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Tell Magazine - Las minas de carbón de Lirquén
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EDICIÓN | Marzo 2013

Las minas de carbón de Lirquén

Por María Inés Tirapeguy Ramos Direttora Regional Biobío Servicio Nacional De La Mujer
Las minas de carbón de Lirquén

A pesar de que, ya en el siglo XIX, el naturalista Darwin denosta la calidad del carbón costero, por todas partes surgen explotaciones, estimuladas por el auge de la navegación a vapor y las fundiciones de cobre.

Antes de que adquiriera fama el carbón de Lota, ya eran conocidos los yacimientos de la bahía de Concepción y más al norte. Así era desde los tiempos del gobernador García Hurtado de Mendoza, quien llegó a la isla Quiriquina en el invierno de 1557. Aunque la leña era escasa, cuenta el cronista Mariño de Lobera, y “la providencia del Señor es en todo tan copiosa... ha proveído a esta isla de cierta especie de piedras, que sirven de carbón y suplen totalmente sus efectos, y de éstas se sirvieron los nuestros para sus guisados”.

Hacia 1712, el viajero francés Amédée Frézier, que recorre la zona del antiguo Concepción de Penco, describe las excelentes minas de carbón, que se hallan a muy poca profundidad, pero que “los habitantes no saben aprovecharlo y están muy asombrados al vernos sacar de la tierra con qué hacer fuego”. A pesar de que, ya en el siglo XIX, el naturalista Darwin denosta la calidad del carbón costero, por todas partes surgen explotaciones, estimuladas por el auge de la navegación a vapor y las fundiciones de cobre.

En Talcahuano, Cerro Verde, Andalién, Lirquén y en Dichato, en efecto, se desarrolla una industria masiva, que atrae campesinos del interior y que impulsa la migración hacia la costa y al valle de Lirquén. Se levantan poblaciones, pabellones, muelles y aun el ferrocarril apura su llegada, para contribuir a estos emprendimientos.

Es el inglés Thomas Smith, en 1843, quien da inicio a la actividad extractiva en Lirquén, que se prolongaría por más de un siglo. La idea es fundir allí el cobre que su cuñado, Joaquín Edwards, trae desde el norte, motivando, a su vez, la construcción de un muelle importante. Junto a esta industria surgen fábricas de tejas y molinos, que son la base de una temprana industrialización.

En Cerro Verde hay también explotaciones, que ocupan a unas mil personas. En razón de inundaciones y otros problemas técnicos, sumados a la fuerte competencia de las minas de Lota y Coronel, se cierran en la segunda década del siglo XX, generando una gran pobreza. En Lirquén, en cambio, los piques se mantienen operativos por varias décadas más. Dan origen, a su vez, a la explotación del carbón en Cosmito.

La faena cotidiana era dura. Debían recorrerse kilómetros bajo tierra, a pie o en carros, hasta llegar a los puntos de extracción. Solo entonces empezaba a contabilizarse la larga jornada de trabajo. Con precarias lámparas y overoles de saco, había que atacar las paredes, para arrancarles el preciado combustible. Los riesgos eran enormes: derrumbes, descarrilamientos y el temido gas grisú, que estallaba en contacto con el aire.

La competencia de la minería en Arauco, la incorporación del petróleo y los riesgos de inundaciones determinaron el cierre definitivo de las minas de Lirquén. Ocurrió en 1958. Quedan todavía vestigios, al interior de las instalaciones de la empresa Puerto Lirquén. Sobre todo permanece en la memoria de los antiguos habitantes de este pujante sector de Penco.

 

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