Entrevistas

EDICIÓN | Julio 2012

Pura alegría

Magdalena Montes, periodista

No tiene un blog, pero dice que le encantaría escribir una columna que hable de cómo educar a los niños a través de las emociones. Considera a Julio César Rodríguez un muy buen amigo, le descompone el “off the record” y adora la comida peruana. Así es la Maida, una voz sin maquillaje, cálida, que posa frente al lente con una soltura que solo entregan los años de circo.

Por Macarena Ríos R./ fotografía José Luis Salazar
 

Son las cuatro de la tarde en Chicureo. Sol, el “conchito” de Magdalena, acaba de despertar de su siesta. Con los ojitos todavía somnolientos y un chupete en la boca, se acurruca sobre su madre. Ella, la periodista, la que de chica escribía cuentos y poemas, la que participaba en obras de teatro inter escolares, la contiene, la mima y le ofrece una galleta de chocolate que la pequeña hace desaparecer en dos segundos.

Los amplios ventanales del living dejan ver un jardín encantador, cuidado hasta en sus más mínimos detalles. “Mi marido es enfermo de perfeccionista, le gusta estar en todas, dirigir, tanto así que aquí participaron dos paisajistas”, comenta con una sonrisa. Una sonrisa que ya es parte de su marca registrada. Acogedora, igual que su casa hecha a pulso junto a Sebastián Ruiz-Tagle, su marido con el que tiene tres hijas: Colomba (9), Lía (8) y Sol (2). “Nuestra casa es como la casa “club”. Todas las comidas, los cumpleaños, las celebraciones se hacen acá y eso me encanta”.

COMO PEZ EN EL AGUA

Hubo mucha especulación con la salida de Magdalena del Mucho gusto. Que se llevaba mal con el equipo, que se le habían subido los humos a la cabeza. Pero lo cierto es que, después de siete años como conductora, sentía que había cerrado un ciclo en Mega. “No estaba desencantada ni del canal, ni de los matinales, ni de la televisión, estaba desencantada de una dinámica que se venía dando desde algún tiempo que no era sana ni normal”.

Era diciembre del 2008 cuando renunció al canal. Cuando dejó el programa que en un principio había escrito como proyecto y que luego se transformaría en el matinal que condujo por siete años. Hay honestidad en sus ojos cuando me cuenta que estuvo tras la creación de cada una de sus secciones y que le dolió mucho dejarlo. “Fue como mi primer hijo”.

A poco andar el tiempo, se le presentó una oportunidad en la radio Bío Bío con el programa A toda radio. Y aunque durante esos dos años estuvo muy cómoda e hizo buenas migas con su compañero radial, Jorge Hevia, sentía que tenía una revancha con el mundo televisivo, que el bichito todavía estaba ahí, que le quedaban muchos años útiles todavía por entregar.

Esa revancha no tardaría en llegar. Y vino desde La Red, el mismo canal que había querido comprar los derechos del proyecto Mucho gusto en sus inicios.

¿Cómo fue tu primer día en pantalla en La Red?
Como pez en el agua, como si nunca me hubiera ido. Fue un romance total.

Lo que en un principio fue un reemplazo a Claudia Conserva, quien estaba con licencia, se convirtió en toda una reestructuración y derivó en un nuevo matinal. Un matinal que sumó a Eduardo Fuentes, Juan José Gurruchaga y Felipe Vidal y que se transformó en Mañaneros. “Mañaneros fue la mutación del Pollo en Conserva, una creación absolutamente colectiva, donde cada uno aporta lo suyo. ¡Tengo un equipo súper apoyador!”.

¿Eduardo o Juan José?
¡No me hagas elegir!, es muy difícil para mí. Conozco más a Eduardo, tenemos un mayor nivel de complicidad porque trabajamos antes en Mega, pero con Juanjo siento que hemos hecho un muy buen rodaje y que tocamos teclas súper distintas. Yo soy periodista, por ende soy más aguda en la pregunta, más desprejuiciada, no tan influenciable. Y Juan José, que es actor, se maneja mucho más con las emociones, es más lúdico, juega más con lo sensorial. Nos hemos amoldado muy bien, nos reímos de las mismas cosas.

¿El sello de Mañaneros?
No vamos por el lado rosa, ni de farándula, sino de ser un aporte. Presentamos temas más periodísticos, con una mayor investigación, como los alimentos transgénicos, la gemoterapia, las experiencias paranormales… Por ejemplo, a veces aprovechamos ciertos temas que están en el tapete nacional, como lo que le pasó a Thiago, e invitamos a una dermatóloga para que hable de los cuidados que debe haber frente a una quemadura.

¿Lo peor que te ha tocado hacer en tv?
Ir a la casona abandonada donde fue velado Hans Pozo. Fue una experiencia horrible, lo peor que me ha tocado hacer. Fuimos con el equipo y Freddy Alexis, un investigador paranormal que realiza psicofonías (registros de audio en lugares donde hay algún tipo de presencia paranormal) y que tiene una sección dentro del programa llamado Secretos de Ciudad. El lugar era tétrico, muy helado, y se dieron todos los fenómenos: ruidos, sonidos, sombras. Periodísticamente la nota salió increíble, pero nunca en mi vida había tenido tanto miedo. Entramos con la cuñada de Hans y dos personas más. Eran las doce de la noche y te aseguro que la frase “Estoy solo” que escuchamos de la grabadora de Freddy, me dejó helada.

¿El momento más duro que has pasado en televisión?
Los últimos dos años en el Mucho gusto.

¿Tu primer chascarro en televisión?
Salir arrancando en vivo con un temblor. A pesar de que a mí no me dan miedo, ¡teníamos una parrilla de iluminación gigante sobre nuestras cabezas!

¿El mejor animador?
Por lejos, Felipe Camiroaga, pero ahora te digo Don Francisco, lo encuentro muy talentoso, he compartido con él varias Teletones y es encantador, muy cálido, el mito de que se apagan las cámaras y se convierte es absolutamente falso.

UN PROGRAMA PERFECTO

En las Monjas Inglesas incursionó en teatro, pero también le gustaba mucho escribir y encontró en el periodismo —que estudió en la UDP— un promedio de ambas pasiones.

Aunque no tiene un blog, le encanta escribir de lo cotidiano, de la familia, de los niños, de cómo abordar diversos temas de la vida diaria pero desde su experiencia: las tareas, las vacaciones, la hora de dormir, etc. “Así como uno requiere un momento de paz y relajo al llegar a la casa después de la pega, ellos también necesitan desconectarse cuando vuelven del colegio. Yo les doy dos horas libres antes de que hagan sus tareas y estudien”.

Magdalena es una mamá presente, orgullosa de sus tres hijas y cree firmemente que si a los niños los educas a través de las emociones, puedes lograr todo lo que te propongas. “Yo soy full motivadora con ellas. Por ejemplo, la Colomba es muy deportista, hace tenis, voleibol, esquí, pero a la Lía, que es más tranquila, tuve que buscarle un deporte que fuera para ella y llegamos al golf. Acaba de ganar el primer interescolar y eso te prueba que a través de la perseverancia logras resultados increíbles”.

¿Y si no hubieras sido periodista?
Cuando me fui del Mucho gusto me dio por estudiar peluquería, porque se había instalado una escuela de peluquería increíble (Beauty Art Studio, BAS), pero no alcancé porque altiro me puse a trabajar en la radio. Me hubiera encantado ser peluquera. Es algo pendiente que tengo… me gusta el tema de poder mejorarle el look a la gente.

¿Te sientes una comunicadora nata?
Claro, a mí lo que más me gusta de la televisión es que es un puente para entregar datos, consejos, herramientas, técnicas y sobre todo, compañía. Por eso quiero tanto a los matinales, pienso que son el programa perfecto. Somos como una gran enciclopedia.

¿Con quién te gustaría hacer un programa?
Con Julio César Rodríguez. Lo encuentro capo, inteligente y creo que es un gran aporte en la televisión.

Si te ofrecieran hacer  un estelar, ¿lo harías?
Siempre y cuando fuera algo relacionado con concursos o preguntas de ingenio.

¿Te gusta el formato de los late shows?
Me encantan, prefiero la entrevista más en profundidad. Encuentro que en los programas estelares no alcanzas a conocer a los personajes, que las respuestas que dan son más para la galería. Mientras que en los late show, luego de veinticinco minutos de conversación ya tienes las defensas más bajas, hablas de tu vida más íntima, de tus orígenes, de tu infancia.

¿Qué cualidades deben primar en una conductora?
Que tenga empatía, que piense siempre en el público más que en ella. Cuando tienes puesto el foco en quien recibe el mensaje, estás siendo un buen conductor, pero cuando el foco está en ti, en ser una estrellita, una luminaria, un florero, está todo mal.

NI TWITTER NI FACEBOOK

A la Maida le da pánico volar. De hecho, si pudiera pedir un deseo, sería un antídoto para que se le pasara el miedo a subirse a un avión. “Trato de no volar, entonces boicoteo todos los panoramas. Este verano nos fuimos a México con mi familia y te juro que lo pasé pésimo de solo pensar que me tenía que devolver”.

Dice que de su padre heredó la alegría y el lado humanista (él es abogado) y que de su mamá el parecido físico, lo amistosa y las ganas de hacer cosas. Su primer recuerdo fue cuando tenía dos años y medio y fue al hospital a ver a su hermana recién nacida. Al igual que a sus hijas, le encantaban los cuentos y de chica los coleccionaba. “Mi favorito era Ricitos de oro”.

¿Twitter o Facebook?
Ninguno de los dos. Funciono con el mail tradicional. A nosotros en el programa nos sirve como herramienta, pero no siento que yo tenga que comunicar cosas, el twitter es para personas que quieren ser famosos, que quieren ser seguidos por alguien, que la gente sepa lo que piensan, de alguna manera subirse a un estrado, y eso no me interesa.

¿Un libro de cabecera?
Leo harto… me gusta Fuguet, la Almudena Grandes, Simonetti, el escritor peruano Alberto Brice Echeñique. Ahora estoy arrastrando Maridos de Angeles Mastretta.

¿Un destino imperdible?
Vichuquén, lo encuentro un sueño.

¿Qué te molesta?
La gente convenida, la gente sin palabra, poco comprometida. Lo único que tienes en la vida es tu palabra y mi palabra vale oro.

¿A quién admiras?
A personas como Steve Hopkins o Nick Vujicic, que a pesar de tener una dificultad física muy grande son líderes, son exitosos y logran salir adelante con una fuerza impresionante.  

¿Qué legado te gustaría dejar?
Que las mujeres tenemos derecho a todas las oportunidades posibles y que se puede ser buena mamá y profesional al mismo tiempo sin descuidar ninguno de los dos frentes.

Ya está oscuro. La pequeña Sol se empina en la mesa del comedor de diario y pide más “cate”. Magdalena tiene que ir a buscar a una de sus hijas a la casa de una amiga, para volver a preparar tareas y terminar el día con su sagrado Pilates.


“Me molesta la gente convenida, la gente sin palabra, poco comprometida. Lo único que tienes en la vida es tu palabra y mi palabra vale oro”.

 

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