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EDICIÓN | Junio 2018

RESCATANDO LAS RAÍCES

Claudia Hurtado, Artesanías de Chile
RESCATANDO LAS RAÍCES

Hacer propia la artesanía y enaltecerla, ese es su objetivo de vida. Una mujer que desde siempre ha sido una embajadora de lo nuestro y que hoy llega a la fundación Artesanías de Chile para difundir no sólo el producto, sino que todo el proceso que hay detrás.

Por Carolina Vodanovic/ Fotos Andrea Barceló

De niña, veraneaba en Cauquenes, muy cerca de Pilén, y se escapaba para ver cómo las alfareras trabajaban la greda. Conoció el oficio y aprendió a hacer canastos vendimiadores, pues, en la zona, su familia tenía una viña. Claudia Hurtado, directora ejecutiva de Fundación Artesanías de Chile, siempre tuvo contacto con el campo y reconoce que la artesanía ha sido fundamental en su vida. “Forma parte de lo que siento, de lo que pienso y hablo. Tiene que ver con mi historia de chilena, con mi conexión con la tierra, con identidad y tradición, y con todo lo que significa ir traspasando el oficio de generación en generación, algo que, sin duda, te vincula con tus antepasados”.

Estudió Pedagogía en Historia pero jamás ejerció: “todos mis trabajos —porque he sido una amalgama de actividades—, han estado relacionados con esto; es mi objetivo de vida… Desde esa mirada, llegar a la fundación ha sido un proceso lógico, toda mi vida he hecho terreno; he convivido, compartido y conocido el mundo artesano, es parte de mi gran familia”.

Directora ejecutiva de esta entidad privada, que pertenece a la Red de Fundaciones de la Dirección Sociocultural de la Presidencia de la República, presidida por la Primera Dama, Cecilia Morel, hoy agrupa a más de 2.100 artesanos que trabajan desde la excelencia, a lo largo de todo Chile. “Llegué a una fundación consolidada, con un grupo humano que trabaja de maravilla, y donde cada una de las administraciones anteriores ha ido poniendo su granito de arena. Probablemente lo que yo vengo a hacer es mostrar toda esta maravilla, porque la artesanía es de todos los chilenos y hay que difundirla desde el gran valor que tiene, no sólo mostrar los productos, sino también los procesos que hay detrás”.

Con más de dieciocho mil piezas, que van desde lo textil —cuyos artesanos representan el ochenta por ciento de la fundación—, pasando por la orfebrería, cestería, talabartería, alfarería, cerámica, madera, piedra y metales, la entidad comercializa sus productos a través de las seis tiendas que posee a lo largo de Chile y de su página web http://shop.artesaniasdechile.cl.

 

¿Cómo se escogen los artesanos que trabajan con la fundación?

Los artesanos llegan con sus productos y aquí existe un comité calificador de cuatro personas que vienen del mundo especializado. Ellos hacen la curatoría de las piezas y sugieren mejorar algunos aspectos o ajustarse a ciertos estándares para que ingrese la pieza. Además, los artesanos pueden entrar por medio de dos concursos: “Artesanos Sello de Excelencia” y “Artesanos Sello Indígena”. Claro que nuestro fondo de compra es limitado; en Chile hay siete mil quinientos artesanos registrados y en la fundación trabajamos con dos mil cien. Nosotros no tenemos los recursos para comprarles a todos. Compramos y pagamos al artesano en el momento en que mandamos a hacer la pieza, no somos retail, hay un especial cuidado en eso.

 

¿Se preocupan también de fijar un precio justo?

Nosotros somos comercio justo, tenemos la certificación, y ayudamos al artesano a ponerle el precio que corresponde a la pieza. Antes, el que se llevaba el mayor porcentaje era el intermediario, compraba barato y vendía caro. La mala paga y el poco reconocimiento hizo que las nuevas generaciones no quisieran seguir en esto. Ahí se cortó un eslabón y nosotros estamos reconstruyéndolo, fijando el precio que corresponde y buscando que los artesanos tengan distintos canales de comercialización.

“El precio de una artesanía, para alguien que no conoce, puede parecer caro, pero en cuanto se entera de todo el proceso productivo que hay detrás, entiende por qué tiene ese valor… Son piezas únicas, hechas a mano, que nada tienen que ver con la producción en masa”.

 

REPENSANDO LA ARTESANÍA

Y es que si bien antes la artesanía era funcional y formaba parte del proceso de vida —se hacía el llepu, cesto de origen mapuche, con el objetivo de aventar el cereal—, hoy debemos llevarla a lo contemporáneo. “Tenemos que entender que los artesanos no son máquinas productivas, que no pueden vivir exclusivamente de vender, sino que deben generar experiencias en los mismos lugares donde viven. Que los turistas puedan ir a ver cómo trabajan, y que el artesano esté dispuesto a abrir sus puertas y su conocimiento”.

Para eso la fundación propicia un “turismo experiencial” y está desarrollando alianzas. “Queremos mostrar al artesano desde lo más puro, que ellos puedan acoger a personas que estén interesadas en conocerlos y aprender de su oficio. En Chiloé nos hemos asociado con Smartrip y ellos han hecho un trabajo de excelencia con la parte turística. Hoy estamos, además, en un proyecto muy lindo con INDAP, que se llama “Patagonia Verde” y queremos instaurarlo en los hoteles”.

 

¿Cómo piensan acercar la artesanía a todos los chilenos?

Es vital, y es ahí donde queremos enfocar. La artesanía es completamente transversal y tenemos que ver cómo posicionarla para que el chileno diga nosotros no somos solo vino y salmón. Queremos hacer una importante campaña vial de identidad y mostrar, por ejemplo, el rostro de los artesanos, con nombre y apellido, junto con la artesanía que desarrollan. Asimismo, nos hemos propuesto crear una escuela de oficio, dejar algo en que tú cohesiones, porque los artesanos viven desperdigados y si generas un polo de desarrollo ellos se fortalecen, y desde ese lugar puedes mostrarlos con mucha más fuerza.

Con la finalidad de llegar a distintos públicos Fundación Artesanías de Chile estableció una alianza con Casa Costanera. “Para el día de la madre hicimos una primera muestra experiencial, “Madres Ancestrales”, y se vienen tres más durante el año. Realizamos una venta con curatoría y lanzamos junto a la artesana atacameña, Eva López, su colección textil. Mostrábamos el proceso productivo, desde el vellón hasta la pieza terminada, y luego ofrecíamos la experiencia, cada quien podía hacer una borla (pompón atacameño). La idea fue mostrar todo el proceso, hasta cómo se luce el tejido, y complementamos la muestra con artesanía en crin y orfebrería mapuche, ¡ la fusión fue perfecta!”.

A fines de agosto planean presentar “Chiloé”, luego vienen “Valles de Chile” y a fin de año, una muestra con diseñadores y decoradores. “Hoy está la sensibilidad de elegir nuestra piezas y proponer espacios que tengan que ver con nosotros, que hablen de Chile.”

Todo esto como antesala a una tienda que esperan abrir en el centro comercial, y que funcionará como un lugar de co-working, donde los amantes de la artesanía podrán ir a trabajar.

“La idea es que todos seamos embajadores de la artesanía, que cada pieza tenga un nombre y sepamos quién la hizo. Creo que es importante sumarle diseño y contemporaneidad a los productos; tener, por una parte, artesanía tradicional de excelencia, pero también piezas que tengan un nuevo aire. Queremos hacer líneas de trabajo y que exista una labor de coautoría con los artistas, “un artista, un artesano”…. Tenemos que hacer propia la artesanía y mostrarla, lo que no se ve, no existe; yo vengo aquí a sumar, tenemos un trabajo de piezas maravilloso y necesitamos mostrarlo.

 

“La artesanía forma parte de lo que siento, de lo que pienso y hablo. Tiene que ver con mi historia de chilena, con mi vínculo con la tierra, con identidad y tradición…”.

“La mala paga y el poco reconocimiento hizo que las nuevas generaciones no quisieran seguir en esto. Ahí se cortó un eslabón y nosotros estamos reconstruyéndolo, fijando el precio que corresponde y buscando que los artesanos tengan distintos canales de comercialización”.

“El precio de una artesanía, para alguien que no conoce, puede parecer caro, pero en cuanto se entera de todo el proceso productivo que hay detrás, entiende por qué tiene ese valor… Son piezas únicas, hechas a mano, que nada tienen que ver con la producción en masa”.

“Tenemos que hacer propia la artesanía y mostrarla, lo que no se ve, no existe; yo vengo aquí a sumar, tenemos un trabajo de piezas maravilloso y necesitamos mostrarlo”.

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