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EDICIÓN | Agosto 2012

Creadores de un edén

Clan Aoun Gómez, Refugio El Molle Cabañas & Spa
 Creadores de un edén

Hace más de veinte años era una casa de veraneo. Con el tiempo fue cambiando su fisonomía… creció en infraestructura bajo el alero de un grupo familiar que no ha escatimado en esfuerzo y dedicación, pero, por sobre todo, en el amor incondicional a entregar un servicio de primer nivel. Esta es su historia, contada por el alma mater de un proyecto que nació como un sueño y que hoy se ha convertido en un ícono del turismo, en las puertas del Valle del Elqui.

por Verónica Ramos B. / fotografía Patricio Salfate T.

La tibieza del sol elquino y el profundo azul del cielo nos dan la bienvenida. La suave brisa entre los árboles y el anquilosado ambiente de esta pequeña localidad de El Molle van marcando el camino hacia un lugar especial. Son solo treinta minutos desde La Serena para encontrar un refugio a las emociones y conectarse con la naturaleza, el relajo y la distensión.

Detrás de este majestuoso paisaje fluye una historia de tenacidad familiar por construir un espacio de calidad, siempre al servicio de los demás. Para su alma mater, Julie Gómez Abdala, ha significado un largo proceso que nació hace más de veinte años como una quimera. Hoy, junto a sus cuatro hijos, Julie, Patricio, Marcelo y Juan Carlos, han transformado este negocio en un hogar, donde cada cual cumple su rol, pero no hay líderes, ni jefes. Es un solo corazón para entregar lo mejor de cada uno y hacer que las personas se sientan como en casa.

MADRE CREADORA

Su espíritu comerciante y creativo motivó a Julie Gómez a materializar varias de las ideas que tenía en mente. El año ochenta y cuatro dio el primer paso con una boutique en su casa; años después se instaló en pleno centro de La Serena con una tienda de ropa para bebés. Fue en ese entonces cuando se dio la posibilidad de arrendar el local colindante y transformarlo en un restaurante de comida árabe. Su hijo, Patricio, había estudiado tres años de ingeniería en minas, pero sabía que su destino estaba marcado por una gran afición a la cocina. Ambos decidieron emprender este desafío, lo que marcó el principio de esta larga historia. Julie Gómez rememora el origen de este emprendimiento y analiza los años dedicados a un negocio familiar que se ha ganado un prestigio y reconocimiento en la región.

Para llegar adonde están ¿cuál ha sido el camino recorrido?
Yo enviudé en el 2005 y, en ese entonces, mi marido, que se dedicaba a la minería, decidió en forma paralela poner el restaurante “Los Hornitos del Molle” en Peñuelas, para trabajar con mi hijo Pato. Al poco tiempo que falleció Jorge, hubo un incendio que destruyó casi por completo a “Los hornitos…

No es casual, entonces, que hayan decidido instalarse en el Molle…
Claro, no es casualidad, sino una causalidad. Nosotros ya teníamos esta casa en El Molle, pero era de veraneo y mis hijos venían a pololear acá (risas). Decidimos, entonces, crear un nuevo restaurante y empezar de cero, todos juntos, mis cuatro hijos y yo. No solo trabajamos juntos sino que construimos nuestras casas en este mismo lugar y cada uno de mis hijos vive con su respectiva familia.

Trabajar y vivir juntos no debe ser fácil ¿cuáles son los momentos de alta tensión familiar?
Cuando estamos trabajando en la cocina, porque todos opinan y en ese momento debiera existir solo una voz.

Y esa voz… ¿es la suya?
Yo estoy a la cabeza del negocio, pero no nací para jefa (risas). Acá no hay jefes y todos aportamos por igual, esa es nuestra postura. La idea es que las personas se sientan mejor que en su propia casa.

ENERGÍA DEL CORAZÓN

Cada uno de los integrantes del clan Aoun Gómez tiene definidas sus tareas, pero solo con la finalidad de dar un orden a la gestión. “Existe la ventaja que cualquiera de nosotros puede reemplazar al otro”, señala Julie Gómez. Ella se encarga concienzudamente de las compras, elige los mejores productos bajo una selecta preferencia. Sus hijos Julie y Juan Carlos son los relacionadores públicos, los encargados de eventos y también se preocupan de la atención a los clientes. Patricio y Marcelo son los responsables de la cocina y de lucirse con platos de comida chilena e internacional y una mezcla fusión de los productos típicos de la zona.

¿Esto es lo que marca la diferencia?
Así es, el sello nuestro es “como lo hacemos” porque tenemos una manera de trabajar en base al servicio que damos, con los mejores productos. Yo nunca he transado el mejor aceite, las mejores verduras, la limpieza de las cabañas, etc. A la hora de atender al cliente debe ser con la conciencia de que nuestro servicio fuera para nosotros, es decir, con calidad. Estamos convencidos de que este no es cualquier lugar.

Sin duda, se siente aquí una energía especial…
En una oportunidad un gringo que nos visitó me dijo ¡mira como se me han puesto los pelos! Y yo le dije ¿por qué?, y me contestó ¡Este es un lugar de poder! ¡Es maravilloso!

¿Usted sentía que era así?
Sí, la verdad es que hay que conocer y vivir en este lugar. Todos los niños que vienen para acá no se quieren ir y hay muchas personas que nos visitan una primera vez y luego necesitan volver. Se quedan en las cabañas, disfrutan de las tinitas, pasean por el pueblo, hay muchas cosas por hacer.

¿Se conquista también al cliente por la vista… con una buena presentación de un plato, por ejemplo?
Por supuesto, la idea es equilibrar los productos que utilizamos y cuidamos no solo la presentación, sino también la salud.

En definitiva ¿hay una preocupación nutricional?
Justamente, ese es el triunfo que nosotros tenemos. Esto nace del alma, de que las personas se sientan bien.

¿Un lugar tan especial, no significa que esté libre de dificultades?
Este es un lugar especial y no es porque yo lo diga, me lo dicen incluso los niños. Lo primero es el servicio y eso es claro, queda en la mente y retina de toda la gente. No es como era en el pasado, un restaurante o un centro turístico, eso ya no es así; nosotros tenemos internalizado que nuestro servicio es diferente, nos ponemos siempre en el lugar del otro, entonces no es fácil encontrar ayuda de personas que estén en sincronía con el servicio que damos. Formar un equipo de trabajo, independiente de la familia, no ha sido fácil.

HERENCIA FAMILIAR

Con el tiempo se fueron sumando nuevas ideas a lo que originalmente era solo un restaurante. De un complejo turístico pasó a convertirse en un refugio. Construyeron cabañas, piscinas, sala de yoga y meditación, salón para eventos, tinas de agua caliente con aromaterapia al aire libre, sauna y spa. El privilegiado entorno natural del lugar en sintonía con la nueva infraestructura, les ha permitido desarrollar, también, una infinidad de talleres, convenciones y encuentros con visitas muy especiales.

¿Se siente plena con todo lo que ha construido junto a su familia?
Sí, absolutamente. Este refugio nos ha permitido conocer a diferentes personas y eso me encanta. Es que me nace del alma… el objetivo no es vender por vender. Insisto que esto tiene una finalidad…

¿Cuáles son sus expectativas?
Que este negocio se proyecte para mis nietos, para los hijos de mis nietos y así sucesivamente, pero con la libertad de determinación de cada uno. Que tengan la capacidad de elegir si se quedan o no y en la medida que este refugio tenga permanencia en el tiempo.

¿Esto significa que el refugio seguirá creciendo?
¡Nooooo!, hasta aquí llegamos. Yo no soy ambiciosa, lo que me gusta es entregar lo que siento y creo que esto ya está bien.

¿Sus hijos piensan lo mismo?
Antes no porque es propio de sus edades y de las ganas de hacer cosas. Ahora siento que mis hijos han aprendido a vivir el hoy, a trabajar en el día a día y a disfrutar lo que hemos logrado con esfuerzo y dedicación…

La entrevista la interrumpe la pequeña Catalina, una de las menores de sus once nietos. Pide agua a su abuela y se va. Julie Gómez, entre risas, comenta que su vida diaria es así, es que trabajar en el hogar y tener a toda la familia reunida ha sido una de sus mayores satisfacciones.

 

“En una oportunidad un gringo que nos visitó me dijo ¡mira como se me han puesto los pelos! Y yo le dije ¿por qué?, y me contestó ¡Este es un lugar de poder! ¡Es maravilloso!”.

“Ahora siento que mis hijos han aprendido a vivir el hoy, a trabajar en el día a día y a disfrutar lo que hemos logrado con esfuerzo y dedicación…”.

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