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EDICIÓN | Junio 2018

La belleza de Chile o un caso de Ouroborus

Leonardo Mellado González Académico Pedagogía Media en Historia y Geografía Universidad San Sebastián
La belleza de Chile o un caso de Ouroborus

¿Cuánto de nuestra belleza natural legaremos a nuestros hijos frente al a veces irracional progreso? ¿Hasta cuándo morderemos nuestra cola como el Ouroborus y atentaremos contra nosotros mismos y nuestra identidad?

La belleza natural ha servido como una forma, si no la más, de ensalzar las bondades de nuestro país. Ha sido ampliamente abordada en crónicas, canciones, poemas y narrativas varias, que van desde el propio Himno Nacional, pasando por el Poema de Chile de Gabriela Mistral, o en Cuándo de Chile de Pablo Neruda, constructos incontestables que nos hacen sentirnos habitantes, ni más ni menos, que de la copia feliz del Edén.

El propio Pedro de Valdivia exponía en sus cartas al rey: “Y para que haga saber a los mercaderes y gentes que se quisieren venir a avecindar, que vengan, porque esta tierra es tal, que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo. Dígolo porque es muy llana, sanísima, de mucho contento”.[1]

Una suerte de marketing turístico del siglo XVI, que no se diferencia en mucho a lo señalado en el diagnóstico del Plan de Marketing Turístico Internacional de Chile 2016–2018, generado por el Servicio Nacional de Turismo (SERNATUR)[2] en el que se reconoce, por ejemplo, que de “los productos turísticos: destacan el Enoturismo, Astroturismo junto con Cruceros y Navegaciones, por su crecimiento y potencial para abrir destinos de paisajes únicos y diferenciadores de Chile;”. Además, “la situación de posicionamiento es favorable a Chile, con elementos distintivos en cuanto a diversidad de experiencias en naturaleza, y con nuevos destinos emergiendo en notoriedad y oferta”. Para “vender” Chile se usa su naturaleza, variedad de experiencias y patrimonio como atractivos turísticos, y en relación a otros destinos de la región, la ubicación de los destinos chilenos es favorable.

Esto vuelve incontestable el hecho que el mejor marketing de nuestro país redunda en una percepción estética que define especialmente nuestro patrimonio natural. Entonces, aflora una preocupación expresada en la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), reunida en París, en diciembre de 1962, en su 12a reunión, en donde se redactó la “Recomendación relativa a la protección de la belleza y del carácter de los lugares y paisajes”.

Dicha recomendación, de más de cincuenta años ya, señala como causantes de estas amenazas el que, “en todas las épocas, la acción del hombre ha causado a veces daño a la belleza y al carácter de lugares y paisajes que constituyen el ambiente natural de su existencia”. En otras palabras, un progreso depredador y desenfrenado.

Esta preclara conciencia acerca del valor del patrimonio cultural y natural, sirvió diez años después, de inspiración a la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural de la UNESCO celebrada en París en 1972, la que fue ratificada por Chile por medio del decreto ley Nº 3.056, de 16 de enero de 1980.

Con todos estos antecedentes sobre la mesa y la depredación del que vemos sujeto nuestro bello paisaje, elemento de identidad fundacional de lo chileno, me pregunto ¿Cuánto de nuestra belleza natural legaremos a nuestros hijos frente al a veces irracional progreso? ¿Hasta cuándo morderemos nuestra cola como el Ouroborus y atentaremos contra nosotros mismos y nuestra identidad?



[1] Pedro de Valdivia, La Serena, 4 de septiembre de 1545

[2] (https://www.sernatur.cl/wp-content/uploads/2017/03/Resumen-Ejec-Plan-Marketing-Intl-2016-2018.pdf)

 

 

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