Tell Magazine

Entrevistas » Mujer

EDICIÓN | Mayo 2018

PURO AMOR

Beatriz Castro, directora Comunidades de Techo
PURO AMOR

Corre todo el día entre Santiago y Viña del Mar. Dirige Comunidades de Techo para todo el país y es la monitora del campamento Felipe Camiroaga en la Región de Valparaíso. Una mujer que conmueve porque sale de su zona de confort, se entrega a los más necesitados y se siente completamente privilegiada.

Por Carolina Vodanovic/ Fotos Mariela Sotomayor/ Maquillaje Daniela Jerez

Linda, dulce, carismática, muy empática, así es Beatriz Castro, la Tati, una mujer de cincuenta y tantos, tecnóloga médica, madre de tres hijos y dos nietos, quien hace poco más de diez años encontró su felicidad, y fue, justamente, en el Santuario del Padre Hurtado.

Un domingo cualquiera, saliendo de misa en el San Ignacio del Bosque, leyó un cartel donde solicitaban voluntarios para hacer apoyo espiritual. Partió al Santuario y se inscribió. “Llevaba años buscando algo que me hiciera plena de verdad; por esas casualidades de la vida me encontré con un amigo de la juventud, Felipe Berríos, y luego de invitarlo a mi casa a conocer a mi familia, me invitó a la suya, a Techo —del cual era capellán—, a su parroquia, me regaló sus libros y supe entonces que por ahí iba la cosa”.

Empezó a ir semanalmente al Santuario y llegó el día en que su madrina de preparación, la Monona, le dijo que estaba lista para hacer su primer apoyo. Habían pasado dos meses desde que comenzó en esto y por supuesto que no se sentía preparada. “Me acuerdo que fui a rezar a la tumba del Padre Hurtado y le pedí que me mandara a una lola a quien pudiera apoyar con mi experiencia como madre, como mujer. No me alcancé a parar y un hombre, de unos cuarenta y cinco años, me pidió ayuda. Era un expresidiario, que llevaba quince años preso por robo a mano armada; andaba trayendo solo una bolsita con un jabón y una toalla. Conversamos más de una hora y al finalizar me dijo que yo había sido un ángel en su camino; había hecho mi primer apoyo espiritual”.

Cada jueves iba al Santuario y volvía dichosa, “llega mucha gente necesitada y con el sólo hecho de escucharlos, de tomarles la mano, se abren y te cuentan sus problemas. Te das cuenta de que a medida que te van contando su historia, sola va saliendo una respuesta”.

Pero quedaba mucho trabajo por hacer y fue entonces que Tati recibió una llamada. Su prima había conseguido que un supermercado del sector oriente le regalara toda la merma de fruta y verdura y había que llevarla a un hogar de ancianos en Batuco. Subían cajas y cajas al jeep de Tati y todos los lunes y viernes partían a repartirlas. “Empezamos a hacer lo mismo con el Hogar de Cristo y la comida que llevábamos alcanzaba para dos hogares… Yo no caminaba en la tierra, caminaba en el aire, no te imaginas lo que era llevarles las verduras a esos viejitos, acompañarlos a almorzar y darles cariño; después de trasladar las cajas, llegaba a mi casa mugrienta, pero estaba dichosa.”

Dicha que compartía con los suyos porque siempre los hizo partícipes, “varias veces fui con mis hijos a construir mediaguas, muchas veces me acompañaron al campamento, ellos también tienen un tremendo sentido social”.

 

COMUNIDADES

Entre el Santuario y los hogares de ancianos quedaba poco tiempo para la familia, pero sus hijos ya habían crecido y su marido gozaba viéndola realizada. Fue entonces que Felipe Berríos le insistió a Tati en que debía ir a Renca, pues allá un grupo de mujeres la esperaba.

 

¿Cómo logró convencerte?

Me acuerdo de sus palabras exactas. Yo no sabía ni cómo llegar a Renca ni menos a qué iba a ir, y ahí Felipe me dijo “tranquila, llega allá y abre tu corazón a lo que ellas quieran”. Nunca en mi vida había pisado un campamento, pero ese día partí, eché en el bolso una Coca-Cola y unas galletitas y me encontré con cerca de treinta mujeres. Ellas recién se habían cambiado del campamento al barrio, recién habían recibido sus casas. Prendí una velita y las invité a pasar un rato entretenido. Tras dos horas de conversación ya éramos íntimas amigas, fue impresionante, lo más lindo que me ha tocado vivir.

Empezaron a juntarse cada martes, algunas iban siempre, otras faltaban porque tenían que trabajar, pero se creó una comunidad que perdura hasta el día de hoy. “Me acuerdo que les conté que yo era buena para las manualidades y les propuse que hiciéramos cosas entretenidas. Hasta ese minuto a Dios casi no lo había nombrado, era fin de año y las invité a celebrar una Navidad con sentido. Hicimos una corona de adviento y pintamos un niñito Jesús de yeso… La Navidad no es ahorrar diez meses para comprar una zapatilla Nike, la Navidad tiene un sentido bonito y de a poquito empezamos a formar esta comunidad cristiana de base”.

Comunidad que se ha replicado en otras zonas de la Región Metropolitana y en la Región de Valparaíso, y cuyo lema es “hacer de la vida que nos tocó vivir, la más bonita posible. Compartidas las penas se hacen más llevaderas y las alegrías ciertamente se engrandecen. En las comunidades penas y alegrías se comparten, justamente de eso se trata”.

Hoy Tati, producto del trabajo de su marido, divide su tiempo entre Viña y Santiago, y además de dirigir el grupo Comunidades de Techo, es responsable, junto al sacerdote Nemo Castelli, del campamento Felipe Camiroaga en la Ciudad Jardín. “Nuestra idea es seguir creciendo… cuesta mantener las comunidades en el tiempo, trabajamos con hitos mensuales y yo me preocupo de juntarme con las monitoras y de ver cómo vamos. En nuestro campamento de Viña tenemos proyectado un oratorio y estamos felices, pues ya llevamos dos años ofreciendo sacramentos en los campamentos. La gente humilde no tiene tiempo ni plata para ir a veinticinco charlas de bautizo o comunión, con ello solo colocamos trabas. Queremos una iglesia acogedora, amorosa, que incluya y no excluya, que invite y no que te aleje”.

 

Si miras para atrás y revisas el proceso, ¿cuál es tu principal conclusión?

Me doy cuenta de que la vida siempre nos regala oportunidades y lo importante es tener los ojos bien abiertos y tomarlas; a mí me regaló la oportunidad de poder ver realmente a Dios y eso me cambió, me hizo feliz. Hay que ser capaz de salir de uno y de trabajar por el otro, necesitamos que se nos sume más gente, queda mucho por hacer.

 

¿Cambio la relación con tu familia?, ¿con tus amigos?

Sí, hoy ando mucho más feliz por la vida y cuando andas feliz entregas lo mejor de ti. Todos los jueves corro para estar con mis nietos, Francisco y María son lo mejor que me ha pasado. Aprendí a relacionarme, aprendí a escuchar, me siento muy plena y, sobre todo, súper privilegiada.

 

“Varias veces fui con mis hijos a construir mediaguas, muchas veces me acompañaron al campamento, ellos también tienen un tremendo sentido social.”

“Yo no caminaba en la tierra, caminaba en el aire, no te imaginas lo que era llevarles las verduras a esos viejitos, acompañarlos a almorzar y darles cariño.”

“Me doy cuenta de que la vida siempre nos regala oportunidades y lo importante es tener los ojos bien abiertos y tomarlas; a mí me regaló la oportunidad de poder ver realmente a Dios y eso me cambió, me hizo feliz.”

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación8+8+1   =