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EDICIÓN | Marzo 2013

03:34

Por Maximiliano Mills / maxmills.com
03:34

Se acaba de cumplir el tercer aniversario del 27-F, lo que da la oportunidad de revisar la película chilena que oportunamente fue realizada con la tragedia muy reciente. Un gran amigo, que era una enciclopedia de cine, me dijo una vez que “no veía cine chileno” ¿Por qué?, le pregunté. “Los directores en Chile crecen mirando televisión, no cine”.

 Concuerdo plenamente y a mí no me conmueven esas intenciones de nacionalismo colectivo tipo “hay que apoyar al cine chileno”. Las películas son apátridas pero tienen la maravillosa cualidad de ser espejos históricos cuando una tragedia ocurre. En esta categoría entra 03:34.

Desde un principio se aprecia una producción con recursos excepcionales, actores reconocidos del país y el haber sido filmada en los lugares reales. Hasta la participación de Mateo Iribarren como guionista da confianza en la narración. Aunque sea en una tragedia, nos veremos reflejados en pantalla. Y el pulso narrativo se mantiene sostenido con fineza e incertidumbre hasta que comienza el terremoto, el que aquí es doble: Chile se viene abajo y la película también. Puedo asegurar que hay miles de guionistas que matarían por escribir una historia como 03:34 —la cantidad y variedad de hechos dramáticos verídicos acontecidos esa madrugada, da para filmar otras treinta películas similares— pero al parecer Iribarren lo vivió desde la remecida distancia Santiaguina que con suerte alcanzó intensidad de 6.8 Richter. Santiago no sufrió nada en comparación con los que vivimos en provincia y en el caso del guionista, se nota (esto explicaría la cómoda posición de los directores en la Onemi de no “darse la lata en dar el aviso de maremoto”).

Deben haber muy pocas películas que basadas en hechos reales, se hayan farreado una tragedia tan variada y conmovedora como este 27-F. Ya el solo testimonio de ese habitante del colapsado edificio Alto Río, que despertó dándose cuenta que “si mi edificio se fue de espaldas y está en el suelo, entonces todo el resto de Concepción debe estar también en el suelo” es suficiente para realizar diez joyas de películas tipo Infierno en la torre. La historia del matrimonio en la casa de playa de su suegro en Pichilemu, que decide regresar de inmediato a Santiago y el maremoto les arrebata dos de sus cuatro hijos; el pescador que estaba en la isla Orrego y el maremoto se llevó a su padre, a su hermano y a su hijo. La niña que apareció solitaria en el camping de Curanipe, pues su familia de seis personas había sido tragada por el maremoto; el bombero de guardia en Constitución cuando recibe la llamada del padre de su capitán y el no es capaz de comunicarle que fue aplastado por un muro; el alcalde de Pelluhue llorando en cámara entre los escombros de su pueblo o el “Puntito” de Robinson Crusoe, arrebatado del brazo de su abuelo por un maremoto que nunca les fue advertido por la indolencia. Todas historias reales, palpables, cercanas, de las que es imposible mirar para el lado y quedar sin lágrimas. Historias que serán repetidas por los nietos del futuro. Relatos que de positivo tienden a reafirmar cuánto nos necesitamos como vecinos y ciudadanos, además de asumir que vivimos en el país más sísmico del planeta. Pero 03:34 ignora estos diamantes de la realidad y es aquí donde hace su peor negocio. Presenta dos historias comunes: Una madre transformada en “zombie”, repitiendo durante trescientos kilómetros su única línea: “quiero ver a mis hijos” (mientras viaja a su encuentro desde Pichilemu a Dichato); y el reo que escapa de la cárcel de Chillán con la líbido recién activada, buscando saciarla al encontrarse con la “madre-zombie”. La tercera historia es del joven arribista que se financia su veraneo vendiendo cocaína en Dichato, la que resulta atrapada bajo cientos de kilos de ladrillos.

03:34 se agradece más como un honesto esfuerzo de retrato nacional bajo catástrofe. Pudo haber logrado bastantes cosas (sin duda una nominación al Oscar), si los productores hubieran descendido al Chile costero que fue mucho más afectado por un maremoto. Así esta película hubiera sido de antología. A veces no dejar la comodidad de tu torre en Santiago, tiene como resultado decirle adiós a la oportunidad de tu vida.

“Puedo asegurar que hay miles de guionistas que matarían por escribir una historia como 03:34, la cantidad y variedad de hechos dramáticos verídicos acontecidos esa madrugada, da para filmar otras treinta películas similares”.

 

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