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Tell Magazine - Sabor familiar
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Entrevistas

EDICIÓN | Agosto 2011

Sabor familiar

Andrés Gatica, empresario gastronómico
Sabor familiar

Dueño de Le Chateau, uno de los restoranes más prestigiosos de la ciudad; Jazz Restaurant y diversos servicios de comida y eventos, el empresario que hace cuarenta años se alejó del mundo maderero para derivar en la tradición culinaria, hoy enfrenta una nueva etapa de su vida, pero con las mismas ganas de conservar el carácter tradicional presente en cada uno de sus proyectos.

Por Víctor Bascur A. / Fotografía Sonja San Martín D.

Cuando a Andrés Gatica le dijeron que debía trasladarse a Concepción, a finales de los setenta, para seguir su trabajo en una empresa maderera, no sólo se estaba definiendo la ciudad donde cuarenta años después seguiría viviendo, sino que también se daba inicio a una historia donde conocería a su señora, tendría cuatro hijos y consolidaría uno de los restoranes más prestigiosos de la ciudad.

Era 1979 y Andrés entraba regularmente a almorzar al restorán Le Chateau, donde se reunía con clientes y comía con compañeros de trabajo. Le gustaba, cuenta, porque tenía un ambiente tradicional que lo marcó desde el principio. Pero en el fondo, hay algo más importante todavía: ahí conoció a Ariane Maira, su mujer.

"Ariane llevaba bastante tiempo ligada al mundo gastronómico y por ella y mi suegra, Pola Ratier, que falleció el año pasado, yo llegué a estos negocios", cuenta Andrés. Por aquella época, Pola le propuso hacer un restorán y así nació "El Parque", que estaba ubicado donde actualmente se encuentra el pub "Al Aire".

En 1981 comienza definitivamente su negocio gastronómico.
Exacto. Nos ganamos la licitación del local y de sopetón me encontré con que ya no era un sueño tener este emprendimiento y ahí me di cuenta en lo que me había metido. Al principio me asusté, era comenzar una empresa desde la nada, pero el tiempo demostraría que fue la mejor decisión. Entonces presenté mi renuncia a la empresa maderera, para dedicarme totalmente a este nuevo proyecto, pero no me la aceptaron al principio, así que estuve trabajando en los dos lugares por un tiempo, hasta que finalmente me encargué exclusivamente de El Parque.

¿Por qué se acabó?
Lo tuvimos casi nueve años hasta que perdimos la licitación, pero yo ya era dueño de "Le Chateau", porque se lo había comprado en el año ochenta y cuatro a mi suegra. Y con mi señora nos encargamos de administrarlo desde entonces.

¿Qué fue lo más difícil al principio?
Yo me dedicaba exclusivamente a la administración, hasta que me fui interiorizando en la cocina. Sobre todo fue fundamental el apoyo de mi suegra y de mi esposa, puesto que me enseñaron sobre el negocio, la cocina y lo importante de mantener el estilo familiar, cosa que conservamos hasta hoy. Actualmente sé bastante del tema e, incluso, cocino a menudo para mi familia o amigos.

 

 

 

CARTA FAMILIAR

Andrés Gatica y Ariane, más conocida como Nam Maira, tienen cuatro hijos, una de las cuales trabaja muy ligada al mundo gastronómico, pero sobre todo Roberto es quién está más cerca de estas empresas, trabajando con sus padres en el área de eventos privados en SurActivo o La Posada, por ejemplo, y también en la atención a socios del Casino Llacolén.

Ellos son parte de una familia orgullosa de sus tradiciones, tanto así que hace treinta y cuatro años que mantienen la misma carta en Le Chateau y desde 1994 son dueños de Jazz Restaurant. "En el caso del Chateau, hemos sido fieles a la tradición del mismo porque estamos convencidos de que la gente siempre quiere volver a comer la cocina antigua, por lo que apuntamos a gente que se atreve y quiere probar codornices, conejos, pato, etc., que antes eran más populares que ahora", comenta Andrés.

¿Y en el caso del Jazz?
Pese a que llevamos menos años, la tradición también es fundamental acá, partiendo por nuestro maître, Ramón Urrutia, quien lleva más de veinte años trabajando con nosotros. Siempre tenemos mucha variedad de mariscos, pescados y carnes, todo eso en un ambiente agradable donde nuestros clientes nos prefieren tanto para almorzar como para la cena.

Con diversos restoranes y eventos, ¿Cómo lo hace para ocuparse de todo?
Yo tengo la suerte de trabajar con mucha gente de mi total confianza, entonces de a poco he ido dando paso a que cada uno de ellos asuma más responsabilidades y me den la posibilidad de supervisar. En el caso del Chateau, está mi señora; en el caso del Jazz, está Jorge Gajardo. En Llacolén y los eventos está mi hijo Roberto. Entonces siempre estamos todos en todas partes, a pesar de tener una función definida. Incluso, siguiendo en la línea de conservar las tradiciones familiares, hemos integrado a sobrinos que estudiaron cocina y pronto mi hijo menor seguramente entrará al restorán.

¿Cuáles son las características que están presentes en todos los servicios que entregan?
Nos gusta mucho mantener el contacto con el cliente. A la gente le gusta ver a los dueños que estén involucrados, eso da confianza y, de hecho, cuando alguien hace una crítica nos preocupamos inmediatamente para darle una pronta solución. Como llevamos tantos años ligados al mundo gastronómico, la gente ya nos conoce e, incluso, si nos ve en el centro, nos hace comentarios, nos da consejos y felicitaciones (ríe).

Andrés comenta que es muy importante el ambiente que han generado en cada uno de sus inmuebles. "Al principio, en Jazz Restaurant se tocaba música en vivo, pero nos dimos cuenta de que la gente no podía conversar y, por diversos comentarios de ellos, decidimos dejar de hacerlo, con una gran respuesta de nuestros clientes. Además, siempre estamos pensando en la decoración y en qué cosas podemos mejorar. Actualmente, por ejemplo, estamos viendo renovar la mantelería".

¿Ha escuchado decir que muchos piensan que Le Chateau es uno de los mejores restoranes de Concepción?
Sí y me llena de orgullo porque trabajamos mucho para lograrlo. Fueron muchas noches sacrificadas, como antes señalé, y tuvimos que privarnos de muchas cosas también. Sin embargo, creo que pudimos reunir una serie de características que la gente prefiere y que aunque pasen los años, muchos van a seguir prefiriendo.

Los restoranes son conocidos porque con el paso de mucha gente por ellos, más de alguna anécdota dejan, ¿recuerda alguna?
Sí, cuando todavía teníamos "El Parque" mucha gente nos comentaba que no iba al Chateau porque era muy caro y que por eso prefería este otro local. Yo, que llevo muchos años haciendo todas las cartas de los diferentes restoranes, sabía que eso no era cierto, porque los precios eran los mismos y les decía que fueran al Chateau, que pidieran lo mismo que en El Parque y que si la cuenta era mayor yo se las pagaba. Ahí recién se daban cuenta de que estaban equivocados. Hoy día pasa lo mismo, mucha gente cree que el Chateau es más caro, pero las cartas en cuanto a comidas tienen los mismos precios.

 

TRADICIÓN PARA EL FUTURO

Pese a que no están interesados en buscar otros rumbos, Andrés deja entrever la posibilidad de instalar un restorán en San Pedro de la Paz, aunque señala que antes de tomar cualquier decisión la analizan muy bien. Su hijo, Roberto Gatica, incursionó con el conocido restopub Tribalto que se derrumbó durante el terremoto y eso también ha influido en que las decisiones tomen un poco más de tiempo.

"El día del terremoto teníamos un matrimonio en La Posada y afortunadamente todos estuvimos en nuestra casa temprano. Sin embargo, nos golpeó fuerte el 27F, nos costó mucho pararnos y estuvimos tres meses sin atender público recuperando nuestra infraestructura, acondicionando el lugar, buscando la mejor manera de enfrentar este nuevo escenario", apunta Andrés Gatica.

¿Actualmente, cómo ve el escenario donde ustedes y sus negocios se desenvuelven?
La competencia ha subido enormemente y eso me gusta, porque nos obliga a hacer bien las cosas y a mejorar todos los servicios para que la gente nos prefiera. Además, si bien todavía estamos en un minuto económico difícil, lo estamos superando de a poco como sociedad y se vislumbran buenos años.

¿Le gustaría que su negocio estuviera presente durante muchos más años en el Gran Concepción?
Claro que sí. Ojalá que este negocio se conserve por muchas generaciones y que lo que nosotros consolidamos con Nam y mi suegra Pola, pueda seguir entregando un servicio de primer nivel por mucho tiempo más. Si bien creo que con mi mujer nos vamos a alejar nunca y siempre entregaremos nuestra voz de experiencia, cada vez estamos dejando más espacio a la familia para que vayan interiorizándose en este mundo. Y por el momento, tenemos la suerte de que lo han hecho muy bien.

"Nos ganamos la licitación del local y de sopetón me encontré con que ya no era un sueño tener este emprendimiento y ahí me di cuenta en lo que me había metido. Al principio me asusté, era emprender una empresa desde la nada, pero el tiempo demostraría que fue la mejor decisión".

 

 

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