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EDICIÓN | Julio 2018

Herederos del olivo

Solange y Rodrigo Treguear, dueños de Purolivo
Herederos del olivo

Aceitunas, pastas, tapenades y aceites de oliva de elaboración propia; exclusivos tés, mermeladas y cafés importados, son sólo parte de los productos con los que han conquistado al paladar de los chilenos. Una empresa familiar que comenzó en la industria olivícola, hace más de cuarenta años, y que se aventuró abriendo las primeras tiendas gourmet orientadas a este mundo.

Por María Inés Manzo C. / Fotografías Teresa Lamas G.

“Hemos vivido siempre del olivo. Gracias a este noble árbol nuestros padres pudieron formar su empresa y llevar adelante a nuestra familia”, cuentan orgullosos los hermanos Solange y Rodrigo Treguear mientras, conversamos en una de sus cafeterías de especialidad, ubicada en el centro de Viña del Mar.

Purolivo es la única tienda en Chile dedicada a la industria olivícola; con una inmensa variedad de aceitunas (negras, verdes, moradas, rellenas, descarozadas, etc.), pastas, aceites de oliva, tapenades, accesorios y diversos tipos de productos gourmet (bajo la marca Purolivo y Treguear). Además de un gran surtido de tés, mermeladas, condimentos, dulces, chocolates y cafés importados que llaman la atención por sus sabores, calidad y presentación.

Las tiendas se abrieron en 2010, pero la historia empresarial comenzó hace más de cuarenta años como productores y distribuidores de aceitunas a nivel nacional e internacional. “Nuestros padres —Juan Treguear y Jeannette Smith— son de Arica y a pocos kilómetros se encuentra un fecundo valle, famoso por la producción de aceitunas: el Valle de Azapa. Debido a los años difíciles que se vivían en el país, mi papá tuvo la necesidad de vender aceitunas y salir hacia Santiago. Al comienzo ellos tenían una parcela en Azapa, pero la distancia, las tarifas áreas y las dificultades de comunicación eran demasiadas. Finalmente empezaron a comprar a distintos productores de la zona, mientras se volvían a establecer. Así se instalaron en Jahuel (comuna de Santa María, San Felipe) y en La Cisterna (Santiago), donde actualmente se encuentran la producción y bodegas. Hoy Treguear Chile es una de las empresas más importantes en el rubro y sus hijos seguimos su legado”. 

¿Qué recuerdos tienen de esa etapa?

R: Más de alguna vez, después del colegio, acompañé en micro a mi papá a repartir bolsas de aceitunas a la feria y al Barrio Franklin; fue una experiencia muy bonita para mí y un modelo a seguir. Vi todo ese esfuerzo hasta que, poco a poco, fue creciendo la empresa.

S:  Recuerdo cuando ya estaban las bodegas y cómo mi mamá, y hasta hoy, ponía orden (ríe). Siempre jugábamos a la escondida entre los barriles de aceitunas. Mi papá es periodista y se hizo empresario, porque lo tenía en el alma. Desde que era muy chica me decía que quería tener un restaurante, porque mi abuela tuvo uno en Arica. Su sueño era seguir creciendo, tener emporios de aceitunas y hacer vivir una experiencia en torno a ellas. 

¿Cuándo se involucran ustedes y abren las tiendas Purolivo?

R: En los noventa, mi papá con un amigo agricultor, Isaac Baluarte, fueron a buscar nuevas alternativas de negocios e importó las primeras aceitunas rellenas. Así posicionó la marca Treguear en los supermercados. Pasaron los años y Purolivo nació a modo de protesta, porque esos mismos supermercados comenzaron a cobrar demasiado. La tasa anual de ingreso para una Pyme era impensada y eso no aseguraba la venta. Por ello, sus hijos lo animamos a abrir locales con nuestros propios productos.

 

GRACIAS A LA ACEITUNA

Los hermanos Treguear son cuatro y todos trabajan en la empresa, algunos viven en Viña y otros en Santiago. Maximiliano, en el área de producción, hoy está a cargo de la planta de Jahuel; Willy es ingeniero en alimentos y partió con la primera tienda de Viña y ahora ve la marca de tés Basilur. Rodrigo se encarga de la publicidad y marketing —y con apoyo de las administradoras y Solange—, también supervisa las tiendas Purolivo (Colón con Vespucio, Viña del Mar, Viña Mall) y el café de especialidad (Viña Café). Además, hace dos años, abrieron Purolivo Restaurant (La Dehesa), un proyecto que desarrolla Solange junto a su padre.

El mundo de la aceituna abarca mucho más que la negra y la verde, pero el chileno hace pocos años comenzó a atreverse a comerlas fuera de la empanada, la pizza o el pastel de choclo. Tenemos una variedad de más de cuarenta tipos de sabores, colores y tamaños… desde la Riviera a la Arbequina. De las rellenas, la clásica es la de pimentón rojo, pero hay con distintos tipos de quesos, almendras, apio, chorizo español o pescado. Las pastas también han cautivado, pues las procesamos y les incorporamos palmito, alcachofa, merkén, finas hierbas, nueces, etc.”, cuentan.

Purolivo es mucho más que una empresa…

S: Es muy bonito el símbolo del olivo, aguanta mucho tiempo sin agua y revive de inmediato. Es muy generoso, y de él no sólo proviene la aceituna, sino que el aceite de oliva, jabones e incluso de sus hojas se sacan esencias de té. Para nosotros significa historia, viajes, recuerdos por eso es el nombre de la empresa.

R: Mi papá siempre dice que hay que darle “gracias a la aceituna”, dignificar su consumo, porque por este fruto nos alimentamos todos, fuimos a la universidad y en él trabaja toda la familia.

Ustedes trabajan con un mix de  productos de elaboración propia e importación…

R: Así es, traemos de Grecia, España, Italia y Egipto, gracias a los viajes y a la cultura que adquirimos en nuestra casa. Buscamos productos distintos a los de ferias y supermercados.

¿Cuál es su sello?

S: Algo muy bonito es que en todas las tiendas se ha dado un ambiente bien familiar y cercano. Conocemos a las personas y a sus hijos, y siempre llegan nuevos clientes por el boca a boca. Por el lado comercial nos preocupamos de ofrecer productos gourmet a precios accesibles; con marcas internacionales y productores locales. Apoyamos a las Pymes y les damos facilidades.

¿Qué ha sido lo más difícil?

S: El año pasado fue un año difícil, especialmente para el retail que se vio afectado en todo el país. Fue la primera Navidad en que no nos fue como esperábamos, pero por suerte este año nos hemos ido recuperando. Esa crisis nos marcó, pero como familia la hemos ido superando.

R: Un hito que nos sorprendió también fue en la primera tienda, de Colón con Vespucio. Varias personas, sin conocernos, nos criticaban y decían ¡que cómo íbamos a colocar una tienda solo de aceitunas!, que nos iba a ir mal. Quizás pensaban que no era rentable, pero se equivocaron rotundamente.

Pero hay un cambio de mentalidad…

S: Sí, la gente se está informando acerca de lo que come, están más preocupados por la salud. En vez de comer un chocolate grasoso, prefieren un snack de un cuarto de aceitunas. En el coctel se ha ido cambiando la papa frita por la pasta gourmet… incluso los niños llegan pidiendo aceitunas como si fueran dulces. Eso es muy gratificante y parte de una dieta mediterránea que todos deberían tener.

 

PASIÓN FAMILIAR

“A nivel de fábrica hay empleados que están hace treinta años con nosotros, incluso padres e hijos. Ellos nos han acompañado en las buenas y las malas; y nos hemos convertido en una gran familia en torno al olivo. Nos conocemos de toda la vida. Asimismo en los locales trabajan alrededor de cuarenta personas, quienes han sabido transmitir nuestro conocimiento y pasión. A todos ellos les agradecemos su compromiso y confianza”.

¿Cómo nace el restaurante?

S: Ninguno en la familia es chef, pero todos somos buenos para comer y era el sueño que le faltaba a mi papá, por eso se motivó y cursó talleres de cocina. Cuando abrimos la tienda gourmet en La Dehesa, había muchas oficinas y se nos ocurrió hacer sándwiches. Por ejemplo de jamón serrano, aceite de oliva y pasta de aceitunas, a pedido del público nos fuimos agrandando, incorporamos ensaladas y platos caseros en esa misma línea.

¿Van a replicarlo en Viña?

R: Hemos tenido muy buena acogida desde que abrimos. Es una de nuestras ideas, pero no a corto plazo; queremos seguir mejorando la experiencia en Santiago. Por eso primero abrimos el café de especialidad en la Galería Somar de Viña, tenemos cafés del mundo, una rica cafetería y té Basilur, pues somos los representantes oficiales de Chile.

El mundo del té también es fascinante…

S: Sí y en Chile falta mucho por aprender. Yo soy somelier de té, estudié en Argentina y me especialicé en Argentina y hoy me encargo a todo lo relacionado a Basilur en las tiendas. Desde capacitaciones del personal a degustaciones fuera, en colegios o ferias.

Además hacen catas de aceites…

S: Así es, queremos que la gente sepa lo que está consumiendo, qué beneficios tiene y cómo maridarlo. Por ejemplo, el aceite de zapallo es maravilloso para la gente mayor.

R: En Chile, a pesar de que somos un país productor de aceite de oliva, hay poco conocimiento. La gente no distingue si es de buena calidad o si está correctamente elaborado. También hay mucho mito, muchos creen que no es bueno para hacer frituras o cocinar; pero este es fundamental para la dieta mediterránea y se usa en todo. Aguanta más  el calor y tiene excelente propiedades. Uno de nuestros productos novedosos es una caja con seis mini botellas de aceites de oliva extravirgen desde la primera a la octava región de Chile (Frantoio, Leccino, Kalamata, Arbequina, Barnea y Coratiba), cada uno con propiedades diferentes y para distintos tipos de comidas.

Se parecen a los vinos…

Sí, es muy similar e interesante, también existen cepas y blends. En las catas más sencillas se puede captar mucho más rápido los aromas; si tienen mayor o menor humedad o si es un extravirgen.

¿En qué están ahora?

R: Estamos incorporando un nuevo concepto que se llama “Aceituning”, es decir una mezcla de sabores a través de la aceituna. Por ejemplo, son macerados con cáscara de naranja, limón, almendra, especies, que van generando sensaciones. También estamos por lanzar las aceitunas bajas en sodio.

¿Les han pedido hacer franquicias?

S: Sí, pero no queremos. Que te puedas encontrar con alguno de los dueños es un plus de las tiendas, ese cariño familiar y pasión por el olivo no lo puede transmitir otra persona. Además pensamos que aún queda mucho por hacer, ahora estamos pensando en la expansión a través de nuestra página web, mejorando la conexión y variedad para todo Chile.

 

“El mundo de la aceituna abarca mucho más que la negra y la verde, pero el chileno hace pocos años comenzó a atreverse a comerlas fuera de la empanada, la pizza o el pastel de choclo. Tenemos una variedad de más de cuarenta tipos de sabores, colores y tamaños… desde la Riviera a la Arbequina”.

“Algo muy bonito es que en todas las tiendas se ha dado un ambiente bien familiar y cercano. Conocemos a las personas y a sus hijos, y siempre llegan nuevos clientes por el boca a boca. Por el lado comercial nos preocupamos de ofrecer productos gourmet a precios accesibles; con marcas internacionales y productores locales”, Solange Treguear.

“En Chile, a pesar de que somos un país productor de aceite de oliva, hay poco conocimiento. La gente no distingue si es de buena calidad o si está correctamente elaborado. También hay mucho mito, muchos creen que no es bueno para hacer frituras o cocinar; pero este es fundamental para la dieta mediterránea y se usa en todo”, Rodrigo Treguear.

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