Tell Magazine

Reportaje » Reportaje

EDICIÓN | Septiembre 2012

Medio siglo de tablas para el Norte

Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta

Nuestra capital regional es, hoy en día, una de las plazas importantes en la actividad teatral a nivel nacional. Su historia está íntimamente ligada a un movimiento de insospechadas consecuencias, promovido por el premio Nacional de Arte, Pedro de la Barra García, quien impulsó el teatro en regiones, especialmente en Concepción y Antofagasta. De la Barra cambió para siempre la historia del teatro en Chile, al ser el gestor de uno de sus hitos fundamentales: el nacimiento del Teatro Experimental de la Universidad de Chile, en 1941.

Texto y fotografías Archivo Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta / Agradecimientos a Alberto Olguín.

La Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta, como es conocida actualmente, remonta sus orígenes al año 1962, cuando nació como Teatro del Desierto. Los primeros montajes fueron Pacto de media noche de Isidora Aguirre y El pastel y la tarta, una farsa anónima del siglo XV. Había asumido entonces como director del Centro Universitario, Raúl Bitrán Nachary.

En ese tiempo, Pedro de la Barra, conocido como el creador del Teatro Universitario de Chile estaba en Arica organizando una escuela de teatro cuando recibió una invitación para visitar Antofagasta junto a Carlos Núñez, maquillador que luego se quedaría muchos años trabajando en la Compañía de Teatro de Antofagasta, y Mario Tardito, escenógrafo.

De la Barra llegó a Antofagasta en julio y tras conocer a quienes participaban en el Centro Universitario Zona Norte, decidió quedarse a asesorar al grupo hasta el estreno. “Sus cejas gruesas llamaron nuestra atención, su presencia infundía respeto, un cigarrillo colgaba de su mano. Fuimos presentados uno por uno y luego comenzamos a mostrar un ensayo de las obras que estábamos preparando”, recuerda en una entrevista realizada, en 1992, la actriz Teresa Ramos, una de las fundadoras de la compañía.
Fue tal el éxito que Raúl Bitrán pidió personalmente a Pedro de la Barra que fuera el director del Centro Universitario. El maestro y su equipo se radicaron en Antofagasta con el objetivo de lograr la profesionalización del grupo.

Vino El mancebo que casó con mujer brava, de Alejandro Casona, que fue llevado a escuelas, auditorios poblacionales, viajaron a Mejillones y a las oficinas salitreras de María Elena y Pedro de Valdivia. También se presentó El pastel y la tarta en el festival de teatro organizado por el Sindicato Industrial Obrero de Mantos Blancos.

En marzo de 1963 se creaba la Sección Teatro del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile, sede Antofagasta, que ayudaba a mantener monetariamente a la compañía y la comunidad antofagastina cooperaba donando materiales, vestuarios y utilería. Se estaba cumpliendo un sueño de De la Barra: “Desarrollar el teatro chileno en las provincias”.

Nació el Departamento Artístico de la Universidad de Chile, sede Antofagasta. En 1965 se contaba con un elenco estable dedicado plenamente al proceso creativo. Se ensayaba en Condell #2495, ex Escuela Nº 2 de Niñas, y se hacían funciones en la Sala de Teatro Empart.

LA NUEVA ERA

Con el golpe militar vinieron varios cambios en la estructura académica en la universidad. Se suprimió definitivamente el Departamento Artístico y los fondos otorgados por las leyes pasaron al presupuesto general de la universidad. Eran tiempos difíciles. En 1974 sucedería lo más doloroso e inesperado para la compañía. Se le imputaba a Pedro de la Barra hacer uso de su cargo de director para fines políticos. Pedro se defendió respondiendo que él jamás, por ética, haría un mal uso de las artes escénicas. Esto, sin embargo, no sirvió de nada y el 19 de abril de 1974 se le aplicó la sentencia de “Petición de Renuncia”.
Asumió entonces Boris Stoicheff como director. Montaron Yerma, de Federico García Lorca, y En aquellos locos años veinte, una adaptación realizada por Isidora Aguirre. Posteriormente, Stoicheff renunció por algunos problemas internos. Quedó entonces un binomio directivo formado por Omar Galarce, como director artístico, y José Santander, como director administrativo.

En una gira en Iquique, en 1978, justo antes de estrenar, reciben la noticia de que Pedro de la Barra murió en Venezuela. Rindieron homenaje con un minuto de silencio antes de la función, y comenzaron. Tal como les enseñó el maestro, “el show debe continuar”.

En 1978, Omar Galarce renuncia a la compañía y asume el cargo de director Ángel Lattus, con lo que se inicia una nueva era. En el transcurso de 1979, 1980 y 1981 se integran nuevos actores: Jorge Jordá, Carlos Farías, Raúl Rocco y Gimena Cancino, revitalizando el nunca decaído entusiasmo de “los veteranos”.

LA ERA LATTUS

Ángel Lattus, ícono del teatro del norte, asume la dirección de la compañía en 1978 y se mantiene hasta el 2005. En su período, la compañía mantiene una prolífica producción de un promedio de tres montajes anuales, en los que se combinan comedias, obras de autores nacionales, obras infantiles, creaciones propias y clásicos universales.

Las direcciones artísticas se alternaban entre Lattus y Teresa Ramos, además de algunos directores invitados. Es un período de grandes logros y transformaciones. De hecho, en 1981, la fusión de las universidades de Chile, sede Antofagasta, y la Técnica del Estado, da origen a la actual Universidad de Antofagasta, encabezaba por el rector designado Tulio Vidal, oficial de Aviación, quien, contrariamente a lo esperado, apoya a la compañía, adecuando la sala de ensayos de la agrupación y convirtiéndola en un teatro, la actual sala “Pedro de la Barra”, casona del siglo XIX, situada en el centro de la ciudad, y que hoy es símbolo del movimiento teatral nortino.

Durante veintisiete años, Lattus luchó contra la indiferencia de algunas autoridades universitarias. Aun así, la compañía siempre ha estado rodeada de gente joven invitada a sus montajes, que nace de los semilleros formados en los talleres que imparten los profesionales en diferentes instancias. Lattus es, junto a Teresa Ramos, el impulsor del Encuentro Internacional de Teatro Zicosur Pedro de la Barra, que lleva, hasta hoy, catorce versiones. Es un festival que se realiza entre el 6 y el 12 de enero de todos los años y que reúne a compañías de todo el Conosur latinoamericano y de Santiago, Valparaíso, Concepción y Puerto Montt.
El año 2005, a raíz de su jubilación, Lattus deja la dirección, por lo que ocupó su lugar el joven y talentoso creador, formado en la misma compañía, Alberto Olguín Durán, quien se desempeña en ese cargo hasta el día de hoy. Lattus, gracias al reconocimiento de su trayectoria y de su vigencia actoral, sigue formando parte del elenco estable de actores.

Olguín ha impuesto un nuevo aire en la compañía, creando lentamente un estilo que conjuga su espíritu con nuevas propuestas, en donde la acción permanente, la visualidad y el aporte tecnológico son parte esencial de su comunicación.

EN PARALELO, OTRA VEZ

La posibilidad de estudiar profesionalmente teatro se da solo en Santiago. Varias generaciones ligadas de una u otra manera a la compañía, parten a la capital y, a partir del 2005, comienzan a regresar algunos, inquietos y potenciados.

Esto da origen a un nuevo y renovado movimiento teatral en la ciudad, paralelo al de la Compañía “madre”. Nacieron importantes grupos como La Favorecedora, encabezado por la actriz Arlette Ibarra; Teatro Arlequín, comandado por Teresa Ramos, discípula directa del maestro de la Barra y que luego de su jubilación de la CTUA, creó su propio grupo que aporta en forma importante al desarrollo del teatro en la región.

También destacan Colectivo La Sicaria, proyecto dirigido por Marcelo Salinas, actor profesional, quien incursiona en el formato del teatro container; La Huella Teatro, de la conocida actriz y productora Alejandra Rojas, quien ha desarrollado una interesante búsqueda de temáticas enraizadas con la etnia nortina. Y en el año 2007-2008, en el mismo seno del teatro de la UA, surge el Teatro Joven. Existen más agrupaciones, pero las nombradas tienen la característica de que sus líderes son antofagastinos que fueron a Santiago a profesionalizarse y volvieron para entregar su sabiduría a los suyos, además de haber estado ligados, de una u otra manera, a la Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta, que ha sido la casa matriz de la acción teatral en el norte de Chile.

La Compañía de Teatro de la Universidad de Antofagasta es el mejor ejemplo de que cuando una iniciativa artística tiene el apoyo incondicional de una entidad seria, como una universidad, puede llegar a convertirse en un aporte fundamental en el desarrollo cultural de una sociedad. Pero ello no ocurre por azar; hace falta la conjunción de factores vitales. En este caso, Pedro de la Barra y todo un conglomerado de gente de teatro que, a través de la historia, ha aportado a fortalecer este arte y a convertirlo en una necesidad del espíritu en el árido y agreste desierto nortino. Larga vida al teatro.

En una gira en Iquique, en 1978, justo antes de estrenar, reciben la noticia de que Pedro de la Barra murió en Venezuela. Rindieron homenaje con un minuto de silencio antes de la función, y comenzaron. Tal como les enseñó el maestro, “el show debe continuar”.

 

Otros Reportajes

» Ver todas los Reportajes


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación7+6+3   =