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EDICIÓN | Junio 2018

NO MÁS BASURA

Oscar Muñoz, fundador de Green Glass
NO MÁS BASURA

Está convencido de que el vidrio no es basura, sino una oportunidad de generar nuevos productos, ayudar a los recicladores de base y financiar campañas sociales que hagan aportes concretos. Se ha propuesto que cada vaso del mundo, sea de una botella. Para eso falta mucho, pero ganas de lograrlo, sobran.

Por María Jesús Sáinz N. / fotografías Andrea Barceló A.

En Chile se producen cerca de cuatro millones de botellas al día, pero solo el diez por ciento llegan a ser recicladas. Es demasiado el vidrio que termina en vertederos, contaminando. De ahí la lucha en la que Oscar Muñoz, fundador de Green Glass, ha estado por casi diez años.

Básicamente el negocio consiste en comprar botellas en los centros de reciclaje que beneficien a los recolectores más vulnerables de Santiago y convertirlos en vasos con diseños que se puedan comercializar. Lo hacen a través de la página web (www.greenglass.cl) o en la tienda del Drugstore en Providencia, pero también tienen una línea de comercialización para hoteles y restaurantes, y otra de regalos corporativos.

La idea parece genial y de hecho lo es, pero sus inicios no fueron fáciles, ni mucho menos rodeado de personas que creyeran en él. Ha sido más bien un emprendimiento nacido de una necesidad económica y una enorme convicción personal de hacer un aporte al planeta.

 

LOS INICIOS

Todo comenzó cuando un amigo le pidió que le cortara una botella para hacerse un vaso. Aunque en realidad empezó un poco antes, cuando era apenas un niño y sus padres, que hacen artesanía con vitrofusión, le enseñaron a cortar y pulir vidrios. El asunto es que Oscar Muñoz vio en ese primer vaso, cortado para un amigo, una oportunidad de negocio. 

Era el año 2009 y estudiaba ingeniería comercial. Como tenía un ramo que se llamaba Emprendimiento, quiso presentarle a su grupo de trabajo esta idea: reciclar botellas de vidrio, convertirlas en vasos y venderlas. Sin embargo, ni sus compañeros ni su profesor, creyeron en él. 

Oscar insistió con otro grupo, sacó el proyecto adelante, terminó vendiéndole vasos al mismo profesor y los compañeros que lo habían rechazado y comenzó, sin saber, con un negocio que hoy vende más de quinientos millones al año y que, por su enfoque hacia la ecología y lo social, lo tiene lleno de orgullo y realización.

Pero más allá de la empresa exitosa que es hoy, Green Glass fue durante muchos años su único sustento económico. "Vendía doscientas lucas al mes y con eso tenía que pagarle a David, que era quien me ayudaba con los vasos, y pagar la universidad. Trabajábamos con malas máquinas, no tenía plata para diseñador ni ilustrador, iba a buscar todas las botellas y despachaba todos los pedidos. Por cinco años fue así”, recuerda.

 

¿Y en que minuto pasa a ser algo grande?

Es que no es un minuto. Son nueve años que llevamos y los primeros tres fueron tiempos económicamente súper difíciles. Estaba estudiando, no tenía tiempo para nada, me iba mal en los ramos, me endeudaba. Para mí era frustraste ver que ni todo lo que mi negocio vendía, y yo dando el ciento por ciento, alcanzaban para pagar el CAE de la universidad.

 

¿Cuándo viene el cambio?

Postulábamos a los concursos y no ganábamos. Luego de insistir tres años, ganamos un fondo Sercotec y con eso compramos una máquina americana para pulir vidrio. Empezamos a hacer cinco veces más vasos; mayor calidad, más rápido y a menos costo, porque hacíamos más. Eso cambió mi vida. Fue una pequeña máquina que hizo que pudiera tener un poco más de lucas. Pude subirle el sueldo a David, y me compré unos zapatos y unos pantalones bacanes, porque siempre andaba muy haraposo.

 

O sea, hay que hacerle un reconocimiento a los fondos concursables…

Totalmente. Con esa poca plata, un millón y medio, nos cambió la vida. Después otro año ganamos dos millones de un fondo de la Universidad Católica y con ese hicimos una máquina para derretirle los bordes a los vasos; nos demoramos mucho en hacerla, pero con eso el vaso empezó a tener terminado a fuego, mucho más bonito. Hasta que pudimos ganar un Corfo, que fueron 20 millones, y nos consolidamos.

Oscar dice que en los nueve años que llevan, han levantado treinta millones de financiamiento, pero sus ventas acumuladas son de cuatrocientos millones, generan veinticinco puestos de empleo, y pagan mucha más plata en impuesto de lo que han conseguido con los fondos. “Por eso una idea mía clave es que con poco, se puede hacer mucho, y que bacán por nuestro Estado, que invierte en los emprendedores que están dispuestos a devolver con impuestos, sueldos y productos, mucho más de lo que recibieron”.

 

EL APORTE SOCIAL

Si bien en países como Estados Unidos, Inglaterra o Sudáfrica, hay experiencias similares, reciclando vidrio, Oscar dice que en Green Glass tienen algo muy distinto que son sus valores y esencia. “Más allá de ser una empresa de vasos que corta botellas recogidas de los desperdicios, nosotros lo que tratamos de hacer es demostrar que el vidrio no es basura”.

 

¿Te duele ver tantas botellas en los vertederos?

Mucho. A mí me importa y preocupa el tema de la basura. Nosotros reconocemos que se botan quinientos millones de botellas al año solo en Chile. Imagínate que más de un millón de botellas de vidrio se van todos los días a la basura en nuestro país. A la gente no le importa y sabemos que vivimos en una sociedad que no valora el reciclaje, pero al mismo tiempo queremos demostrar con acciones concretas que el vidrio no es basura.

 

¿Siempre viste este emprendimiento como algo con un propósito más allá de lo comercial?

Siempre. Yo de niño me preocupaba mucho de que la gente tirara basura. Y sigue siendo así.  Me importa y que a la gente no le importe, me molesta. Por eso he querido hacerme cargo y no me canso de decir que reciclar es sexy, es cool y es bacán.

 

Además, están buscando un impacto social haciendo comercio justo…

Nosotros queremos valorar y reconocer el trabajo de cartoneros y recicladores de base, por eso compramos botellas en centros de reciclaje en Lo Espejo, La Florida y La Cisterna, que compran a recicladores.

En la página web presentan con fotos algunos de los recolectores y destacan que son ellos quienes limpian nuestras calles, reciclando chatarra, metales, cartones y vidrio; y que por eso cada botella es pagada “porque hay un trabajo detrás de ella”.

Sin embargo han querido ir más allá. Se han asociado con tres campañas específicas que quieren hacer un aporte muy concreto. “Animales fabulosos” es un pack de seis vasos que donan una risoterapia a un niño que está luchando contra el cáncer, sometido a quimioterapia y trasplantes de médula, en el hospital Luis Calvo Mackenna. “Cada vez que vendemos un pack, donamos una hora de juegos para los niños, o dicho de otra manera, cada pack que te llevas a tu casa, va a hacer que un payaso vaya una hora a jugar con los niños", explica.

También tiene una asociación con el Observatorio del Acoso Callejero, con quienes hicieron una colección con ilustraciones de grandes mujeres y que, al compararlo, aportan a dar charlas en colegios vulnerables para mitigar el acoso y cambiar la cultura; y un pack con diseños de árboles nativos que cada vez que alguien lo compra, la Fundación Reforestemos planta un árbol. 

Para el futuro quieren seguir buscando asociaciones que les permitan tener impacto social y ver la posibilidad de internacionalizar su emprendimiento. De hecho, los usuarios de Shopify, que es una plataforma de e-commerce, los eligieron entre seiscientas mil empresas, para participar en un documental junto a otros nueve emprendimientos de todo el mundo, que busca promover las iniciativas que tengan propósito. Estará en Netflix el próximo año y esperan que tenga muchas visualizaciones para fomentar la cultura del reciclaje y motivar a otros emprendedores a buscar iniciativas que contribuyan al mundo.

 

“Más allá de ser una empresa de vasos que corta botellas recogidas de los desperdicios, nosotros lo que tratamos de hacer es demostrar que el vidrio no es basura”.

“Imagínate que más de un millón de botellas de vidrio se van a diario a la basura. A la gente no le importa y sabemos que vivimos en una sociedad que no valora el reciclaje, pero al mismo tiempo queremos demostrar con acciones concretas que el vidrio no es basura".

“Yo de niño me preocupaba mucho de que la gente tirara basura. Y sigue siendo así.  Me importa y que a la gente no le importe, me molesta. Por eso he querido hacerme cargo y no me canso de decir que reciclar es sexy, es cool y es bacán”

“Cada vez que vendemos un pack, donamos una hora de juegos para los niños, o dicho de otra manera, cada pack que te llevas a tu casa, va a hacer que un payaso vaya una hora a jugar con los niños con cáncer”.

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