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EDICIÓN | Septiembre 2018

El poder de la música

Perla Baccelli, musicoterapeuta
El poder de la música

Las melodías son imposibles de olvidar, aunque se olvide todo lo demás. Esta característica hace a la música la principal protagonista de una terapia realizada por la musicoterapeuta, Perla Baccelli, quien logra conectar a los pacientes consigo mismos y con los demás.

Por Soledad Posada M. / Fotografías Sonja San Martín D.

Una terapia aún en pañales en Chile, tiene su principal desarrollo en otros lugares del mundo, como Estados Unidos o Argentina. Sin embargo, en Concepción, vive la primera musicoterapeuta titulada de la universidad en Chile. Su nombre es Perla Baccelli, quien actualmente trabaja en salud mental en el programa “Hospital de día”, regido por el Hospital Regional, y con los abuelos del CIAM, Centro Integral del Adulto Mayor, de la Municipalidad de Concepción; además de haber trabajado con los pacientes de COANIQUEM y con menores infractores de ley. Este amplio espectro se atribuye a la transversalidad de la musicoterapia, que no tiene límites de edad ni de patologías. “Todo el mundo registra melodías en su vida que no se olvidan nunca. La musicoterapia se instala en cada sesión con un lenguaje propio, no verbal, al ejecutar los objetos sonoros predeterminados con cada paciente, para conseguir un momento único e irrepetible”, señala la especialista.

Para Perla, la música fue clave en su vida, porque experimentó ella misma el proceso transformador. Cuando no sabía a dónde iba su camino, llegó la música para orientarla. Fue un tránsito enriquecedor, “cursé dos años de violín, instrumento que me dio tranquilidad, orden y una estructura. Generó un hábito en mí, porque yo era muy dispersa”, y luego, estudió bachiller en Música en la Academia Sylvia Soublette.

Paralelamente, siempre hizo yoga y, en 2012, se graduó como maestra de Kundalini Yoga. Y ahora lleva más de cinco años formándose para alcanzar el nivel 2 en 2019. Todas estas herramientas le han servido para realizar su trabajo con los demás. En sesiones sistemáticas, logra avances en autoestima, concentración, motricidad y pertenencia, además de facilitar la comunicación y expresión de sus pacientes.

PROCESO INTERNO

Mientras estudiaba Musicoterapia, Perla se dio cuenta del fenómeno que la música había realizado en ella. “Existe la memoria melódica, que se guarda hasta el último día de la vida, aunque existan lesiones cerebrales. Y eso es lo que rescato de cada persona, su memoria melódica. Yo siempre recomiendo ver el documental Alive inside, donde queda de manifiesto el proceso transformador de la música en las personas”.

Perla nació en Chillán, donde vivió su infancia, luego se trasladó a Ecuador hasta los dieciséis años, cuando volvió a su ciudad de origen. Su padre era músico popular y su madre, profesora de inglés.

¿Qué influencia han tenido tus padres y tu infancia en tu vida?

La música está en mi ADN, por el linaje familiar. Nací escuchando buena música y variada. Mi padre es músico y mi madre me hablaba de ópera y de la fuerza interpretativa de las emociones a través de ella. La experiencia de vivir en otro país y conocer distintos lugares enriqueció mi bagaje cultural y sonoro. A los veinte años toqué mi primer instrumento musical, el violín. Mi primer profesor, Víctor Barrera, me dijo, con el tono más dulce que he oído y entendiendo mi confusión existencial de esos años: “La música es la única que cura las penas del alma”. Y, desde entonces hasta hoy, es mi compañera. Cuando encontré la carrera de Musicoterapia todo tuvo sentido, supe que ese era mi camino. Yo había experimentado un cambio personal significativo a través de la música, ahora necesitaba profundizar más y aprender la metodología para ayudar a otros.

¿Qué es la musicoterapia?

La musicoterapia es un proceso sistemático de intervención, donde el terapeuta ayuda y codifica las relaciones sonoras que emergen del paciente, utilizando experiencias musicales, a través de la escucha y ejecución instrumental, y por medio de ellas generar dinámicas de cambio.

¿Cómo se aplica?

La musicoterapia es un puente de comunicación entre el mundo interno y externo. Tiene un lenguaje propio, que permite expresarnos en su totalidad. Tiene la capacidad de estimular y conectar con nuestra memoria sonora y emotiva. Este proceso terapéutico rescata los registros significativos que construyen nuestras experiencias y recuerdos a lo largo de la vida. Se han demostrado los efectos positivos en pacientes con Alzheimer, autismo, adicciones y depresión, entre otras.

¿Cómo te ayudan tus conocimientos de Kundalini Yoga?

La meditación me permite no pensar y sacar lo que me preocupa o pone ansiosa, quedarme en la nada. El vacío es iluminador, lo que enferma es el pensamiento desbordado, que lleva a los desbordes emocionales. Al ejecutar un instrumento, escucho, detengo el pensamiento, logro vaciar mi mente y frenar el cansancio mental. Se valora el silencio y el solo estar.

¿Cuáles son las técnicas para llevar una vida sin desbordes emocionales?

Entender los ritmos de la naturaleza y danzar con ellos. Algo tan esencial como aprender a respirar profundo. Con actitud y atención a la corporalidad, una atención consciente. Vivir sintiendo el tiempo presente. Por ejemplo, estar frente al mar es un gran maestro, seguir el vaivén de las olas, darse una pausa, alimentarse de silencios, cantar más…

¿Qué sucede en ti cuando te das cuenta de que ha ocurrido un cambio positivo en un paciente?

Entiendes que tu hacer es necesario y tiene sentido. Todos anhelamos conectarnos y pertenecer, y la musicoterapia logra ese puente. Sin duda es una satisfacción poder brindar una herramienta que les permita sentirse mejor.

GRACIAS A LA MÚSICA

¿Qué significa la música para ti?

La música es una invitación a despertar la vertiente de creatividad que todos tenemos dentro. La música es mi vida, es equilibrio, salud, conexión, un modo de expresión, un idioma universal.

¿Qué melodías recomiendas para meditar?

Si quiero aprender a meditar, entono mantras, que son corrientes del sonido donde uno entra. La mente nada con la corriente y, en ese momento, se detiene el pensamiento. Ra ma da sa es un mantra de sanación que utilizo para comenzar a respirar lento y profundo.

¿Qué otros casos has apoyado con musicoterapia?

En el caso de los pacientes de COANIQUEM, las terapias los ayudaban a mitigar el dolor; también tuve un caso de cáncer terminal en que la paciente logró terminar con el miedo que le provocaba la muerte; los adultos mayores sacan sus penas y alegrías más profundas y los niños autistas, por ejemplo, logran conectarse a través de la música.

¿Cuáles son tus planes?

Seguir perfeccionándome en mi carrera, al acreditarme internacionalmente como musicoterapeuta, y terminar mi libro Cuestión de tonos. Una mirada acústica de las relaciones. Mi meta es expandir más la musicoterapia en Chile para que esté presente en distintos ámbitos, como rehabilitación, salud preventiva, educación, etc.

 

“Mi primer profesor, Víctor Barrera, me dijo, con el tono más dulce que he oído y entendiendo mi confusión existencial de esos años: ‘La música es la única que cura las penas del alma’”.

“Al ejecutar un instrumento, escucho, detengo el pensamiento, logro vaciar mi mente y frenar el cansancio mental. Se valora el silencio y el solo estar”.

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