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EDICIÓN | Enero 2011

Los primeros veraneantes de Viña del Mar

Por Lorena Brassea Pizarro, Profesora de Historia y Geografía, Archivo Histórico Patrimonial I. Municipalidad de Viña del Mar.
Los primeros veraneantes de Viña del Mar

Como hemos comentado en otras columnas, Viña del Mar fue fundada como ciudad en 1874, sin embargo, sus antecedentes como centro recreacional y posteriormente ciudad turística de Chile, parten varios años antes. Ya con la llegada del ferrocarril a las haciendas que conformarán años después a la ciudad, comienza a producirse el masivo traslado de visitantes, atraídos por las condiciones del paisaje natural que poseía el territorio. De hecho, Vicuña Mackenna adjudica el nacimiento de Viña del Mar, al trazado de la línea férrea en 1855. Sin embargo, el interés que sentirán los visitantes será principalmente por el paisaje mediterráneo del lugar y no por su costa. Podemos decir que incluso cuando la ciudad es fundada en 1874, demorará varios años en poblarse la costa. Así lo señalan algunos autores: la “ciudad daba la espalda al mar”. Es a principios de 1880, cuando Viña comienza a aproximarse al océano, promovida por la idea de un inmigrante alemán, Teodoro von Schroeders. Éste adquirió los terrenos desde Caleta Abarca hasta calle Traslaviña por la costa, para establecer ahí unos baños higiénicos. En 1884, se inauguran los baños terapéuticos de mar, después de conseguir dinamitar el cerro para facilitar el paso a las instalaciones, y, consecutivamente, en 1886, Von Schroeders —como una manera de aumentar el flujo de visitantes— logra la creación de una estación del ferrocarril, conocida como “Miramar”, cerca del sector. Debemos destacar que las primeras aproximaciones a los baños de mar, estuvieron netamente relacionados con la salud, como lo señala Rodrigo Booth, “según la medicina higienista, muchas de las afecciones podrían ser combatidas con un “cambio de temperamento”. El traslado de enfermos a un sitio diferente que cumpliera con las condiciones higiénicas exigidas, permitía a los pacientes respirar nuevos aires, aprovechar baños tibios o fríos, o la exposición al sol” . Esta afirmación la podemos ejemplificar más concretamente, en el caso de Viña del Mar, con el establecimiento en la costa del Sanatorio Marítimo, construido en 1929. En testimonios de la época se destacan las propiedades curativas de esta agua, así lo manifiesta Mercedes Toro, quien se expresa “agradecida por la curación de su hija Casilda” y dona a los baños una imagen de la Virgen de Lourdes. Otro de los aspectos interesantes de las primeras aproximaciones de las personas a la costa de Viña del Mar son las vestimentas, hecho que está muy relacionado con el concepto que existía en la época sobre el cuerpo. Según Booth, el pudor en relación a las formas humanas, es una adecuación moderna de las costumbres . Durante finales del siglo XIX, se procuró mantener oculto el cuerpo bajo recatados trajes, especialmente entre los integrantes de la elite. En un relato de la época, un integrante de esta clase señalaba…“El baño que decía era bueno consistía en una playa desierta, sin una cabina, así es que había que desvestirse al aire libre; a los chiquillos los desnudaban ante todos, pero a las niñas se tomaban medidas, tendiendo una sábana o haciéndonos en el sentido opuesto…” . No ocurrirá lo mismo en el caso del otro extremo de la clase social en donde se podía observar un mayor relajo en los atuendos usados. A un siglo y medio de distancia, las diferencias en la cultura del mar son notorias, no sólo por las nociones de pudor, o las utilidades del mar para el cuerpo, sino por la forma en que se asocian a la vida, incorporándola como un lugar de encuentro social.

 

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