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EDICIÓN | Junio 2018
Las investigaciones de Jorge Young

“Mi pintura se funda en sus propias cualidades, no es una ilusión, tampoco una alusión. Este es un trabajo motivado por los elementos que le son propios, es la articulación de un lenguaje que no nombra, sino que comparece”. J. Young.

Jorge Young fue mi profesor de pintura. Durante nuestras estadías, él como profesor, yo como aprendiz, conversamos largamente sobre el color, su relación con la realidad y con el  mundo de la pintura, pero también sobre la búsqueda del ser humano. Creo que de esa manera puedo definir la obra de este pintor viñamarino: a través del proceso creativo busca conectarse con la esencia de la pintura, del color y del ser interior. La pregunta que me nace hacer es ¿por qué usa color y la abstracción con esta finalidad?

Como fenómeno, el color es la percepción visual que se genera en el cerebro humano al interpretar señales nerviosas que distinguen diversas longitudes de onda. Es un fenómeno subjetivo que varía según la luz del ambiente y la distancia a la que nos encontramos del objeto observado. Desde la antropología, el color es vital en la construcción de la cultura, por ejemplo, el uso del color en trajes étnicos o en el caso de la tradición occidental, el blanco como identificador de pureza y el rojo, de peligro o pasión. Desde la plástica (obra de Young) es fascinante el estudio que se hace del color, analizándolo desde simetría, las formas, los formatos y las conexiones entre técnicas (pintura y proyección). 

Dentro de las obras expuestas, encontramos “rotomototondos” (roto por rotar; moto por mover y tondo que es el nombre de las pinturas redondas), pinturas circulares y animaciones digitales que se proyectan sobre ellas. El color se expresa y los círculos se superponen, generando nuevas áreas, tonos, contrastes. Los círculos se multiplican, los colores también. Se genera una sensación de movimiento, de ciclo continuo, de girar.

Se exhiben también “pliedros”, obras que investigan el repliegue y el reflejo de las partes a través de sistemas de simetrías implícitas. El artista investiga, a través de pliegues superpuestos, el color y las formas que lo contienen, reflexionando sobre la contemplación activa de una idea, interrogando su más íntima estructura, su genética.

Curada por la historiadora del arte María Pedrina, la muestra vincula el espacio físico, La casa de la composición Matta 365 (para visitar, llamar al 32-2493384), mágico lugar, donde se respiran notas musicales, creación contemporánea y trabajo junto al territorio con la creación en artes visuales. El concepto que conecta al espacio con el artista es lo constructivo-creador. La exposición se monta desde lo cotidiano, con un sentido no-galería, no-museo.

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