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Entrevistas

EDICIÓN | Octubre 2018

EL HOMBRE QUE ABANDONÓ EL MUNDO

José Luis Vergara Bezanilla, pintor
EL HOMBRE QUE ABANDONÓ EL MUNDO

Acciones solidarias se están moviendo alrededor de él. A través de la venta de sus obras, sus amigos buscan conseguir recursos para que este pintor pueda seguir habitando su barrio de toda la vida, disfrutando de su jardín y creando nuevas obras.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotografías Andrea Barceló A.

Entrar a su casa es una verdadera aventura. Una pequeña verja, abierta de par en par, indica un sendero estrecho y sinuoso que avanza por lo que parece ser un bosque. No es un terreno plano, como todos los sitios del barrio Jardín del Este, en Vitacura, sino uno lleno de montículos, que llegan hasta la altura de la pandereta, y enormes árboles frondosos.

Un día, hace más de cuarenta años, este fue un jardín comme il faut, dice en francés José Luis Vergara Bezanilla. “Versallesco. ¡Una mesa de billar!”. Había pasto, algunos árboles y orden. Hoy, al igual que su dueño, no sigue las reglas convencionales. Es una masa de naturaleza y vegetación desbordadas.

Miembro de una familia tradicional de once hermanos y abogado de profesión, Vergara Bezanilla —como le gusta que le digan porque “soy hijo de un padre y de una madre”—

 dejó su trabajo para vivir una vida sencilla, pintar, leer, meditar y regar su jardín.

Su casa, con una sala de doble altura y grandes ventanas que dejan entrar la luz del día, está plagada de papeles, obras terminadas e inconclusas, lápices de colores, libros, fotos familiares y, al fondo, una mesa donde hace poco ha almorzado algo sencillo. “Necesito muy poco para vivir y muy poco deseo eso que necesito”, dice.

 

LOS AMIGOS

El remanso de paz y silencio en que se ha convertido su casa, ha llevado a que muchos vecinos, amigos y familiares suelan visitarlo. Lejos de dar razón al apodo con el que se le conoce en el barrio, “el ermitaño de Vitacura”, José Luis es un hombre sociable y querido.

Por eso, cuando a principios de este año entró en vigencia el nuevo avalúo de propiedades, su casa, con cerca de mil metros cuadrados de terreno en uno de los barrios más exclusivos y costosos de Santiago, aumentó casi en un tercio el valor de sus contribuciones.

Imposibilitado de pagarlas y viéndose amenazado de tener que dejar su casa de toda la vida, envió una carta a El Mercurio, representando a tantos adultos mayores que tienen que abandonar sus barrios de origen por lo que él llama la especulación inmobiliaria.  

Fue entonces cuando un grupo de amigos, encabezados por Cristián Warnken, lo convenció de que vendiera sus obras para poder sostener su permanencia en el barrio. Con la curatoría de Carolina Ortiz, este 9 de octubre, a las 19:30 horas, se realizará una venta en Francisco de Aguirre 4496, Vitacura.

Carolina Ortiz ha venido precisamente esta mañana a buscar algunas obras para la muestra. Le explica que se las va a llevar a Cristián Warnken, pues José Luis quiere que sea él quien les dé un nombre. Ella le habla de cosas prácticas: los precios, las enmarcaciones y los preparativos en su taller. Cosas, como él diría, mundanas. “Je ne comprends pas ce que tu veux me dire”, le dice José Luis, nuevamente en francés. En el fondo le está diciendo que no entiende su idioma.

 

¿Cómo lo conociste?

Me contactaron para pedirme la tienda y hacer esta venta y me contaron un poco su historia.  Entonces dije, lo quiero conocer… y ahí nos enamoramos, ¿cierto José Luis?  (se ríen).

 

¿Cómo ha sido este tiempo trabajando con él?

En un principio vine por ayudar nomás, pero después nos fuimos haciendo amigos. Me gustó su obra y me gusta conversar con él. Cuesta encontrar gente despegada de las cosas materiales.

 

¿Cómo describirías sus obras?

Si te digo en términos técnicos hay una cosa entre puntillismo e hiperrealismo. Una mezcla bastante compleja, pero tiene cada una su sello especial. Tiene además un manejo del color impresionante, pero lo más importante es que no es ese cuadro hecho comercialmente para venderse. José Luis pintó porque quiso pintar y eso transmite un espíritu de belleza.

José Luis se apura en explicar que esto no es una exposición de obras. “Es una realización”, dice. “Me vi forzado a vender mis obras. En términos muy prácticos necesito tener suficiente dinero para pagar las excesivas alzas de las contribuciones de los bienes raíces, vale decir, de los hogares, como les llamo yo, que es la casa en la cual uno vive y que es lo único que posee”

 

¿Esta visión de la vida que usted tiene, despojada de lo material, se ve reflejada en su obra?

Esto que yo le narro, está muy vinculado a la solidaridad, la fraternidad, muy poco hoy en vigencia. Hoy en día está sistematizado el individualismo económico, social, etcétera, entonces yo estoy en las antípodas de ese individualismo. Yo practico y predico la solidaridad humana.

 

Es decir, ¿esto va más allá de su caso en particular?

Es una causa global y por eso estamos insertos en un compromiso de que esto avance, camine, de que se abra, para poder salvar, en alguna medida, el bien común, tan poco común y tan poco bien, que impera hoy en este país.

 

¿Le duele mucho desprenderse de su obra?

No, ojo. No es un parto. No me desprendo. Ahí está lo interesante. Mercantilmente hablando, se liquida todo hasta agotar existencia, pero ese es el lenguaje mundano. Acá no es eso. ¡Yo estoy encantado!

 

¿Qué es entonces?

Desde hace un tiempo a esta parte en mi obra siempre hay un centro. Un punto distintivo para señalar que aquí hay un mensaje, y el mensaje es que al hombre le incumbe ser inmortal. ¡El hombre es inmortal! No como carne, no como mundanalidad, sino en su esencia. Somos inmortales y entonces a través de esta obra, que el hombre puede contemplar, se contagia de esa inmortalidad y cambia su manera de ser, del mundo a la tierra.

 

LA CONVERSIÓN

A José Luis le gusta hablar, contar historias y contestar las preguntas con preguntas nuevas. Su lenguaje y dicción demuestran su alto nivel de educación. Sentado en lo que un día fue el living de su casa y que hoy parece más un taller, habla de Pablo de Tarso.

“Era un fariseo, enemigo acérrimo de todos aquellos que seguían a este personaje que se llamaba Jesús de Nazaret. Era inmisericorde con los cristianos. Resulta que un día, llevando una orden de detención de Jerusalén a Damasco, en mitad del camino, se cayó del caballo”.

 

¡Como usted! Porque a usted le gusta decir que se cayó del caballo, aunque figurativamente…

Así es. Él cae y escucha una voz que le dice “Pablo, Pablo, ¿por qué me persigues?”. Entonces Pablo responde “¿Quién eres tú? Y la voz le dice, “Yo soy aquel a quien tú estás persiguiendo”. Quedó ciego durante tres días. Lo tuvieron que llevar como a un niñito a Damasco y ahí entonces se provocó la transformación completa de su existencia.

 

¿Y cuál fue la voz que escuchó usted?

Bueno, no hubo tal voz. Soy un poquito menos importante que Pablo de Tarso (ríe).

José Luis dice que si bien no se cayó de ningún caballo, lo suyo fue algo también de la noche a la mañana. Explica que sucedió en un periodo histórico en que Chile era un caos. “No hablemos de Unidad Popular, porque en realidad el fenómeno que se produjo en esos años era colectivo. El hombre es invencible y ahí estaban unos con sus ideas, los contrarios con otras ideas, ¿Y el hombre? ¿Dónde estaba el hombre?”.

Dice que al ver lo que estaba pasando se dio cuenta de que era irreversible y que entonces era mejor salir del buque que se estaba hundiendo, para poder vivir y salvar a la gente.

Regando su jardín, disfrutando del silencio y despojándose del tiempo, el dinero y las cosas materiales, descubrió que hay cuatro conceptos fundamentales: belleza, libertad, verdad y amor. “Sin libertad, no hay belleza, y sin belleza no existe verdad…. Y así”, explica.

 

¿Qué es para usted el tiempo?

El tiempo está al servicio nuestro. Es indivisible. Cada minuto es eterno. Somos eternos. Qué importante. La eternidad está aquí, ahora y siempre.

 

¿Y qué es el dinero para usted?

Es un medio, pero no un fin.

 

¿Le gusta que vengan los mundanos, como llama a usted a las personas que viven en el sistema, a verlo?

Me gusta porque con el solo hecho de atravesar esa puerta, ya dejan de ser mundanos, porque no tienen temores. El mundo está lleno de temor, la gente vive con alarmas, todo está asegurado. El mundano, lamentablemente, no conoce el amor, en cambio el humano, el que está en la tierra y no en el mundo, y que está en el hoy, se da cuenta de que todo lo que nos ofrece la naturaleza, es gratuidad.

 

¿Qué le pasa cuando ve a las personas del “mundo” llenas de estrés y preocupaciones?

Cuando vienen personas estresadas, corriendo, angustiadas por las responsabilidades, eso es tremendo (se tapa la cara). Esa es la palabra. ¡Tremendo! Cuando me invitan a algún lugar y me vienen a buscar en auto, es impresionante. Yo digo, están todos locos. Es una locura. Santiago es una locura.

 

Sin embargo toda esa gente dirá que el loco es usted…

Qué duda cabe, pero lo mío es una locura que pierde todo menos dos cosas: la verdad y la libertad.

 

¿La da pena pensar en las personas que no son libres como usted?

Me produce mucha pena. Es tremendo. Es tremendo que no conozcan el silencio. Voy hacer un proyecto de ley para que el año entero sea fin de semana largo (se ríe). El silencio… dice y se queda escuchándolo. Yo me desprendí de todo. Tenía colecciones de ópera, de música de cámara, sinfonías. Ahora solo quiero escuchar el silencio.

¿Qué gana uno, si abandona todo como usted?

¡Pero si no se abandona nada! ¡No se abandona! Son los otros, los que están en el mundo, los que abandonaron lo esencial.

 

 

Un grupo de amigos, encabezados por Cristián Warnken, lo convenció de que vendiera sus obras para poder sostener su permanencia en el barrio. Con la curatoría de Carolina Ortiz, este 9 de octubre, a las 19:30 horas, se realizará una venta en Francisco de Aguirre 4496, Vitacura.

“Tiene un manejo del color impresionante, pero lo más importante es que no es ese cuadro hecho comercialmente para venderse. José Luis pintó porque quiso pintar y eso transmite un espíritu de belleza”, dice Carolina Ortiz.

“El mundo está lleno de temor, la gente vive con alarmas, todo está asegurado. El mundano, lamentablemente, no conoce el amor, en cambio el humano, el que está en la tierra y no en el mundo, y que está en el hoy, se da cuenta de que todo lo que nos ofrece la naturaleza, es gratuidad”, asegura José Luis Vergara Bezanilla.

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