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EDICIÓN | Julio 2018
El fantástico viaje del Museo de Historia Natural de Valparaíso

 "Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos". J. L. Borges

¿Qué hace que un lugar sea mágico?, ¿la ilusión, la energía, el misterio? He frecuentado el Museo Historia Natural de Valparaíso en reiteradas ocasiones y cada vez que ingreso a él, no logro sacarme esas preguntas de mi cabeza.

Inserto en un lugar estratégico de Valparaíso, a pasos de la municipalidad, el Teatro Condell, la Plaza Victoria y la Galería Municipal de Arte, el museo se consagra como uno de los lugares a visitar de este, en palabras de Neruda, “puerto loco”. Imaginémonos parados en su entrada (si es necesario, cierre los ojos un segundo antes de seguir leyendo), siente la ciudad burbujeante, personas caminado, ruidos de micros, edificios antiguos. Luego, subimos la escalera del Palacio Lyon (que data de 1888), actual Museo Historia Natural de Valparaíso. Al subir, hallaremos una cafetería. Cada detalle de ella (cielo, ornamentos, pisos y comida) nos acercan más al cuento de Lewis Carroll que a una franquicia tipo Starbucks.

Continuamos nuestro camino y nos topamos con el hall de acceso, lugar donde se ubican las exposiciones temporales. He visto dibujos de naturalistas, fotografías patrimoniales, exposiciones educativas e interesantes objetos rescatados en hallazgos arqueológicos de la  zona. Al estar ahí, levanten la vista y admiren la construcción del techo, mezcla entre trasparencia y estructura.

Subimos la siguiente escalera y comenzamos un viaje inigualable por la exposición permanente denominada Biodiversidad de la región central. A través de su visita, podemos viajar sin viajar, soñar que estamos en el fondo del mar, que nos acercamos a las aves y a los animales marinos, sin ellos temernos. Olemos la naturaleza y admiramos la estructura de una semilla.

A través de su propuesta, la ilusión que plantea el Museo de Historia Natural de Valparaíso es de lo más sencilla, pero los humanos, nos esforzamos día a día a alejarnos de ella. Nos desconectamos cada vez más de nuestro entorno, dejando de reflexionar sobre lo evidente: el poco respeto que tenemos a la naturaleza. La museografía de este lugar nos invita a conectarnos con ella, a sentirla, a contemplarla y, por ende, a valorarla.

Solo dejo dos preguntas al lector, ¿cuántas aves chilenas puede nombrar?, ¿y cuántas marcas de autos? Saque sus propias conclusiones.

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