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EDICIÓN | Octubre 2018

MUJER Y PATRIMONIO: ELOÍSA DÍAZ, LA PRIMERA MUJER MÉDICO DE CHILE Y LATINOAMÉRICA

Eliana Urrutia Méndez. Académica Facultad de Ciencias de la Educación USS
MUJER Y PATRIMONIO: ELOÍSA DÍAZ, LA PRIMERA MUJER MÉDICO DE CHILE Y LATINOAMÉRICA

No cabe duda de que la mujer hoy se encuentra inserta en los distintos ámbitos de las sociedades a las que pertenecen. Que a los roles que otrora habían desempeñado casi exclusivamente, ligados a la familia y su cuidado, se han sumado los espacios laborales, la academia, la creación artística, la ciencia, el deporte, la tecnología, etc. y todos aquellos que de estos se derivan.

Sin embargo, en el campo patrimonial, la presencia de la mujer se advierte menos nítida. Si entendemos el patrimonio como un concepto polisémico y producto de las construcciones y legitimaciones sociales que cada época y grupo han discernido, la impronta femenina en distintos artefactos, prácticas y devenir histórico es parte de ese patrimonio material e inmaterial que nuestro tiempo exige develar y relevar.

El Archivo Nacional Histórico, como institución patrimonial, conserva entre sus valiosos documentos, parte de ese legado de figuras femeninas que abrieron caminos en contextos que, para su época, eran de exclusividad masculina. Esto lo hallamos en el Archivo Mujeres y Género, pero también en otros fondos que la institución resguarda. Como la carta que es parte del Fondo Domingo Santa María, que fuera escrita por Eloísa Díaz, primera mujer chilena que se graduó a muy temprana edad de bachiller en Filosofía y Humanidades en la Universidad de Chile, para luego titularse de médico en 1887, sólo a diez años de haber sido promulgado el decreto Amunátegui, instancia que permitió el ingreso de las mujeres a la universidad.

En esta carta escrita por esta pionera mujer, dirigida al Presidente de la República Domingo Santa María y fechada el 19 septiembre de 1886, señala: “Muy señor mío: Como un feliz augurio comencé mis estudios médicos por primera vez en Chile cuando fuisteis elegido por el voto popular para regir los altos destinos de la República; en varias ocasiones me cupo el honor de recibir de vuestras manos los premios que la Universidad me había acordado y cuando más me lisonjeaba que el 15 del corriente me lo adjudicarías por última vez una ligera indisposición me privó de ese placer .[1], luego firma la misiva “Eloisa R. Diaz, Primera Bachiller en Chile”.

Este extracto revela no sólo su condición de ser primera mujer en una profesión, sino también la excelencia de su trabajo, galardonado por la propia institución y el orgullo que ella manifiesta por tal reconocimiento, mismo que se materializaría en la publicación de su tesis de grado y no muchos años más tarde, le llevarían a ocupar importantes cargos a nivel público, entre ellos el de ser profesora y médico de la Escuela Normal de Preceptoras y, por treinta años, el de directora del Servicio Médico Escolar de Chile, desde donde impulsara importantes medidas sanitarias en la población escolar que tuvieron un impacto significativo en la salud infantil de las primeras décadas del siglo XX en Chile. Su preocupación por la mujer y la infancia, especialmente por los más pobres, marcaron su vida profesional, la que se tradujo en diversas publicaciones que hoy forman parte del patrimonio documental de nuestro país.

La revista Anales de la Universidad de Chile publicó su tesis, en cuya parte introductoria escribe “Vedado estaba para la mujer chilena franquear el umbral sagrado del augusto templo de la ciencia. La ley se oponía a ello cerrándole el paso que conducía a las aulas oficiales en las diversas gradaciones de la enseñanza secundaria y superior. […] Como consecuencia de ese malhadado estado de cosas, el complemento de su educación moral, fue por mucho tiempo una mezquina y superficialísima instrucción.[…] La instrucción como muchos pretenden, no es la perdición de la mujer: es su salvación”.

Este bello y elocuente texto, da cuenta de categorías y preconcepciones acerca de lo femenino propias de su época, las mismas que se advierten en la autoimagen que describe, sin embargo, luego de ello revela esa mirada crítica frente a una educación deficiente y llena de prejuicios para la mujer, a los que se sobrepone, señalando la importancia de que sea de excelencia y de la cual será una incansable promotora.



[1] La ortografía del texto original fue ajustada a las normas actuales.

 

 

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