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EDICIÓN | Septiembre 2012

Rapa Nui

Por Maximiliano Mills / maxmills.com
Rapa Nui

Esta película puede ser considerada hasta ahora la única y verdadera “súper producción hollywoodense” realizada en territorio chileno. Al mismo tiempo, debe ser uno de los mayores fracasos en la historia de Hollywood. Se estima que un presupuesto de US 24 millones solo dio ganancias por US 307.000 en Estados Unidos.

Además, debe ser una vergüenza nacional por haber permitido que se transformara en una sala de filmación nuestra mayor riqueza turística-arqueológica. Un ejemplo de protección y cuidado que desconocemos y que desde Perú y Ecuador nos dan lecciones permanentes, resistiendo por años atractivas ofertas para permitir diversos eventos arrendando Machu Picchu o las islas Galápagos.

Desde que supe del arribo de la dupla Kevin Costner & Kevin Reynolds a la isla en 1992, traté de bloquear mi atención en la prensa a esta invasión autorizada. Siete meses después encomendado por una revista Australiana, recibía un trabajo fotográfico para realizar en Isla de Pascua, el que coincidió con los dos meses finales de filmación.
Hubiera dado cualquier cosa por haberme negado y no ser espectador de ese ultraje. Después de haber compartido la isla con el equipo de filmación, soy un eterno agradecido del destino, pues durante semanas pude ser testigo directo de cómo se filma una película y todo lo que involucra. Estar presente en la isla fue mi equivalente a clases de cine de nivel escolar y universitario.

Y aunque Rapa Nui tenía todos los factores para haber conseguido un éxito similar al de Danza con Lobos -con nominaciones al Oscar incluidas- fue un fracaso. ¿Cómo el mismo poderoso equipo de producción de Robin Hood y Waterworld se equivocó tanto? Por haber querido realizar un guión tipo Frankenstein, un refrito de la historia separada por siglos. La construcción de los moais y la competencia del hombre-pájaro nunca coexistieron. La historia del triángulo amoroso tipo Romeo y Julieta es demasiado previsible con su componente social. El personaje más temible, el Ariki (Rey todopoderoso) poseedor del Mana queda retratado como un anciano caprichoso y líder ausente. El supuesto eje ecológico-moral del guión tiene un nivel de motivación para niños de jardín infantil. También se desperdicia la opción didáctica que tiene la historia de más de mil años ocurrida en la isla. Rapa Nui es un ejemplo a seguir para no dejarse encandilar con las “pequeñas posibilidades” de enriquecer el guión, en vez de atenerse al que se aprobó por los productores.

Estando en la isla se enteraron de “la cueva de las vírgenes”, la mitología de “la canoa blanca” y la deforestación del bosque de palmeras. Durante una sesión fotográfica de surf fuimos observados por unos co-productores, a quienes se les ocurrió que sería una “buena idea” incluir deslizamiento tradicional sobre las olas en la película. Así fueron contratados los sufistas australianos Ross Clarke-Jones, Jake Spooner y Sasha Stoker para recrear el acto del Haka-Nini en una de las escenas del inicio.

¿Hay algo positivo en el trabajo de los dos Kevin en Rapa Nui? Por supuesto. La isla se filmó con aprecio y cariño. La obertura inicial de la película (con la banda sonora de Stewart Coppeland, baterista de The Police), con su llegada desde el aire al amanecer ya hace que el valor pagado por la entrada valiera la pena. La recreación en pantalla de una aldea y cómo debió haberse desarrollado su vida cotidiana son acertadas. Y el retrato de la constante presión bajo la cual se vivía por tallar, construir, transportar, levantar y coronar moais más y más grandes da para reflexionar.

El gran despilfarro del guión es que casi ni menciona la base de la cultura Rapa Nui: el Mana. Esa fuerza omnipresente e infinita en la aislada sociedad isleña. La energía capaz de transportar cada moai y colocarle un sombrero (Pukao) en su cabeza sin dañarlo ni alterarlo. El concepto que ha dado origen al misterio y al enigma de la isla, el mismo que atrae más de sesenta mil turistas al año y que aún crea controversia mundial en la comunidad científica y arqueológica.

Fui en 1995 al estreno de la película en Chile una noche de enero en el desaparecido cine Las Condes. Mi ansiedad y expectativas eran altas pero debo admitir haber salido decepcionado. Más allá de haber sido filmada en nuestra querida isla, fue una gran oportunidad que no se aprovechó, ni como promoción cinéfila, turística o arqueológica.
Recordemos que Kevin Costner venía de filmar previamente Danza con Lobos y Robin Hood. Después de Rapa Nui se fue a Hawaii a filmar Waterworld. Este fue un tropiezo que no se lo esperaba. Quizás la explicación está en que delegó demasiado y supervisó la filmación a control remoto desde Los Ángeles (visitó solo una vez la isla llegando en su avión privado).

Siempre le estaré agradecido al director Kevin Reynolds por la generosidad que tuvo al no limitar el acceso de público a sus lugares de filmación. Fue mi inyección directa para encantarme con el proceso de realizar una película. Y cada persona que visite o haya visitado la isla después de 1995 tiene ahora las más fidedigna recreación visual sobre la vida en la isla hacia fines del siglo XVI.

DESTACADO:
“Rapa Nui es un ejemplo a seguir para no dejarse encandilar con las “pequeñas posibilidades” de enriquecer el guión, en vez de atenerse al que se aprobó por los productores”.
 

 

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