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EDICIÓN |Julio 2012

¿Cuánto estás en casa?

Por Pilar Sordo
¿Cuánto estás en casa?

El 21 de mayo que fue feriado en Chile y vi a tanta gente salir de su casa porque era fin de semana largo —todos, además, a los mismos lugares—, que me quedé pensando: ¿cuánto tiempo pasamos en nuestras casas?, casas que nos hemos preocupado, supongo, de tener lo más lindas posibles, pero que estamos siendo incapaces de disfrutar por algunas misteriosas razones.

Es como si existiera un mandato donde fuera "obligatorio" salir de nuestras casas con la ilusión de que en otro lugar vamos a descansar más. En este mandato existen ciertas contradicciones que hacen paradójica esta elección.

Por un lado, salen todos; por lo tanto, la tranquilidad esperada no llega porque uno se termina encontrando, desde que sale de casa, con los mismos neuróticos de siempre y los lugares de descanso se transforman en una congestión y en un estrés similar al que vivimos todos los días, pero en otro lado. Los lugares están todos llenos, la gente anda de mal genio y todo parece repetirse de la misma forma que en la ciudad. Contrario a eso, los que nos quedamos en nuestras casas y ciudades vacías, disfrutamos de espacios gratos, donde uno no se demora en llegar a ninguna parte, todo el mundo anda de mejor carácter y hay lugar para todos.

Con esto no estoy diciendo que no haya que salir. El cambiar de aire siempre es algo positivo y renovador, lo que me inquieta es cuánta gente se pregunta profundamente si quiere viajar o lo siente como una obligación, así como sentimos como obligación el comprar regalos de Navidad, muchas veces sin poder ni querer hacerlo, o creemos que el día de la madre hay que "sacarlas" a almorzar a sitios donde encontramos todo lleno; el servicio, como es obvio, no es de los mejores y, lo que es peor, pensamos que esta “sacada” es como hacer que la mamá tome aire, sin que ello sea realmente un homenaje.

Mi reflexión es preguntarme de qué arrancamos cuando salimos de casa, si nunca estamos ahí. Generalmente llegamos tarde, los fines de semana normales son una corrida para hacer las cosas pendientes. Cada vez se come más en restaurantes o se sale a "pasear" a un mall sin estar nunca dentro de nuestros propios espacios.

Creo que salir, conocer, moverse, viajar es maravilloso, pero también estimo que debiéramos reflexionar sobre recuperar la capacidad para disfrutar de nuestro mundo privado, ese por el cual peleamos tanto por tener hermoso y bien cuidado y que, por lo demás, nos sale caro mantener.

Me parece que pocos se preguntan si no sería mejor quedarse en casa, invitar amigos, jugar cartas, cocinar y no tener que subirse a un auto, estar en un taco con congestión por horas y llegar a un lugar donde están los mismos de los que, tal vez, quisimos arrancar.

Disfrutemos de nuestros espacios privados, usemos las salas de estar, compartamos y valoremos nuestros hogares. Elijamos salir cuando salen pocos, encantemos nuestras casas para poder vivirlas y no solamente ocuparlas para dormir en ellas y arrancar a la primera que podamos o se nos dé una oportunidad.

“Es como si existiera un mandato donde fuera "obligatorio" salir de nuestras casas con la ilusión de que en otro lugar vamos a descansar más”.

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