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EDICIÓN | Julio 2018

La cárcel de San Fernando: presidio, centro de detención política y monumento nacional

Por Cristian Urzúa Aburto, creador del sitio Memoria de la Sexta Región, Magíster en Historia, Universidad de Santiago de Chile.
La cárcel de San Fernando: presidio, centro de detención política y monumento nacional

Irrevocablemente, sobre la cárcel pervive una imagen negativa, como un lugar tabú donde permanecen quienes violan la ley en todas sus formas. Pero son también sitios donde se encarna una política interna que aprisiona formas de vida alternas o visiones políticas disidentes.

La cárcel de San Fernando, ubicada entre las calles Olegario Lazo y José Argomedo, se comienza a construir a fines de 1880 para ser inaugurada en 1891, durante la presidencia de don José Manuel Balmaceda. Esta obra se inspira en el nuevo Código Penal de 1874, que moderniza el antiguo régimen colonial que enfatizaba el castigo físico de los condenados. Pese a ello, perduraría aún una lógica represiva antes que la rehabilitación de los internos. Por sus celdas pasaron delincuentes comunes, “de oficio”, pero también dirigentes sindicales, ebrios consuetudinarios y vendedores ambulantes. En el día a día los reos reprodujeron códigos y normas de convivencia interna, y hasta crearon una jerga propia: el coa. En los días de visitas llegaban allá las atribuladas madres y familiares de los reos, las sociedades de beneficencia y de trabajadores, que reconocían su infortunio y cuyas condiciones de pobreza los habían arrastrado hacia ese lugar.

Tras años de historia carcelaria ocurre el golpe de Estado de 1973, momento cuando la cárcel toma una función distinta: se convierte en el recinto de detención política y tortura más grande de la Provincia de Colchagua, registrando unas doscientas cincuenta personas detenidas en los primeros años del régimen militar. La documentación indica que los presos políticos vivían largos periodos de aislamiento y hacinamiento, sin contacto con sus familiares. Sin embargo, intramuros, a instancias de partidos de fútbol y lecturas colectivas para resistir el encierro, construyeron solidaridades y redes de apoyo que más tarde se convirtieron en pivotes de resistencia a la dictadura.

En enero de 2009, la cárcel se convierte en Monumento Histórico Nacional en razón a su valor arquitectónico e histórico. La cárcel es un inmueble con torre central que vigila los pabellones (dispositivo panóptico), construido de albañilería y ladrillo que conforma celdas, área administrativa y excasa del alcaide, entre otros espacios carcelarios. Otra parte de su valor reside en los sucesos acontecidos en dictadura, según lo indicado con anterioridad. Así, la materialidad se nutre de un significado especial, trágico es cierto, pero que indica un valor patrimonial intangible que es preciso conservar.

Pese a lo señalado, la edificación se encuentra deteriorada y abandonada; esta no se acopla a la ciudad y yace en cierta forma oculta e ignorada, como vestigio de una historia secreta que no se ha querido revelar. Se hace necesario, por tanto, su activación como sitio histórico y espacio de memoria e integrarla al conjunto de bienes patrimoniales de la denominada “comarca de ensueños”, que esconde bajo un tapete fragmentos de un pasado que es más bien claroscuro.   

 

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