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EDICIÓN | Febrero 2013

2012

Por Maximiliano Mills/maxmills.com
2012

Por un asunto de fecha de cierre, esta columna de “Cine Paralelo” no pudo aparecer justo antes del fatídico 21 de diciembre de 2012, más conocido como “El Fin del Mundo Maya”. Y será mi única columna donde, efectivamente no estuve en uno de los lugares donde se filmó la película, pero… ¡sobreviví al holocausto maya! (y creo que esto me entrega la licencia para comentar).

El 2 de mayo de 2009, viajando en mi auto por Argentina, comenzaba a remontar la cordillera hacia Uspallata, cuando decidí recoger a un mochilero que hacía dedo. Dentro del auto, este guerrero-del-arcoíris-polaco se transformó en la primera persona que me habló del “fin del calendario maya” y del “cambio de conciencia” que se aproximaba. O sea, por realizar una buena acción estuve viviendo con algún grado de expectación durante exactos ¡tres años y siete meses!.

Al enterarme que, a fines de 2009, el alemán Roland Emmerich estaba filmando una película llamada 2012, decidí negarme a gastar dos horas de mi vida y $3.900 en algo tan banal y predecible, que no aportaría nada nuevo a la teoría maya, y que más allá de ser cine, lo percibía como un casa-bobos filmado. Cuando supe que 2012 había sido escogida entre las tres peores películas de ciencia-ficción de la historia, me sentí aliviado. Pero cuando la vi por primera vez en la TV por cable, ¡me quise dar con una piedra en la cabeza por haber perdido mi oportunidad de ver esta magna producción en la pantalla gigante!.

2012 posee una historia y un diseño de producción monumental, y ya por estos factores merece ser respetada. Su presupuesto fue holgado y se notan los millones en la contratación de actores de primera línea, en un guión sólido (y creíble), y en reclutar a los mejores estudios de efectos generados por computadora. La paradoja —o la maniobra maestra de los productores— es que no se nombra y ni siquiera es citado el calendario maya como referencia apocalíptica. El holocausto geológico del planeta ocurre cuando una enorme erupción solar crea neutrinos mutantes que elevan la temperatura de la corteza terrestre, haciendo que esta se derrita para finalmente crear un nuevo orden topográfico. Un año más tarde, los países del G-8 se embarcan en un esperanzador proyecto ultra secreto para tratar de mantener la presencia de la raza humana sobre el planeta: más de doscientas mil personas se han seleccionado para abordar tres insumergibles mega-arcas de Noé, que ya están siendo construidas en el lugar más inaccesible del Tíbet. Los primeros pasajeros son escogidos en base a su conocimiento y su aporte futuro a la humanidad. Los restantes “afortunados” podrán abordar —y financiar— las tres arcas pagando un pasaje que tiene un valor de mil millones de euros por persona.

Las elaboradas escenas donde se muestra el caos, el pandemonio y el holocausto que sufre nuestra pequeña esfera azul llamada “hogar” ¡son descomunales! y observadas con la sintonía apropiada, te hacen abandonar por instantes una película más de catástrofe, para enfrentarte con la que es, probablemente, nuestra mayor pregunta existencial: ¿Qué harías si todo se derrumbara? ¡De verdad! ¿Qué harías? En el caso de 2012 hablamos de ¡t-o-d-o! Todo Los Ángeles se hunde en el mar, el parque Yellowstone explota, Las Vegas se va al fondo de una grieta, el monte Everest deja de ser la montaña más alta y Hawái regresa a su estado original de lava incandescente.

Creo que al escultor del calendario maya solo se le acabo la piedra. El 21/12/2012, justo a la hora del colapso, estaba en mi sesión con el kinesiólogo y no acaparé agua ni alimentos. Hoy día nadie, ni la ciencia más avanzada, puede predecir “tres días de oscuridad” con tal exactitud dentro de un ciclo planetario de ¡4.600 millones de años! Es certero reírnos ahora de los agoreros de quinta categoría que anunciaron catástrofes para llenar su ego y sus bolsillos. Pero sí recomiendo volver a ver 2012 bien arropado junto a un café en una tarde otoñal, agradeciendo lo que tienes y disfrutas. Nunca se sabe. El fin del mundo podría llegar mañana...


“2012 posee una historia y un diseño de producción monumental, y ya por estos factores merece ser respetada. Su presupuesto fue holgado y se notan los millones en la contratación de actores de primera línea, en un guión sólido (y creíble), y en reclutar a los mejores estudios de efectos generados por computadora”.

 

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