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EDICIÓN | Septiembre 2018

Con la marraqueta bajo el brazo

Panadería San Juan
Con la marraqueta bajo el brazo

Jorge pertenece a la tercera generación de la familia Paterakis. Sus bisabuelos llegaron a Chile buscando una mejor vida, sin guerras y con nuevos horizontes. Como tantos otros migrantes, usaron el conocimiento que traían y comenzaron su negocio. Su tío abuelo, Nikitas, es quien inició la panadería que bautizó en honor a su padre. Así nació la Panadería San Juan, que hoy cumple sesenta años, una de las más reconocidas y antiguas de Antofagasta.

Por Catalina Aparicio / Fotografías por Rodrigo Herrera

La panadería San Juan comenzó como el típico almacén de barrio, produciendo un pan con una receta única hecha en un horno chileno, máquina que aún existe y hace que la calidad del pan continúe igual y que la comunidad siga fiel a ellos.

La familia detrás de este tradicional negocio está compuesta por José Paterakis y Jaqueline Acevedo. Sus hijos, Jorge y Sebastián, hoy son socios y están a cargo de potenciar los nuevos conceptos en torno a San Juan. Esperan que muy pronto Heleny, la menor, también se incorpore al negocio y así la historia se prolongue.

Jorge tiene treinta y un años, es padre de una niña de diez y de un hijo de un año y gracias a sus innovadoras ideas la panadería cambió de imagen, extendió su horario y diversificó sus productos y servicios, lo que ha sido recibido de manera muy positiva por las nuevas generaciones de antofagastinos. Gracias a la nueva cafetería, el desayuno y la hora del té son toda una experiencia y una parada obligatoria.

¿Cuándo surge esta inquietud por ingresar cambios en la panadería?

El proyecto de agrandar el negocio comenzó hace cinco años. La cafetería fue un primer paso, el que dimos hace tres años. Luego vino el bazar-almacén, donde puedes comprar cosas para el pan, algo de verduras y abarrotes, y hace poco incorporamos otros productos, con el objetivo de entregar apoyo a las pequeñas empresas emprendedoras locales para que aprovechen la vitrina.

 

GRECIA, EL ORIGEN

El primero de la familia en llegar a Chile fue Juan, quien salió de su Grecia natal y después de un largo periplo se instaló en Antofagasta. Aquí sus hijos crecieron y formaron sus propios emprendimientos. José estableció la Panadería Lautaro en la población del mismo nombre y Nikitas fundó la Panadería San Juan, en 1958. Pocos años después, José la compró y desde ese entonces buscó convertirse en un referente panadero para la ciudad, que apenas llegaba hasta calle Díaz Gana en el límite sur.

Con los años, en la década de los ochenta, su hijo José fue quien llegó a darle relevo y que compartió el liderazgo con su entonces socio Stavros Galliachis. Hoy en día, en las clásicas instalaciones de Galleguillos Lorca, aún trabajan algunos maestros panaderos que por casi cincuenta años han integrado este sueño, como Fernando Nanjarí y Juan Toro, quienes han transmitido sus conocimientos a los nuevos trabajadores. Dentro de este grupo de incondicionales, Jorge recuerda con mucho cariño a don Lautaro, un importante miembro de su equipo que falleció hace poco y que es parte importante de esta historia.

“Mucha gente dice que los negocios familiares llegan hasta la tercera generación, pero yo creo que podemos seguir siendo una tradición en Antofagasta. Tenemos ganas y muchas ideas para conseguirlo”, asegura Jorge.

 

¿Cuáles fueron tus grandes desafíos al comenzar el proyecto?

Comencé a idear los cambios y poco a poco les di forma, a través de una presentación, maquetas en 3D y propuestas de videos donde se veía cómo quedaría la cafetería. Después convoqué a una reunión familiar y mostré este material. La verdad es que todos estaban emocionados y apoyaban la idea, pero no fue fácil lograr que mi papá me diera un SÍ con mayúsculas. Él tiene otra formación y estaba un poco más reacio a los cambios. Afortunadamente logré convencerlo y he tenido su apoyo y respaldo. Hoy está muy contento con toda la innovación.

 

¿Estás satisfecho con lo logrado?

Estoy muy contento y agradecido. Tenemos un gran equipo, no solo por las personas que nos acompañan desde hace años, sino por el personal nuevo, que ha cumplido con todas las expectativas. Tengo un excelente barista, trabajamos con extranjeros, con universitarios. Además, trabajar con mi hermano ha sido muy bueno, porque él es ingeniero y su conocimiento matemático es imprescindible a la hora de concretar las ideas, lo que nos convierte en el gran equipo San Juan.

¿Qué crees que es lo más importante para seguir en la línea del éxito?

Sin duda, la calidad de los productos. Hoy contamos con maquinaria nueva e infraestructura más moderna, pero la receta del pan es la misma y se sigue haciendo en el mismo horno. Eso genera que nuestros clientes, tanto los de siempre como los nuevos, valoren la calidad de lo que ofrecemos.

 

¿Nuevos desafíos y proyectos?

Uno de mis mayores intereses ahora es comenzar en Antofagasta la cultura del café. Es un tema que tiene mucho atractivo y tantas variantes como los tipos de vino, de cerveza y otras tendencias gourmet. Este concepto se conoce como “Cafetería de especialidad” y busca aprovechar al máximo la diversidad que existe. Por ejemplo, nosotros trabajamos con granos provenientes de Kenia, Etiopía, Nicaragua, Perú y México. Quiero perfeccionarme en eso para que así nuestro público conozca lo que está tomando, de dónde viene y tenga la información necesaria para disfrutar aún más ese pequeño regalo que es un buen café.

 

¿Cómo es estar en un barrio donde hay muchos cafés y una alta competencia?

Yo veo la competencia como algo bueno. Me alegro mucho cuando a los demás les va bien. De hecho, cuando necesito desconectarme un poco de las labores del día a día, me voy a tomar un café a otro lugar, cerquita de mi trabajo. Siento que cuando nos apoyamos unos a otros, todos ganamos, haciendo lo que nos apasiona. Eso genera que la competencia sea sana y positiva. Creo tanto en este precepto que pertenezco a la asociación de emprendedores de este barrio, entidad que busca potenciarnos, protegernos y dar más auge al sector.

 

¿Cuál es tu rol en este grupo de emprendedores?

Soy el director de la Asociación Gremial Barrio Parque Brasil, que es un grupo formado por emprendedores del sector, donde todos trabajamos codo a codo para potenciarnos, logrando un enriquecedor trabajo en equipo, manteniendo nuestro fuerte compromiso con nuestros propios locales. Participar activamente en el barrio lo veo como una forma de ir reinventándose, como un complemento en que podemos compartir experiencias, enseñanzas y aprendizajes.

 

LA CAFETERÍA

“El Negro”, el perro que se encuentra afuera de la cafetería, es parte del equipo también. Llegó hace dos años junto con “Juancho”, otro perro callejero que fue adoptado por la vicepresidenta de la asociación gremial. Su rol es hacer el trabajo de cuidador y aunque a veces sus ladridos pueden ser agotadores, ya es parte del paisaje del lugar.

¿Tienen una postura dogfriendly?

Entendemos que hay muchos lugares en que la gente no puede entrar con su mascota y aquí los podemos recibir. Lo único que pedimos es que se porten bien, para que los otros clientes también disfruten.

¿Hay sorpresas en el corto plazo?

Queremos tener una carta más completa para todo el día, desayuno, almuerzo, té. También ampliaremos la cafetería y tendremos más presencia en redes sociales. Queremos conectarnos con las necesidades de nuestro público.

 

¿Sientes que el negocio se lleva en la sangre?

Algo de eso debe haber. Somos una familia muy trabajadora y queremos honrar lo que hicieron mi abuelo y mi padre, continuando un negocio familiar con la calidad de siempre y a la vez adaptándonos a los nuevos contextos. Quiero que sean muchas más generaciones Paterakis las que sigan liderando esto. Teniendo el apoyo de la familia, el equipo humano adecuado y una mente abierta para generar innovación y cambios positivos, todo se puede.

 

“Soy director de la Asociación Gremial Barrio Parque Brasil y la verdad es que es un trabajo en equipo donde todos estamos muy comprometidos con nuestros locales. Yo lo veo como una forma de ir reinventándose, como un complemento en que podemos compartir experiencias, enseñanzas y aprendizajes.”

“Estoy muy contento y agradecido. Tenemos un gran equipo, no solo por las personas que nos acompañan desde hace años, sino por el personal nuevo, que ha cumplido con todas las expectativas”.

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