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Entrevistas

EDICIÓN | Enero 2013

Hermandad de la laguna

Hermanos Abraham Schussler, remo
 Hermandad de la laguna

No es raro que en una familia todos se dediquen a un mismo deporte. Lo que no es recurrente es que se trate de cuatrillizos, todos proyectándose a nivel nacional en el remo y acumulando medallas en sus respectivas series.

 

Por Érico Soto M. / fotografía Claudio Rodríguez S.

Melita Schüssler, la madre de la familia, en su juventud fue deportista. Destacó en el lanzamiento de la bala y el disco, llegando incluso a ser medallista sudamericana de atletismo. Con esa vitalidad y su desempeño como profesora de Educación Física, vio crecer a sus cuatrillizos: Antonia, Alfredo, Ignacio y Melita.
Los hermanos Abraham Schüssler, de raíces árabes y alemanas, se han ganado un nombre en el deporte que eligieron: el remo. Desde pequeños, todos acudieron a la laguna para subirse a un bote, y aunque no existe una prueba que le permita a los cuatro competir juntos, en diferentes modalidades y embarcaciones han obtenido triunfos para el deporte regional y nacional.

Aún no cumplen dieciséis años y cursan primero medio en el Colegio Alemán de Concepción. Alternan los estudios con los entrenamientos, pues coinciden en que se trata de una disciplina que requiere de una dedicación constante para conseguir resultados. Y para eso, el sacrificio es fundamental.

Fueron protagonistas del último torneo nacional, realizado en Valparaíso, donde Melita y Antonia se titularon campeonas nacionales en las series menor y juvenil, mientras que los varones alcanzaron el segundo lugar en la serie Cadete A, en la modalidad cuatro sin timonel. La mejor actuación de todos ha sido la de Melita, medallista de plata en el último Campeonato Sudamericano, realizado en la Laguna Curauma.

Los podios y medallas jamás han estado lejos, y así lo han demostrado a través de las categorías transitadas y tipos de embarcación que han tripulado en sus cortos años. Las hermanas compiten codo a codo con rivales mayores, venciéndolas muchas veces, pues participan en la serie para remeras de diecisiete y dieciocho años. El año pasado, ya habían alcanzado figuración internacional al alzarse como subcampeonas sudamericanas.
Todos adoran el deporte y cada día se dan cita en el Club de Regatas Miramar, a un costado de la Laguna Grande de San Pedro de La Paz, para mejorar sus tiempos en cada regata, en botes que van desde el single al cuádruple par. Un camino largo que recorren a buen ritmo.

"Hasta cuarto básico practicaron atletismo, que fue la disciplina que yo les inculqué. Una vez un amigo me ofreció que Ignacio remara con su hijo, y él se interesó, al igual que los otros tres. Empezaron a entrenar inmediatamente y nunca más se retiraron", cuenta la orgullosa madre, que también debió cambiarse de deporte ante la inclinación de sus hijos.

Los cuatro han andado muy bien desde pequeños, siendo campeones nacionales desde las series alevines. Eso sí, las dos niñas llevan la delantera, en parte porque el género ofrece una exigencia diferente, además de una cantidad menor de practicantes.
"Una mujer de quince años es más parecida a una de diecisiete o dieciocho, por lo tanto es capaz de dar pelea siendo más pequeña. En cambio, en los niños, se nota mucho más, por la fuerza, musculatura y experiencia”, agrega.

Todavía les queda un año en la serie cadete y hay varios récords a la vista. Luego, en tanto, vienen desafíos mayores, ante los cuales ya hay pasos dados con firmeza, pues han competido exitosamente en escenarios locales y extranjeros.

“A veces también juego básquetbol, pero el remo es mi deporte ahora”, cuenta Ignacio, el más alto de todos (un metro ochenta y ocho). Alfredo, con un metro ochenta, se perfila en embarcaciones ligeras y no siempre comparte paladas con su hermano: “Estamos un poco disparejos para remar juntos. Todos tenemos nuestras metas. A mí, por ejemplo, me gustaría ser el mejor de Chile”.

Entre las niñas, los objetivos son igual de grandes, aunque cuentan con la ventaja de haber alcanzado antes los primeros puestos en las regatas iniciales, lo que les valió incluso representar al país.

“Los cuatro remamos siempre juntos, aunque no en los mismos botes. Creo que todavía nos queda mucho por aprender", señala Antonia, mientras que Melita agrega que "hay que sacrificarse para lograr resultados. Hay que dejar las fiestas y muchas cosas de lado, para poder levantarse temprano y salir al otro día a entrenar".


EN LA LAGUNA GRANDE

El Club de Regatas Miramar es el único de la decena de agrupaciones penquistas de remo que posee su sede en la Laguna Grande de San Pedro de La Paz. Justamente, ese espejo de agua es el escenario de entrenamiento de los bogadores, donde cada día deben hacer frente al viento para seguir buscando el perfeccionamiento.

Bajo las instrucciones del entrenador Gonzalo Álvarez, los cuatrillizos Abraham Schüssler han posicionado rápidamente a Miramar dentro del mapa remero nacional, aportando con una parte considerable del contingente, además de medallas en cada competencia.

"Entré a la directiva, a pesar de que nunca me acerqué antes al remo, pero los niños me llevaron a cambiarme de deporte. Pero estoy feliz, porque se trata de una disciplina muy completa. Es un club pequeño, al cual la familia aporta un amplio porcentaje, con cuatro remeros y un dirigente", señala la madre.
Miramar se formó en 2008 a través de un grupo de ex remeros de distintos clubes, como Deportivo Alemán, Centro Español y Canottieri Italiano, que quisieron tomar un camino diferente, dando vida a una nueva agrupación que se instaló en la Laguna Grande.

Los cuatrillizos entraron cuando el club se creó, por lo que valoran el crecimiento logrado, así como el cariño y la vida familiar que existe en el grupo, que se incrementa en cada expedición y competencia en equipo.
"A veces acá hay más viento, no sé si más que en otros lados, pero de todos modos hay que entrenar todos los días", cuenta Ignacio. Antonia destaca que "todos nos conocemos y somos amigos, lo que es positivo, porque muchas veces competimos como equipo".

La particularidad de estos cuatro hermanos que comparten una misma pasión no pasa desapercibida en cada regata en que participan. Deportistas y dirigentes ya los reconocen, mientras que la curiosidad de medios locales les ha valido artículos de prensa en Valdivia y Mendoza.
Finalizando el 2012, fue Melita Abraham la que alcanzó mayores condecoraciones, con presencia en la selección y experiencia a nivel preolímpico. Ella se proyecta con ambición en este deporte. Sueña con algún día sacar pasajes a unas olimpiadas.

"Para mí, lo más importante del año fue el sudamericano, porque quería llegar y lo cumplí: clasifiqué y salí segunda. Vino el nacional una semana después, donde competimos con mi hermana y salí primera en las dos pruebas que competí. ¿Si acaso lo esperaba? Con el entrenamiento, pensaba que podía obtener frutos", comenta Melita, la más menuda del grupo (1.70mts.).

Los cuatro terminan de entrenar y sacan las embarcaciones de la laguna. Su progenitora los mira desde la casa de botes, advirtiéndonos que todos son totalmente distintos: carácter, físico, amistades... "Todo es diferente, pero aunque son independientes, también son muy unidos entre ellos", confiesa la madre, agregando que "me encantaría que hubiera una regata mixta para que compitieran los cuatro. Me gustaría ver qué pasa".


“Los cuatro remamos siempre juntos, aunque no en los mismos botes. Creo que todavía nos queda mucho por aprender", Antonia Abraham.

 

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