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EDICIÓN | Julio 2018

Del norte, para el norte

Raúl Portilla, Licancabur Servicios
Del norte, para el norte

Cuando este empresario nortino decidió dar el paso a la independencia, le escribió una carta a su mujer. Le decía que este nuevo desafío lo tomarían juntos, como familia, y le pedía seguir confiando en él, pues estaba seguro de estar tomando la decisión correcta. Hoy, diez años después, Licancabur Servicios es una empresa consolidada en la zona y se proyecta al futuro con paso firme, convirtiéndose en uno de esos extraños casos en que la realidad supera con creces hasta los mejores sueños.

Por Catalina Aparicio N. / Fotos Rodrigo Herrera

“Nacido, criado y malcriado en Antofagasta”. Así se define, con orgullo, Raúl Portilla Ormazábal, quien hace una década dejó su zona de confort y renunció a una ascendente carrera de casi veinte años en Minera Escondida, para tomar el hasta entonces desconocido camino de la independencia.

Se declara un amante empedernido del norte, donde hace treinta años formó su familia junto a Ivonne Silva, a quien considera “una compañera incondicional, el gran amor de mi vida, a quien jamás me cansaré de agradecer por el apoyo que me entrega en cada momento y en todos los proyectos y locuras que emprendemos como familia”, declara Raúl.

Sus hijos, Paula y Alonso, son sus grandes motores y espera que continúen la senda de trabajo y éxitos que ha cosechado en Licancabur Servicios, conseguidos a punta de trabajo y más trabajo.

 

¿Cómo nace la idea de independizarte y comenzar con tu propia empresa?

Cuando partí en minería, empecé desde abajo. Tenía apenas veintidós años y en la medida en que pasaba el tiempo, fui creciendo en lo profesional y ascendiendo posiciones. Llegué a ser supervisor de las plantas concentradoras. Ahí me di cuenta de que existía una necesidad que no estaba cubierta, una empresa de automatización que se diferenciara de las demás, y comenzó a rondar en mí la idea de la independencia.

Fueron dos años de imaginar muchos proyectos y, el año 2008, tomé la decisión. Ya había conversaciones internas en Minera Escondida, que me permitieron tirarme a la piscina del emprendimiento, y así comenzó todo. Además, soy un afortunado, pues pude empezar mi empresa con recursos propios, porque en la empresa existe el finiquito a todo evento, lo que me permitió invertir y tener un respaldo que me daba cierta holgura de tiempo.

 

¿Y cómo fueron los primeros meses?

Una semana después de retirarme ya estaba trabajando; no viajé ni tomé vacaciones, nada. Partí con un proyecto con una empresa contratista de fibra óptica y luego de eso ya no paré más. Hoy prestamos servicios a casi todas las mineras de la región.

 

¿Cómo fue ese cambio de pasar a ser dependiente a independiente?, ¿qué sentiste con tus primeros logros como empresario?

Fue un cambio de vida total, primero en lo personal, porque yo siempre había trabajado en faena; fueron muchos años de ausencia de mi casa. Mi esposa es quien se llevaba todo el trabajo y durante diecisiete años se hizo cargo de todo lo cotidiano. Y de pronto, empecé llegar todos los días a la casa, a “invadir” un poco ese espacio, esa rutina, y la verdad, fue un poco difícil al principio. Tuve que aprender a vivir en la ciudad y me di cuenta de lo impagable que es.  Jamás me he arrepentido de los años que trabajé y viví en faena, porque gracias a ello hoy puedo valorar mucho más otros aspectos, tanto en lo personal como en lo profesional. Siempre me fui tranquilo a trabajar, porque sabía que tenía a la mejor compañera y la mejor mamá, y eso mismo para mí fue el impulso de trabajar tantos años fuera de la ciudad, y al mismo tiempo fue el incentivo para comenzar con Licancabur. Ella, sin duda, ha sido el pilar fundamental para el logro de todo lo que hemos realizado.

 

En 2008 nace Lincancabur, ¿de dónde sale el nombre?

La idea siempre fue diferenciarnos de las otras empresas. Me puse a pensar qué y cómo lo iba hacer. Tenía claro, por mi experiencia, que lo mío era automatización de procesos. Hay muchas empresas que dan un servicio similar, pero son de otras ciudades. Cuando trabajaba como mandante ese era el principal punto débil: la falta de disponibilidad, tiempos de respuesta que no eran los óptimos. Entonces nosotros nos mentalizamos en ofrecer servicio a la minería, pero desde y para la región. Así que pensé en el nombre Licancabur, que es uno de los volcanes más importantes de la región, ubicado en San Pedro de Atacama, y es la representación del factor diferenciador que nosotros planteamos y por el que luchamos. Día a día, y con un trabajo de excelencia, damos la batalla contra el centralismo. Licancabur simboliza lo que siempre está presente, que es el mensaje que queremos transmitir a nuestros clientes. Si me necesitan, me subo a una camioneta y voy.

 

¿Cómo fuiste formando tu equipo?

Partí solo, por dos años, dando diferentes servicios. Después nos adjudicamos un contrato y necesité cuatro personas, las que además de la capacidad técnica, debían tener un pensamiento similar al mío en lo que se refiere a la entrega profesional. Se sumó Bianca, mi cuñada, que asumió como jefa de administración y con quien fuimos construyendo las bases de la empresa. Eso partió el 2011 y aún trabajo con parte ese equipo. Con orgullo podemos decir que hoy somos cincuenta y tres trabajadores, por lo que me atrevería a decir que de Santiago al norte, somos la empresa de automatización más grande de país.

 

¿Cómo fue integrar a tu hijo al equipo?

La llegada de Alonso fluyó muy natural. Yo pensaba que lo óptimo era que él desarrollara su carrera de manera independiente, para que adquiriera otros conocimientos que después pudiera aplicar con nosotros. Pero después de darle un par de vueltas, decidimos que se hiciera parte de la empresa. Su contribución ha sido valiosa, pues tiene una mirada más objetiva y un respaldo teórico importante. La experiencia técnica y el conocimiento del terreno, lo está aprendiendo ahora. Va a las reuniones conmigo y su principal misión es visualizar las brechas y oportunidades de mejora en los procesos administrativos y operativos, donde ha sido un gran aporte y me siento totalmente satisfecho con su trabajo.

 

Los cambios políticos y en la economía del país hacen que el emprendimiento vaya transformándose. ¿Cuál es tu mirada sobre el momento ideal de comenzar un negocio?

Cuando uno tiene su propia empresa, para lograr un acierto, se viven muchas derrotas y creo que es precisamente ahí donde hay que detenerse. Cada error hay que hablarlo, analizarlo, porque así aprendemos. Por ejemplo, si perdemos una licitación, queremos saber el porqué, para entender qué debemos hacer distinto, para no cometer los mismos errores. En mi caso, siempre quiero retroalimentación y ser transparente en decir “me equivoqué”.

 

LOS PROS Y LOS CONTRAS

Raúl inspira felicidad. Agradece la confianza que le entrega el equipo Licancabur, donde dice sentirse un colaborador más. Para él, cada logro de un integrante de su equipo, es una satisfacción para sí mismo. “Cuando alguien que trabaja conmigo cumple un sueño, para mí es un logro porque siento que, de alguna manera, también creen en este proyecto”, señala.

A nivel personal nos cuenta que es un amante de la región, de los colores del desierto y, por lo mismo, le gusta viajar con su esposa, familia y amigos a San Pedro de Atacama o a la playa. Le gusta mucho manejar, la tierra, sentarse en una noche en el desierto y ver el cielo estrellado.

 

¿Cuál sería tu consejo como empresario para quienes están comenzando o para quienes tienen miedo de arriesgarse?

Creo que hoy en día a los emprendedores se les reconoce como motor de la economía y, por ende, existen muchas plataformas en que se entrega información y apoyo… ¡hasta ideas! Sin embargo, depende de cada uno marcar una diferencia. Sea el que sea el negocio, lo más importante es ponerle pasión y ganas.

 

¿Cuál es la parte difícil de trabajar en la industria minera?

Dentro de las complejidades que implica ofrecer servicios a la minería, creo que lo administrativo es, por lejos, lo que requiere un mayor análisis. Existen temas de seguridad y capacitación que son absolutamente necesarios, sin embargo, muchas veces hay exigencias que se convierten en un obstáculo para los proveedores locales, pues requieren mucho capital. Eso es una clara desventaja que no tiene relación con la capacidad técnica que esos pequeños empresarios pueden demostrar. Por otro lado, hoy cada empresa tiene sus propios estándares y si se unificaran, los procesos se simplificarían y, por ende, se podrían optimizar los costos. En este sentido, creo que sería un tremendo aporte que el Estado, a través del Ministerio de Minería o de la entidad técnica correspondiente, pudiera analizar este tema. Estoy seguro de que logrando cierta estandarización, los procesos serían mucho más eficientes, lo que no solo beneficia a los proveedores, sino a las propias empresas mandantes.

 

¿Un emprendedor nace o se hace?

Hay que tener carácter y prepararse. Cuando se quiere ser independiente es imprescindible hacer un profundo análisis de las propias fortalezas y debilidades, de manera de tener muy claro el ámbito en el que efectivamente podemos destacar, con bases sólidas y creciendo de manera sustentable. Las oportunidades siempre aparecen, pero hay que estar listo para tomarlas.

 

“Cuando uno tiene su propia empresa, para lograr un acierto, se viven muchas derrotas y creo que es precisamente ahí donde hay que detenerse. Cada error hay que hablarlo, analizarlo, porque así aprendemos”.

“Muchas veces hay exigencias que se convierten en un obstáculo para los proveedores locales, pues requieren mucho capital. Eso es una clara desventaja que no tiene relación con la capacidad técnica que esos pequeños empresarios pueden demostrar”.

“Tuve que aprender a vivir en la ciudad y me di cuenta de lo impagable que es.  Jamás me he arrepentido de los años que trabajé y viví en faena, porque gracias a ello hoy puedo valorar mucho más otros aspectos, tanto en lo personal como en lo profesional”.

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