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EDICIÓN | Septiembre 2018

Bosque y playa

Hotel Casa Zapallar
Bosque y playa

Hotel Casa Zapallar tiene un encanto que nos recuerda el calor de un hogar; pero a la vez con detalles en diseño únicos y antigüedades, que se mezclan con una arquitectura moderna y muy sureña. Un hotel boutique para disfrutar con todos los sentidos.

Por María Inés Manzo C. / Fotografía Teresa Lamas G.

Sentarse a ver cómo cae la lluvia, en torno a una cálida chimenea, y de fondo un verde jardín que recuerda a los paisajes del sur; o comer un delicioso almuerzo casero con pescados recién sacados de la caleta, son algunos de los encantos que han atraído a turistas nacionales y extranjeros a Hotel Casa Zapallar.

Este acogedor hotel boutique es un proyecto del matrimonio de Carolina García de la Huerta y Francisco Piriz, quienes, con sus seis hijos, veraneaban todos los años en Zapallar. Así nació la idea de replicar esta experiencia familiar y de reunión en un lugar que entregara un servicio de primer nivel. “La casa original era de un personaje del pueblo: Pedro Erlwein, un pintor que fue muy conocido en la zona y que, además, era anticuario. Un día mi papá vio afuera un cartel que decía ‘antigüedades’ y como a ambos les apasionaba el tema se hicieron amigos. Cuando puso el lugar a la venta se dio la oportunidad y mi padre compró la casa, de la cual se mantienen muchos de sus muebles, cuadros y parte del jardín”, cuenta Daniel Piriz, administrador.

El arquitecto a cargo fue Diego García de la Huerta, que tuvo como desafío un terreno con una acentuada pendiente, con denso follaje en sus bordes. Así proyectó un hotel de siete habitaciones —todas con sol norte—, que funcionara como una casa, pero conservando ciertos elementos de la antigua construcción. Espacialmente, el proyecto busca abrirse hacia los cerros de Zapallar y, a su vez, volcarse al interior por medio de dos patios longitudinales, que bañan de luz las circulaciones.

Sobre una losa de hormigón armado, a modo de mesa, se levantó una estructura de acero forrada en madera de roble hualle, al exterior, y con paredes de pino pintado blanco, al interior. El piso es de ulmo, con guardapolvos de cedro, y la terraza común, que se encuentra en el nivel superior, es un deck de pino impregnado.

DE CUENTO

Al llegar a Hotel Casa Zapallar, lo que más llama la atención es su preciosa reja que da a la calle, bajo un frondoso árbol, que pareciera ser sacado de un cuento. Esta abrió sus puertas, por primera vez, en el verano del 2011 y, desde entonces, ha recibido, principalmente, a turistas argentinos y chilenos.

En el antejardín se pueden encontrar faroles y una fuente que, al igual que la reja, eran de la casa original. Este espacio destaca sus mesitas para disfrutar las tardes, su piso de piedra, los fogones de fierro, una antigua reja envejecida para estacionar bicicletas y sus árboles; parte del bosque esclerófilo de Zapallar con especies como boldo, peumo y quillay.

Al ingresar al hotel, una puerta de madera da la bienvenida, pero no hacia una recepción, sino que a una gran mesa principal con hermosas astromelias, las cuales siempre están frescas y se encuentran repartidas a lo largo de los distintos espacios.

De inmediato se llega al living y comedor, el área común más atractiva y acogedora, rodeada por amplios ventanales que permiten disfrutar del jardín. La chimenea es un punto de reunión indiscutido para los días más fríos, la cual está rodeada por una pequeña biblioteca y sobre esta un gran espejo rectangular envejecido. Destaca un ajedrez de greda pintado con colores, de un famoso artesano de la zona, que ha vuelto sus trabajos en un sello de la costa.

A un lado, un comedor con tres mesas y sillas en tonos pastel que permiten compartir con los demás pasajeros. “Este espacio genera lo que no se da en otros hoteles; que los huéspedes interactúen, se tomen una copa de vino juntos y conversen. En las tardes o noches, muchas veces, Zapallar está nublado, se prende la chimenea y se crea un ambiente muy amigable”, nos comenta Daniel.

Los muebles son un mix de mobiliarios familiares restaurados y creados por Carolina García de la Huerta y otros encontrados por Francisco Piriz en Antigüedades Carroza (banca colonial, mesón de desayuno, reloj de mármol negro). También hay una mesa de centro de Mario Matta; lámparas de pie de bronce estilo francés, sillones Luis XIV y cuadros de Pedro Erlwein que decoran sus paredes.

LUZ Y MADERA

Una de las curiosidades es una colección de casullas del siglo XVIII bordadas con hilo de oro —que antiguamente se usaban para las misas en latín— y que Francisco Piriz mandó a enmarcar; hoy parecen un pequeño museo que convive con la modernidad afuera de las habitaciones.

 

“Si bien la inspiración del hotel fue la antigua casa de Pedro Erlwein, mis padres se encargaron del diseño que rescata el gusto por lo antiguo, lo vintage, y una arquitectura con líneas nórdicas más modernas. Una idea que, además, rescata la entrada de luz y la madera en todos sus rincones para poder vivir como en un bosque. Además, así es Zapallar: un híbrido de casonas viejas y paseos de piedra clásicos que conviven con espectaculares casas modernas”, señala Daniel.

El logo del hotel se puede encontrar en la reja, los faroles, el mesón principal y un hermoso patio de luz en el centro del hotel, donde el artista Pedro Urrejola lo inmortalizó con un mosaico de piedras. Aquí no hay techo, por lo que se puede ver cómo la lluvia cae directamente a través de sus ventanales. Tras ella, una gran pileta de piedra en bajada, donde corre agua siempre.

En la parte superior se encuentra una espectacular terraza deck, con una pequeña piscina para sacarse la sal del mar de la playa y el calor de las tardes; y un equipado quincho que ha sido parte de reuniones, almuerzos y matrimonios.

SUSTENTABLE

“El turismo cambió su enfoque de ‘conocer’ a vivir la experiencia. Cuando llegas a un hotel este debe tener rico olor, sábanas suaves, una ducha grande con agua caliente, comida sabrosa y fresca. Pues todo entra por los sentidos. Siempre hay que pensar primero en los huéspedes, por eso el mesón de nuestro comedor siempre está lleno con café, galletas, frutas o agua. No nos gustan los hoteles donde que te cobran por todo, desde el wifi al room service… aquí tratamos de que se sientan cómodos y descansen de verdad”, señala Daniel Piriz.

A través de sus largos y luminosos pasillos de madera se encuentran repartidas, por los distintos niveles, las siete habitaciones del hotel boutique: cuatro con camas matrimoniales; tres con camas americanas y un colchón especial que se pueden juntar; y una pieza con dos camas americanas, en las que caben cuatro personas.

Cada una destaca por su diseño interior moderno y clásico a la vez —en línea con el resto del hotel—, y sus papeles murales con diseños en sutiles tonos verde, rojo, amarillo, gris o azul. Los baños también son coloridos y con hermosos azulejos; algunos con ducha y otros con tinas en el piso superior. “El mayor residuo que generan los hoteles son las botellitas de plástico de los champú y jabones. Por eso nuestros amenities son orgánicos, de la línea Florence Blanc, y usamos las botellas reutilizables stop de water while using me, que rellenamos con la línea Majen de Valdivia. Queremos ser lo más sustentables posible, por eso este año incorporaremos nuevos paneles solares, todas nuestras luces son LED y sacamos todo lo nocivo que pudiera atentar contra el medio ambiente”.

 

El arquitecto a cargo fue Diego García de la Huerta, quien proyectó un hotel de siete habitaciones —todas con sol norte—, que funcionara como una casa, pero conservando ciertos elementos de la antigua construcción.

El living y el comedor es el área común más atractiva y acogedora, rodeada por amplios ventanales que permiten disfrutar del jardín. La chimenea es un punto de reunión indiscutido para los días más fríos, la cual está rodeada por una pequeña biblioteca y sobre esta un gran espejo rectangular envejecido.

“Mis padres se encargaron del diseño, que rescata el gusto por lo antiguo, lo vintage, y una arquitectura con líneas nórdicas más modernas. Una idea que además rescata la entrada de luz y la madera en todos sus rincones para poder vivir como en un bosque”, Daniel Piriz

“El turismo cambio su enfoque de ‘conocer’ a vivir la experiencia. Cuando llegas a un hotel este debe tener rico olor, sábanas suaves, comida sabrosa y fresca”, Daniel Piriz.

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