en la historia del cine: una estación de metro en Nueva York.

Si algún productor o guionista pensó alguna vez que Cocodrilo Dundee crearía una fórmula replicable para construir comedias exitosas, se equivocó. De hecho la secuela no consiguió ni la mitad del éxito de la película original. Pero, reunirse con el amor de tu vida, en una soleada tarde, para volver a disfrutar esta divertida postal de la enigmática Australia de los ochenta, es rememorar diversión con valores sólidos… y recordar que en la vida no hay segundas oportunidades.

“El mundo se volvió más australiano, con el estreno global de Cocodrilo Dundee entre 1986 y 1987. Su cautivante abanico de imágenes y cultura australiana fueron de gran influencia en mi decisión final, cuando buscaba un país donde radicarme”. 

 

Otras Columnas

» Ver todas las Columnas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación1+8+1   =