Tell Magazine

Entrevistas » Mundo Empresarial

EDICIÓN | Mayo 2018

LAS PROTECTORAS DE LA PALMA CHILENA

Patricia Mansilla Steinmeyer y Marcela Angulo Mansilla
LAS PROTECTORAS DE LA PALMA CHILENA

La Hacienda Las Palmas de Cocalán está ubicada en la comuna de las Cabras y es considerada uno de los palmares más grandes del mundo. Allí, la familia Mansilla se ha dedicado, desde la década del sesenta, a conservar y multiplicar la palma chilena, especie nativa declarada en la actualidad como vulnerable. Por más de tres décadas trabajaron en silencio, pero desde el año 2017, Patricia Mansilla Steinmeyer y su hija Marcela Angulo Mansilla, decidieron dar a conocer su labor de preservación, que incluye la producción sustentable de miel de palma.

Por: Verónica San Juan /Fotografías gentileza

Una información difundida entre julio y agosto de 2017 alertó a la familia Mansilla, propietaria desde la década del sesenta de la Hacienda Palmas de Cocalán, y fabricante de la tradicional “Miel de Palma Cocalán”. La noticia indicaba que la CONAF había clasificado la palma chilena como una especie en peligro de extinción. A través de un decreto, CONAF había enviado una solicitud al Comité de Clasificación de Especies del Ministerio del Medio Ambiente, instancia que debía confirmar o descartar la nueva condición de la especie que, hasta ese momento, era considerada en estado de vulnerabilidad.

Tres factores justificaban la medida: la extracción desmesurada de la semilla o coquitos; la presencia de ganado que se alimentaba de las plantas pequeñas y que no permitía la renovación de la palma, y los incendios forestales que perjudicaban el bosque que acompañaba a las palmas. Pero había un componente de la clasificación que Patricia Mansilla Steinmeyer y su hija Marcela Angulo Mansilla no podían obviar: la determinación se basaba en un estudio que incluía sólo al Parque Nacional La Campana, ubicado en la Región de Valparaíso. La Hacienda Palmas de Cocalán, situada en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins y considerada uno de los palmares más grandes de Chile y del mundo, no había sido evaluada.

“Siempre fuimos muy silenciosas en relación con nuestro trabajo”, comenta Marcela Angulo Mansilla, gerente de marketing y desarrollo de la empresa Miel de Palma Cocalán. “Mi mamá lleva veinte años a cargo de la hacienda, y siempre ha sido muy cautelosa y de bajo perfil. Ella es una gran luchadora y ha tenido mucha energía para trabajar por esta causa; desde los años ochenta plantó y plantó palmas; llevó palmas nuevas al palmar, armó viveros, y lo hizo de manera silenciosa hasta el año pasado, cuando se anunció que la palma sería declarada en peligro de extinción. Sin desconocer el trabajo de CONAF, las cifras que se manejaban correspondían a los años ochenta. En ese momento acabábamos de sacar un producto nuevo, Cocalán Stevia, y las promotoras, de vez en cuando, eran increpadas en los supermercados. Había personas que les decían: ‘por culpa de ustedes la palma chilena se está extinguiendo’ o ‘ustedes están matando la palma’. Fue una alarma fuerte”, recuerda Marcela.

DE LA CONVICCIÓN A LA ESTRATEGIA

Reaccionaron inmediatamente. Primero realizaron una campaña por redes sociales y decidieron asistir a la Convención de Clasificación de Especies programada para agosto. Necesitaban comunicar que en el predio, conformado por 3 mil 650 hectáreas, nunca habían dejado de reforestar. También querían compartir algunas cifras: el  conteo realizado en los años noventa había arrojado cincuenta mil palmas adultas (de más de quince años); las plantaciones en los palmares sumaban más de treinta mil, y las palmas más pequeñas ascendían, aproximadamente, a cincuenta mil, sin considerar la reproducción iniciada antes de los años ochenta que se había generado en los cerros. Les importaba explicar que, desde el año 2005, no se derribaban ejemplares y que la savia de la palma era extraída a través de una poda cuidadosa; que en ese proceso la savia caía gota a gota por un tiempo limitado y de esa forma la palma continuaba creciendo con fuerza.

Junto a un equipo de la productora que elabora los contenidos editoriales de la empresa, Marcela realizó un video en el que sintetizaba la labor que venían desarrollando en la hacienda donde, en 1878, se instaló la primera planta productora de miel de palma. “En un minuto de la grabación me senté entre dos palmas; necesitaba que me inspiraran para decir lo justo y pensé: por qué no hablan ustedes que saben mucho más que yo; ustedes son milenarias”, recuerda Marcela. Faltaban sólo cinco días para la convención.

“Fueron horas muy duras”, dice sobre ese día en que se sentó junto a los especialistas. “Casi todos estaban convencidísimos de que había que declararla en extinción. Cuando intervine les conté que desde la época de mi abuelo, René Mansilla Yévenes, y desde antes, cuando la hacienda era propiedad de la familia Mujica, el número de palmas había aumentado, pero como el crecimiento es lento nunca puedes decir con exactitud cuánto ha aumentado, y que, claramente, la multiplicación que veníamos haciendo iba a ser apreciada por cuatro generaciones más. Hablé más desde el corazón que desde las cifras técnicas”.  

Finalmente, la palma chilena no fue declarada en peligro de extinción.

QUE LA CONOZCAN, QUE LA VALOREN

Enseñar en los colegios es uno de los planes que tienen para el año 2019. “Nos vamos a enfocar en cómo la miel de palma está ligada —al menos en nuestra labor— con la multiplicación de la palma”, explica Marcela. También para el próximo año pretenden organizar paseos guiados a la hacienda. “Queremos que cierta cantidad de veces al año la gente se pueda inscribir para recorrerla, pero primero tenemos que capacitar a las personas que van a realizar ese trabajo. ¡Queremos hacerlo todo!”.

Ese propósito global incluye el conteo de las palmas. En la conmemoración de los ciento cuarenta años de la Hacienda Las Palmas de Cocalán, celebrada en abril pasado, coincidieron con el equipo de la CONAF regional en la necesidad de contabilizarlas. “Lo que propongo no es sólo saber lo que tenemos nosotros, sino que veamos cuánto tiene cada uno y lo sumemos como región; que se incluya la palmería de la Viña la Rosa que está al lado y las palmas que hay en el camino. Incluso en las plantaciones de choclos y en los viñedos se pueden ver algunas chiquititas, de unos quince años”.

El objetivo de la familia Mansilla es masificar la palma chilena y para ello se irán asociando con distintos viveros. Partieron con el jardín “La palma chilena” de Peñalolén. “Si vamos a dar a conocer la palma y sus características; si le vamos a enseñar a la gente cómo diferenciarla, y si estamos haciendo todo este plan, obviamente la gente va a querer comprarlas. Nos interesa que todo el mundo colabore con la multiplicación de la palma, por eso las vamos a vender a un precio asequible. Más adelante pensamos hacer un pack para obsequios corporativos. Puede ser un regalo muy noble, muy chileno. ¿Qué mejor que plantar una palma que va a vivir más de mil quinientos años?”.

Este plan de formación y masificación de la palma va acompañado de la consolidación de su línea de productos elaborados de manera ciento por ciento natural, sin gluten, libres de alérgenos y con certificación kosher. A la miel de palma tradicional envasada en diversos formatos y con algunas variaciones como la preparada con fructosa o la realizada con estevia, se sumará este año “Dulce Martina”, un manjar vegano creado por Marcela que lleva el nombre de su hija de cinco años.

“Mi hija nació con alergia alimentaria no sólo a los lácteos o a la soja, sino que también a los aditivos y a todo lo animal y por eso nos hicimos veganas. Como no sabía qué hacer fui descubriendo recetas y la miel de palma fue un tremendo recurso porque es libre de alérgenos comunes. Para los cumpleaños no sabía qué comprar y lo que me salvó fue la miel de palma con leche de coco: cuando la mezclas y llegas al punto justo, resulta un manjar exquisito, con un sabor medio caramelizado y con el color que le da la miel”, explica.

“Quisimos dar una alternativa a esas personas que viven lo que yo viví con mi hija hasta hace poco. Me emociona hablar de Dulce Martina: yo llevo las palmas en el corazón y me emociona que la miel de palma me haya ayudado a alimentar a mi hija. Cuando aparezca este producto me va a llenar el alma, porque voy a sentir que estoy ayudando a mucha gente, no sólo a los niños con alergias alimentarias, sino que también a las personas con dietas especiales o intolerantes a la lactosa y a los veganos. Esta ha sido mi cruzada más profunda porque viene del amor de madre. Es un producto muy gratificante porque sientes que le estás haciendo un gran bien a una parte de la sociedad que lo está pasando mal. Hay que generar nuevos productos; hay que volver a lo natural, a las raíces, y recuperar las cosas que dejamos y que eran las más valiosas”. 

 

“Mi mamá lleva veinte años a cargo de la hacienda, y siempre ha sido muy cautelosa y de bajo perfil. Ella es una gran luchadora y ha tenido mucha energía para trabajar por esta causa”.

“Si la gente se va en contra de la miel de palma nosotros no podremos seguir multiplicándola, ni reproduciéndola, ni cuidando este campo maravilloso. Queremos dejar un legado y por eso decidimos salir del silencio sin marcha atrás”

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación6+3+1   =