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EDICIÓN | Junio 2018

Parques industriales y empresariales: una necesidad histórica

Por Rodrigo Moreno Jeria
Parques industriales y empresariales: una necesidad histórica

Cuando Valparaíso se transformó en el epicentro económico de Chile en el siglo XIX, una de las grandes necesidades fue establecer espacios que posibilitaran la instalación de centros productivos en la zona.

Así, por ejemplo, el Almendral fue un hito empresarial en donde múltiples actividades industriales y comerciales hicieron de Valparaíso un referente nacional. Pero llegó un momento en que ya no había espacio en el plan de la ciudad puerto, y por ello, se buscó un nuevo parque industrial en el cerro Placeres, proyecto que no prosperó en el tiempo.

Luego le siguió Viña del Mar, que fue un polo industrial relevante, en especial, los sectores costeros como Caleta Abarca, y desde Ocho Norte hasta la recta Las Salinas, sin olvidar la recordada planta de la CRAV.

Pero avanzando en el siglo XX, otros centros industriales se consolidaron, como El Salto, un epicentro que marcó la grandeza empresarial del Gran Valparaíso. Sin embargo la crisis que se comenzó a notar de forma evidente en los años ochenta, mostró el comienzo del declive y que, lamentablemente, afectó a toda la provincia. Desaparecieron o migraron a la capital históricas empresas de Valparaíso, Viña del Mar y Quilpué, y los centros empresariales iniciaron su decadencia, siendo más visible el Almendral y Viña del Mar, esta última convencida de que en el turismo estaba el futuro.

Pero no todo desapareció. Algunos, principalmente empresas familiares con profundo arraigo en la zona, permanecieron. Y, además, nuevos tiempos en la década siguiente posibilitaron el nacimiento de otros emprendimientos. Algunas empresas regionales, en proceso de crecimiento, optaron por permanecer en la región, para lo cual se establecieron en lugares estratégicos. Así ocurrió en Casablanca, Reñaca Alto, Quintero, Quillota y en Curauma, aunque en este último sitio, su posición estratégica permitió que incluso algunas empresas extranjeras la eligieran como el espacio indicado para establecer sus centros productivos. De hecho, hace pocos días una importante empresa alemana arribó a dicho parque, confirmando las buenas perspectivas del lugar; una muy buena noticia para toda la provincia, por el impacto laboral y la calidad de los empleos que se ofrecen.

Pero también está Gulmué, en Concón, otro polo de desarrollo que ha ido aportando silenciosamente al crecimiento económico de la región. Cercano a otro centro histórico, el entorno industrial de la Refinería Aconcagua de ENAP, su crecimiento ha permitido la instalación de empresas que van desde la ingeniería, transportes especializados y alta tecnología, por citar algunos. Quilpué también ha avanzado. Su parque industrial, ya consolidado, alberga empresas históricas de la región que hoy desde allí sirven a todo el país y también Limache pretende ofrecer espacios que vayan en la misma dirección. Quillota, como ya se mencionó, forjó un parque especializado que también ofrece una alternativa para desarrollar la actividad económica empresarial que beneficia a toda la región.

Y el histórico El Salto ha vivido tiempos de transformación, pero que le han rehabilitado como un polo de atracción, que esperamos siga creciendo en el tiempo.

En definitiva, lo que aquí mencionamos en un pequeño recorrido histórico, con algunos ejemplos, nos debería hacer tomar conciencia de la importancia de generar espacios de desarrollo. Nuestra zona no puede renunciar a su condición empresarial, lo fue históricamente, y gracias a ello forjó buena parte de lo que hoy admiramos. 

 

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