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EDICIÓN | Agosto 2018

Ordenamiento y calidad de vida

Por Sergio Quilodrán Muñoz, presidente CChC La Serena
Ordenamiento y calidad de vida

Hace más de treinta años llegué por primera vez a La Serena y desde un primer momento me llamó la atención su composición urbana, diseño arquitectónico, planificación territorial y emplazamiento espacial. Durante los ochenta y los noventa aún disfrutábamos de los efectos de una iniciativa excepcional como el Plan Serena (1948-1952), impulsada por el expresidente Gabriel González Videla y que definió un estilo para la ciudad.

Su calidad de vida, buen clima, geografía privilegiada, bajo costo de vida, oferta laboral estable y cercanía con los grandes centros urbanos de Chile, marcaron el interés por vivir en esta ciudad, generando así el despegue inmobiliario. Miles de personas llegaron año a año, para conquistar sus sueños y entre ellos estaba yo, un joven santiaguino que escogió estudiar Construcción Civil en la Universidad de La Serena con la intención de doblarle la mano al destino y ser el primer profesional de su familia.

Con la llegada del siglo XXI, los habitantes casi se duplicaron llegando a ciento sesenta mil en el 2002, debiendo reorientar las prioridades comunales, lo que se logró al actualizar el Plan Regulador Comunal dos años más tarde. Hoy, según el Censo del 2017, somos doscientos veintiún mil habitantes y hay mucho por hacer. Seguimos rigiéndonos con la antigua carta regulatoria de hace catorce años, la que no solo está obsoleta, sino que no recoge las necesidades urbanas actuales. Por ejemplo, no tenemos consenso sobre las zonas de riesgo pese a tener ocho kilómetros de costa, tampoco en las alturas y menos en las densificaciones, aun cuando en la próxima década nos convertiremos en la primera zona metropolitana del norte junto a Coquimbo, con más de quinientos mil habitantes. Para qué decir sobre las áreas proyectadas con fin habitacional, uso industrial o enfoque agrícola. Ciertamente, estamos al debe y estamos perdiendo interés y competitividad frente otras urbes.

No obstante, como gremio no nos quedaremos de brazos cruzados, de allí que creamos con convicción que podemos sacar adelante este rezago regulatorio. Para ello necesitamos a las autoridades comunales y regionales, pues no tenemos las atribuciones legales para hacerlo solos. Estamos trabajando en una instancia de debate transparente, técnico y con altura de miras para considerar todas las posiciones que involucra destrabar el estudio de riesgo del Plan Regulador Comunal de La Serena, el mismo que detuvo el proceso hace unos años y que no ha logrado licitarse.

Y es que aquí el bien común debe primar, ya que no solo debemos promover el desarrollo de la industria de la construcción, sino que también refrendar las casi siete décadas como el gremio más importante, más respetado y más influyente de Chile.

Contar con un nuevo instrumento de planificación para La Serena implicará disfrutar de una ciudad más ordenada, sustentada por decisiones técnicas y políticas acorde al desarrollo actual, además de contar con reglas claras para estimular la inversión pública y privada. Esto posibilitará que los habitantes de la comuna tengan mejores accesos, mayor movilidad, barrios más seguros, espacios con mayor plusvalía y más lugares de recreación.

En definitiva, concretaremos treinta años después el objetivo que trajo a miles de personas, entre ellos, a un joven estudiante universitario, a vivir a La Serena, una ciudad que nos enamoró por ser acogedora, ordenada y con calidad de vida.

 

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