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EDICIÓN | Mayo 2018

DESASTRES NATURALES Y PATRIMONIO

Eliana Urrutia Méndez Académica Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad San Sebastián
DESASTRES NATURALES Y PATRIMONIO

Muchos eventos sísmicos han marcado la historia de la ciudad de Santiago y de todo el país, destruyendo y reconfigurando el paisaje y el patrimonio que lo constituyen, pero también dando ejemplo notable de resiliencia y creatividad que se han plasmado en más y mejores estándares de calidad constructiva y preventiva, así como de técnicas de restauración.

El patrimonio cultural se constituye a partir de un proceso social y cultural de atribución de valores, funciones y significados, por consiguiente, no se funda como algo dado, sino más bien es el producto de un proceso social, que da continuidad e integra identidades en torno a estas representaciones.

Hace unos días, un grupo de historiadores y profesionales ligados a las comunicaciones presentaron el sitio web País Vulnerable, espacio virtual “que busca dar cuenta de investigaciones de catástrofes históricas basadas en los cuatro elementos, la tierra, el agua, el fuego y el aire, y que pueden ayudar a tener una visión de cómo suceden los hechos para llegar a ser Catástrofes”.

Testimonios documentales e iconográficos han dejado huella de tan destructivos eventos, mismos que hoy forman parte del patrimonio nacional, pero también de la fuerza de quienes tuvieron la tarea de reconstruirlo. Así, por ejemplo, cuando Santiago estaba en sus inicios, un mensaje del oidor de la Real Audiencia, Lope de Azócar, al rey, en agosto de 1580, daba cuenta de un terremoto de gran magnitud “tembló la tierra en esta ciudad grandemente y duró el temblor casi media hora, derribó algunas casas y todas en general recibieron muy grande daño”.

Situación similar décadas más tarde sería relatada en cartas que daban cuenta de un sismo de catastróficas características; me refiero al terremoto del 13 de mayo de 1647, evento telúrico que transformó la imagen de Cristo crucificado de los padres agustinos en un referente simbólico de dicho desastre. El Señor de Mayo, como ha sido llamado, fue un testigo silente de los estragos materiales y humanos que quedaron. Su duración (tres a cuatro minutos), su magnitud y alcance (450 kilómetros) tuvo consecuencias muy severas “que son más de 80 leguas sin dejar templos, conventos ni edificio que no asolase y derribase”, señalaba Miguel de Lerpa. Los relatos nos indican, además, que la ciudad de Santiago se transformó, por algún tiempo, en una suerte de campamento.

El impacto sobre la población fue profundo, sin embargo, en medio de la desolación, la muerte y la devastación, la figura sangrante de aquel Cristo recorrió en procesión dando auxilio espiritual y constituyendo un rito presente hasta nuestros días y que se ha transformado en parte del patrimonio material e inmaterial de la ciudad de Santiago.

 

Muchos otros eventos sísmicos han marcado la historia de la ciudad de Santiago y de todo el país, poniendo en riesgo la vida de las personas, destruyendo y reconfigurando el paisaje y el patrimonio que lo constituyen, pero también dando ejemplo notable de resiliencia y creatividad que se han plasmado en más y mejores estándares de calidad constructiva y preventiva, así como de técnicas de restauración cuando ello ha sido requerido. Así pues resulta notable, el trabajo de rescate del mural del pintor Pedro Lira Curación del endemoniado, que fuera parte de la capilla del Hospital Siquiátrico de Santiago y que tras el terremoto de 1985, quedara severamente dañada, incluso inhabitable.

El mural, por su parte, fue rescatado gracias a un proyecto financiado por la empresa privada y trasladado a las dependencias de la sede episcopal de la Vicaría General Castrense en la comuna de Providencia. Si bien este evento de reciente ocurrencia, bajo el prisma de un historiador, excede los límites temporales del análisis, no obstante, en lo que respecta al tratamiento del patrimonio, constituye una superación de su materialidad y la clara necesidad de conservar aquello que forma parte del legado del pasado.

Para algunos la discusión pudiere estribar en los tecnicismos de la conservación, la restauración e incluso del propio valor patrimonial, reconocido institucionalmente, sin embargo, resulta relevante preguntarse por el valor de la conservación de edificios, obras de arte, obras de ingeniería civil de valor patrimonial, que van más allá de la pérdida material, pues constituye un elemento de valor simbólico.

 

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