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EDICIÓN | Octubre 2018

Mente Creativa

Josefina O’Ryan, artista
Mente Creativa

Emprendedora, gestora cultural y mamá, ha vivido de cerca lo que significa generar instancias a través de las cuales combinar todas sus pasiones. Su hija Lua es su principal motor y la razón de buscar alternativas para ver de cerca su crecimiento, sin dejar de lado sus propias inquietudes. Para ella, todo lo que hace implica entrega y convicción, tal como aprendió en su infancia, rodeada siempre de creatividad.

Por Catalina Aparicio / Fotografías Rodrigo Herrera

Su mirada es tan expresiva y brillante que el color de sus ojos es confuso. Con cada relato, van cambiando de tono, haciendo imposible que su presencia pase desapercibida. María Josefina O’Ryan Barros, “la Jo”, es hija de reconocidos artistas antofagastinos, nacida en Santiago, pero criada en el norte, emprendedora creativa que busca espacios en la ciudad para mostrar técnicas que, de puro milenarias, resultan novedosas, como la xilografía.

 

Para ella, su creatividad fue creciendo de manera exponencial cuando estaba embarazada y explotó al nacer Lua. Hoy, seis años después, su pequeña hija sigue siendo su más grande inspiración.

 

Después de estudiar diseño gráfico, volvió a Santiago donde su vida tomó un nuevo giro. “Trabajé como ayudante de un artista grabador y sentí que esa experiencia —que llegó de manera muy casual— fue súper importante en un momento de mi vida, ya que me encontraba un poco perdida. Tomé esa herramienta, la hice mía y decidí dedicarme a la xilografía de manera totalmente autodidacta”.

 

Entre ires y venires entre la capital y Antofagasta, conoció al actor Nicolás de Terán, “mi amor, mi compañero y padre de Lua”, como lo describe. Juntos se fueron una temporada a Limache, donde el contacto con la naturaleza les dio la posibilidad de criar “a la antigua”, asumiendo los procesos de crecimiento de toda la familia de manera muy consciente y espiritual.

 

Hoy, de regreso a Antofagasta hace más de medio año, ha generado diferentes proyectos de emprendimiento artístico cultural que se han visto reflejados en talleres, exposiciones y diversas actividades que la comunidad ha recibido de forma muy positiva.

 

LA JO Y LA CULTURA

 

Los padres de la Jo —Pepa Barros y Armando O’Ryan—, pintores destacados y conocidos en el mundo artístico de la región, fueron el apoyo para que ella comenzara a vincularse con otros artistas, ya que su madre, por muchos años, dictó clases en La Casa de Cultura, donde interactuó con muchos creadores.

 

¿Cómo fue instalarse de vuelta en Antofagasta?

Empecé con mis propios talleres de grabado en lugares como Balmaceda Arte Joven, me vinculé a proyectos teatrales, canté en coros, participé en exposiciones colectivas de pintura, y así, de forma muy intuitiva, comencé a hacerme un camino.

 

¿Fue complejo insertarse en “el mundo cultural”?

La verdad es que cuando el arte forma parte de tu vida lo haces porque está ahí, está en tu casa, con tus amigos, con tu familia… En mi casa, desde que nací, siempre hubo un taller; mis papás pintaban, mi mamá hacía clases y con mis hermanos, Natalia, Álvaro y Tomás, siempre estábamos ahí, participando, experimentando, jugando, viendo, aprendiendo. Hoy siento que todas esas experiencias conformaron la persona que soy con mis proyectos e ideales.

 

¿Cómo crees que es valorado esto de vivir del arte?

Todos los que trabajamos en cultura, ya sea como artistas o gestores, somos importantes porque conformamos una estructura que da soporte y sentido al crecimiento de cualquier ciudad. Además, algo lindo que ha pasado es que se está tejiendo una red femenina súper poderosa, donde no existen luchas de egos o enemistades. El movimiento feminista ha sido importante para que nos empoderemos, dialoguemos y nos unamos. Ya somos muchas mujeres trabajando juntas y gestando proyectos; me ha tocado participar en varias instancias muy hermosas.

 

¿Qué es “La Imprenta de la Jo” y cómo ha sido tu experiencia desde que nació la idea? 

Básicamente, hacemos timbres a pedido y surge de la necesidad de generar un trabajo e ingresos desde mi casa, para estar presente en el crecimiento de mi hija y porque, la verdad, nunca he sido capaz de resistir un trabajo de oficina. Descubrí a través de las redes sociales y plataformas como Pinterest o Instagram, que la técnica de xilografía que yo manejaba se podía aplicar a una goma y con eso realizar un timbre tallado a mano como producto comercializable.

 

¿Cuál es el principal obstáculo que has encontrado?

Que la mayoría de las veces, la gente encuentra caro el trabajo hecho a mano, pero no saben cuánto esfuerzo hay detrás. No solo es hacer el producto, también es promocionarlo, contestar mensajes, correos, postular a ferias, entre otras cosas. Me da risa cuando me escriben y me hablan en plural, como si fuera una gran empresa con duendes fabricando timbres… yo trato siempre de hacer notar eso, que soy una persona, que a veces está ocupada, cansada o frustrada, y que, además, soy mamá. Me gusta mostrar también el lado B, lo humano.

 

UN POCO DE XILOGRAFÍA

 

“La técnica que utilizo para fabricar los timbres es un método muy artesanal, que compite con nuevas tecnologías…muchas veces me comentan que podría usar impresoras 3d o máquinas para hacer todo mucho más rápido, pero yo no quiero eso. Para mí, tallar es una terapia. Siento que la artesanía es una gran utopía al final, porque estás nadando en contra de la corriente, porque hay miles de formas de hacer el mismo producto más fácil y económico, pero ahí se pierde la magia, que es lo que nos mantiene vivos, creando y soñando”.

 

El Patio Remolino ha sido una plataforma para entregar diversos talleres y actividades en la ciudad ¿Cuál es tu visión respecto a estos nuevos espacios que se han ido abriendo?

Patio Remolino es un tremendo proyecto que lleva más de tres años trabajando desde la autogestión, impulsando el desarrollo cultural y educativo de la ciudad. Hace poco tiempo comencé a participar activamente como una integrante más y justo este año ha sido duro porque nos cerraron muchas puertas. Tuvimos que dejar el espacio donde funcionábamos y se nos presentaron algunas dificultades, pero estamos rearmándonos. Lo importante es que nos hemos mantenido unidos y, gracias a eso, el proyecto sigue en pie.

 

Recientemente expusiste en Ruinas de Huanchaca, ¿cómo fue la experiencia?

Ser parte de los artistas que exponen en “Muro Sur” del museo Ruinas de Huanchaca fue todo un desafío, ya que fue mi primera expo individual importante. La convocatoria sugería a los artistas trabajar bajo la consigna “Revolución”, lo que en un principio me asustó, porque sentí que me quedaba grande, pero que me empujó a enfocarme en la revolución feminista. Siento que es mi deber desde el arte entregar un mensaje que aporte al gran cambio de conciencia que estamos viviendo hoy como sociedad y en el mundo entero. El Museo Ruinas de Huanchaca fue una gran plataforma para dar a conocer mi trabajo artístico y aportar al movimiento feminista desde mi trinchera.

 

¿Crees que la ciudadanía está exigiendo más cultura?

Últimamente la oferta cultural si ha crecido bastante en cuanto a espacios y a nuevos artistas. Hoy existe una Escuela de Teatro en la Universidad de Antofagasta y hay varios proyectos que están interviniendo escuelas y liceos, en los cuales también participo, porque me parece un trabajo hermoso y necesario. Sin embargo, pienso que aún falta un poco más de comunicación y organización, para evitar, por ejemplo, que dos eventos importantes de la misma área artística coincidan en día y hora. En cuanto al público… no sé. Esa es una conversación que parece no tener final. A veces parece que las personas sí están más conectadas con el arte y la cultura, pero de pronto te das cuenta de que igual prefieren ir al mall. El trabajo es educar al público y por eso es importante intervenir las escuelas y trabajar con los niños, para aportar al pensamiento crítico y a la capacidad de análisis, porque el arte no es solo diversión, el arte es una herramienta para despertar los sentidos.

 

¿Lo bueno y lo malo de este tiempo?

Creo que el resultado en este sumar y restar es positivo. El norte es un gran lugar para vivir y, aunque no lo parezca, es un terreno fértil donde hay mucho por hacer, mucho que aportar. Además, no hay nada mejor que ver el mar todos los días.

 

“Siento que la artesanía es una gran utopía al final, porque estás nadando en contra de la corriente, porque hay miles de formas de hacer el mismo producto más fácil y económico, pero ahí se pierde la magia, que es lo que nos mantiene vivos, creando y soñando”.

“Es importante intervenir las escuelas y trabajar con los niños, para aportar al pensamiento crítico y a la capacidad de análisis, porque el arte no es solo diversión, el arte es una herramienta para despertar los sentidos”.

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