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EDICIÓN | Octubre 2018

CON LUZ PROPIA

Casa en Jardín del Mar
CON LUZ PROPIA

Una casa con mucha luz, con piletas de agua, con espacios curvos y que se proyectara hacia el exterior. Esos fueron los requisitos básicos de un matrimonio al arquitecto. ¿El resultado? Una casa de espacios generosos construida en cuatro niveles y a tres voces, que brilla con luz propia.

Por Macarena Ríos R./ Fotografías Teresa Lamas G.

Cuando el dueño de casa vio el letrero de venta de este sitio no lo pensó dos veces y lo compró. Santiaguino de toda la vida, dice que fue la vista insuperable el detonante que gatilló la compra “casi impulsiva”.

Fueron dos años y medio de edificación y quinientos setenta los metros construidos. Cientos de focos empotrados y ningún cable a la vista fueron algunas de las premisas de esta construcción.

Cada rincón, cada espacio, tiene un porqué y nada fue comprado al azar, como el cenicero de cristal checo del Parque Forestal sobre la mesa del living. “En el living tenemos un sector de karaoke que estuvo sin decorar por años, porque queríamos que fuera un espacio bien logrado”, explica la dueña de casa.

En el primer nivel están el living y comedor. A la entrada, grandes pilares de concreto revestido en piedra natural traída desde Quebrada Escobar, le imprimen un toque rústico y cercano. Un artesano fue el encargado de poner piedra por piedra —que se extrajo a 1.600 metros de altura— y de trabajar al detalle cada una de las terminaciones de las junturas de la piedra.

El muro de acceso al living es curvo. Y de piedra. Algo que no es usual hoy en día. “Es muy caro construir con este tipo de muro, porque constituye todo un desafío trabajar los espacios, todo se te complica, todo es más lento y supone un reto permanente. Por eso nos demoramos tanto en construirla”, comentan sus dueños.

 

PURA LUZ

El techo de doble altura y los ventanales de muro a muro, otorgan una gran luminosidad al ambiente y en donde el paisaje dominado por el mar pareciera entrar. “Viví en una casa antigua y oscura, por ende una de las cosas primordiales que tenía que tener mi casa era luz, mucha luz”, cuenta su dueña, quien hizo un pedido especial: cenefas de concreto para las cortinas roller.

Protagonista indiscutida del living en desnivel, flanqueada por dos grandes maceteros de acero inoxidable que albergan dos grandes palmeras, es la gran chimenea hecha de piedra volcánica. “Trajeron los pastelones desde el volcán Villarrica y demoraron un par de meses en ponerlo en obra”.

Sobre la chimenea se decoró con fierro envejecido. El mismo que se usó como escultura en una de las paredes que dividen la entrada del comedor de diario.

El amplio comedor deja ver sillas de madera de castaño del sur. Las patas de mármol de la mesa vidriada se compraron en la marmolería del cementerio de Recoleta en Santiago. El centro de mesa es de Brasil.

 

FACTOR AGUA

En la entrada —y coronado por un gran espejo—, el arrimo de mármol con base de ónix irregular es un gran acierto. Una especie de puente une el hall de entrada con el comedor de diario y la terraza.  “No sé si es porque soy piscis, pero me encanta al agua y pedí que la casa tuviera varias piletas. Tenía veinte años cuando me traje mi primera fuente de agua de uno de mis viajes”, cuenta su dueña, con una sonrisa.

La amplia cocina, con cubierta de granito, tiene un gran patio de luz. “En el diseño me preocupé especialmente de que el quincho, el comedor de diario y la cocina estuvieran cerca”.

Aprovechando la imponente vista al mar, tanto la terraza como el jardín se proyectaron hacia el exterior. En el sector del quincho, se construyó un muro de contención adosado a la pandereta de la casa vecina. El muro se revistió en porcelanato con mosaico y quedó como un muro en obra “ideal como mesón”.

La terraza tiene dos ambientes. El lugar donde están las reposeras es el favorito de la dueña de casa. “Quisimos que la piscina tuviera dos bajadas de agua y que fuera curva, lo que supuso un desafío extra, pero se logró”.

 

UN TOQUE ESPECIAL

La escalera que lleva al segundo piso está hecha en curvatura. La lucarna le da luminosidad. El toque especial la da la reja al llegar al segundo piso. “La reja de aluminio la mandamos a hacer en el único lugar que existe en Santiago donde hacen rejas antiguas para ascensores, porque, para variar, tenía que ser curva”.

El segundo piso tiene cuatros dormitorios, tres baños y sala de estar. En el tercer piso proyectaron una sala de estudio que da a una terraza con vista panorámica de ciento ochenta grados.

“Por seguridad, las ventanas, además de ser de termopanel, como en el resto de la casa, son oscilobatientes, que combina las funciones de las ventanas abatibles de giro vertical y horizontal”.

El subterráneo alberga una sala de cine, que se comunica con el jardín y la piscina y tiene una pequeña parrilla para los días de lluvia. Las máscaras son de Venecia, el reloj del Barrio Italia y la mesa de centro es una herencia que fue mandada a hacer a un diseñador.

 

A la entrada, grandes pilares de concreto revestido en piedra natural traída desde Quebrada Alvarado, le imprimen un toque rústico y cercano.

El subterráneo alberga una sala de cine, que se comunica con el jardín y la piscina y tiene una pequeña parrilla para los días de lluvia. La mesa de centro es una herencia que fue mandada a hacer a un diseñador.

Piedra, madera y desniveles son los protagonistas de esta casa que mira al mar.

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