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EDICIÓN | Julio 2018

MEMORIA FOTOGRÁFICA

Alejandra Gómez
MEMORIA FOTOGRÁFICA

Alejandra Gómez Toledo es historiadora del arte de la Universidad de Chile y actualmente cursa un magíster en gestión del patrimonio cultural en la Universidad de los Andes. Siempre ha combinado su trabajo académico con la ejecución de proyectos patrimoniales: fue directora de la Casa Museo Lircunlauta de San Fernando y hoy, como directora regional de la Fundación Procultura, es la responsable de realizar la primera memoria fotográfica de San Fernando.

Por Verónica San Juan 

Alejandra Gómez tuvo acceso al archivo fotográfico del periodista Pedro Barboza Mardini y pudo observar cientos de imágenes tomadas en San Fernando, a partir de la década del cuarenta. En cada jornada vivida durante el primer semestre de 2018 vio escenas de festividades religiosas y folclóricas y de competencias deportivas; coronaciones de reinas de la primavera y marchas de carros alegóricos; vistas de calles, plazas, casas, iglesias, monumentos, estatuas y puentes; visiones de caminos rurales y rostros de campesinos inmersos en sus actividades domésticas y laborales.

A medida que iba revisando las piezas gráficas reconoció lugares, admiró escenarios desaparecidos, observó vestimentas, retuvo detalles, conversó con el autor de las fotos, se emocionó y elaboró una conclusión: esa ciudad retratada por Barboza Mardini hace sesenta o más años había sido un territorio muy activo culturalmente y muy armónico desde el punto de vista de la arquitectura y del diseño urbano.

“Él se autodefine como un fotógrafo aficionado, pero el material que conserva es un tesoro; un fondo por descubrir, creado por un ser humano inquieto”, dice Alejandra, quien es la responsable del proyecto “Memoria fotográfica de San Fernando”, iniciativa propiciada por la Fundación Procultura y financiada por Fondart. Con este trabajo se busca poner en valor la identidad de la ciudad a través de su patrimonio fotográfico, tal como la fundación lo ha hecho en las comunas de Chépica, Renca, Chaitén, Tierra Amarilla y Calle Larga.

“Yo nunca he creído que todo tiempo pasado fue mejor, pero luego de ver estas fotografías parece que en San Fernando el tiempo pasado sí fue mejor. En términos simbólicos es la capital de la provincia de Colchagua; la entrada al valle; la ciudad que presta servicios, incluso fue fundada un año antes que Rancagua, pero actualmente es un lugar donde no hay un crecimiento armónico y eso es muy triste. A la gente le duele que esta ciudad se haya desarrollado de manera tosca, poco amable. Escucho a muchas personas que se sienten decepcionadas porque están perdiendo la ciudad que ayudaron a construir. Hay nostalgia de ese San Fernando antiguo”, explica.

Luego de revisar el material de Pedro Barboza Mardini, Alejandra digitalizó ciento veinte imágenes capturadas entre las décadas del cuarenta y el sesenta, y elaboró la ficha de cada una gracias al relato del autor. Este registro será parte de un archivo en el que convergerán ochocientas fotos tomadas en San Fernando por distintos actores sociales e incluye material tomado hasta fines de la década del setenta. Durante el segundo semestre, la historiadora del arte comenzará a revisar álbumes de instituciones sanfernandinas como la masonería local, el cuerpo de bomberos, el Club de Leones y el Rotary Club, además de imágenes guardadas por los dueños de negocios tradicionales como las tiendas Bisonte y  Ormeño y Ruiseñor y Compañía Limitada. En un proceso paralelo se reunirá con alrededor de trescientos adultos mayores quienes, en jornadas colectivas, aportarán fotografías y describirán sus recuerdos.

Para diciembre de este año está programado el  lanzamiento de la página web del proyecto y el material recopilado se difundirá a través de 10.500 postales. Posteriormente buscarán nuevos fondos para publicar un libro. “Estamos construyendo una arqueología de la memoria, del recuerdo, porque la historia cotidiana no es sólo la historia oficial. La historia de los pueblos es construida y pensada por las personas que habitan los territorios. Con este proyecto vamos a contar la historia de San Fernando”.

 

COMUNIDAD, PARTICIPACIÓN Y TERRITORIO

Antes de convertirse en la directora regional de la Fundación Procultura en la Región de O’ Higgins, Alejandra fue directora de la Casa Museo Lircunlauta de San Fernando. El edificio había permanecido cerrado durante cuatro años tras el terremoto del 27 de febrero de 2010 y a ella le tocó reabrirlo en enero de 2014. Era un territorio conocido: había sido su objeto de estudio para licenciarse como historiadora del arte en la Universidad de Chile.

“Cuando llegué, pensé: ‘¿cómo le damos vida a esta casa hermosa?’.  Entonces, dije: ‘que las personas la habiten, que le den vida y la disfruten’. Y así fue: la gente se apropió de los espacios y hasta ahora continúa igual, con muchas actividades generadas por la comunidad. Trabajé ahí hasta diciembre de 2016 y creo que ese fue mi pequeño legado, claro que no lo hice sola, más tarde llegó Karen Fuentes, una gran fotógrafa joven, y entre las dos desarrollamos el trabajo”.

Justamente en una de esas actividades comunitarias de la Casa Museo Lircunlauta, Alejandra dio a conocer a fines de mayo de 2018 el proyecto de memoria fotográfica de San Fernando. “Para el Día del Patrimonio instalamos un stand de Procultura y llevamos postales con fotografías de Chépica, donde ya se había creado un archivo. En un momento llegó un hombre y reconoció a su mamá y a sus tías en una de las fotos. Estaba muy emocionado y empezó a contar la historia de su familia. Fue un instante muy bonito”.

Comunidad, participación y territorio son tres palabras clave en el discurso de Alejandra, quien, además de sus funciones en Procultura, cursa un magíster en gestión del patrimonio cultural en la Universidad de los Andes.

“La fundación tiene una metodología para trabajar en los territorios. Por un lado, está el levantamiento patrimonial que permite hacer un diagnóstico y determinar qué necesita la gente y cuáles son las riquezas de las comunidades que no han sido potenciadas. Por otro lado, está el proyecto de patrimonio fotográfico, cuya gran fortaleza es la participación. Cuando hablamos de patrimonio nos gusta hablar de la puesta en valor de las personas, del trabajo con la comunidad de manera colaborativa, sin paternalismo. Con el tema de la fotografía generas una participación concreta. Es un gesto muy sencillo: vas a la  casa de las personas, digitalizas la imagen y recoges su relato. Es sencillo, pero profundo porque escuchas a aquellos que nos precedieron”, resume.

 

MÁS ÁLBUMES; MÁS MEMORIA

La memoria fotográfica de Chimbarongo es la próxima iniciativa que el equipo de Procultura, liderado a nivel nacional por la fotógrafa y gestora cultural Ilonka Csillag, quiere realizar en la región de O’Higgins. Alejandra acaba de presentar un proyecto Fondart para el período 2019.

“Acá no vamos a partir de cero. César Christensen donó su archivo fotográfico y ya tengo digitalizadas doscientas cincuenta imágenes. La más antigua data de 1920 y en ella se ve a un profesor con sus alumnos en una zona rural. Es un proyecto anhelado por muchas personas, especialmente por Miguel Lira, encargado de cultura de la municipalidad de Chimbarongo, quien está muy comprometido con esta idea al igual que el alcalde. Para ellos es un tema prioritario. El objetivo es rescatar ese Chimbarongo de la artesanía en mimbre, pero también su ruralidad”.

En medio de uno y otro trabajo para la Fundación Procultura, Alejandra ya definió su tema para el proyecto de título del magister que está cursando. Pretende poner en valor el archivo fotográfico del liceo Neandro Schilling de San Fernando, una institución de ciento sesenta años, cuyo edificio fue declarado monumento histórico, pero permanece cerrado desde el terremoto del año 2010.

“Hay unas fotos increíbles de principios del siglo XX, pero están en pésimo estado de conservación. En el año 2014 catalogué 845 fotos de diversos tamaños y fechas; la más antigua es del año 1923 de la fiesta de la primavera que se celebraba en la Plaza de Armas. Si bien el liceo es un monumento histórico, la declaratoria no protege los objetos que están en su interior, ya que no se incluyó el patrimonio mueble. De todo el patrimonio del liceo las fotos son las que están en mayor peligro por diversos factores de daño, como la suciedad y la humedad”, cuenta Alejandra quien también está postulando a fondos para financiar este trabajo de rescate, conservación preventiva, documentación y difusión.

Una vez que termine esa etapa, la investigadora también buscará aportes para inventariar los objetos del establecimiento. “Como no me puedo hacer cargo del edificio deteriorado, quiero hacerme cargo de lo que hay adentro, porque no se entiende el liceo sin sus objetos educativos, como los pupitres o los cubiertos que usaban los niños para comer. Todo eso en este momento está en peligro y lo quiero inventariar y catalogar para que no se pierda”, dice con perspectiva histórica y patrimonial.

 

 “Yo nunca he creído que todo tiempo pasado fue mejor, pero luego de ver las fotografías de Pedro Barboza Mardini parece que en San Fernando el tiempo pasado sí fue mejor”.

El registro será parte de un archivo en el que convergerán ochocientas fotos tomadas en San Fernando por distintos actores sociales e incluirá imágenes tomadas hasta fines de la década del setenta.

“Cuando hablamos de patrimonio nos gusta hablar de la puesta en valor de las personas, del trabajo con la comunidad de manera colaborativa, sin paternalismo. Con el tema de la fotografía generas una participación concreta”.

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