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EDICIÓN | Mayo 2018

Uvas amargas

Por Maximiliano Mills ~ www.maxmills.com
Uvas amargas

Este no es un documental más sobre vinos. Se trata de la bajeza más despreciada entre los seres humanos: ¡la traición! Cuando oí mencionar esta película fue una paradoja que la recomendación viniera del dueño de una tienda de vinos recién inaugurada en Viña del Mar. Ya que este jefe de turno —al igual que Rudy Kurniawan—veía en el vino su mejor carta de ascenso social gracias a su paladar y olfato.

Pero la visión de Kurniawan lo llevó mucho más lejos, convirtiéndose en el mayor comprador de carísimos vinos en remates especializados. De solo ser un joven conocido como un amateur que le gustaba tomar Merlot, se transformó en el más grande comerciante de vinos de lujo. Su influencia llegó a ser tan crucial en los remates de vinos que ahora se recuerda la década comprendida entre 2002 a 2012 como “la era de Rudy” o “los vinos de Rudy”. 

Uvas amargas o Sour Grapes es un documental estrenado en septiembre de 2016. Construido sobre una idea de Nick Ware y dirigido por la dupla Jerry Rothwell & Reuben Atlas, nos muestra el auge y contracción que tuvo el mercado de compra y venta de vinos lujosos, siguiendo al personaje que lo construyó y lo reventó: el indonesio radicado en Los Ángeles, Rudy Kurniawan. Comenzando la década de 2000, Rudy comenzó a vender y comprar importantes cantidades de vinos lujosos, gastando a mediados de la década entre uno y dos millones de dólares al mes. Llegó a ser tan conocedor de los vinos producidos por Domaine Romanée-Conti que fue apodado "Dr. Conti". Su posición llegó a ser tan relevante que solo entre los años 2003 y 2006 gastó treinta y cinco millones de dólares en la adquisición de vinos de alta gama. Irónicamente, se le agradecía haber “revalorizado” en Estados Unidos el mercado de vinos de lujo. Adquirió la categoría de estrella de rock de los vinos caros, exóticos y raros… hasta que un coleccionista, Bill Koch, bajó a su cava de 43.000 botellas y vio un “Petrus” de 1947 en botella Magnum. Algo no le cuadraba. Revisó los registros de la viña y comprobó que ese año “Petrus” ¡no embotelló ningún vino utilizando este formato! Koch contrató a un investigador privado y este a un exagente de la CIA experto en fraudes. El inventario que le realizó a su colección arrojó que había más de cuatrocientas botellas falsas por las que había pagado alrededor de seis millones de dólares.

Este documental se apoya en un variado archivo de imágenes caseras. Aquí muestran a un Kurniawan alegre, riendo, tomando sin preocupaciones, celebrando la vida y como el maestro de ceremonia en estas catas con asistentes seleccionados. Todo iba bien hasta que apareció un viñatero francés: Laurent Ponsot, de viñedos Domaine Ponsot. A sus manos había llegado el catálogo de una subasta en Nueva York, donde aparecían algunos de “sus” vinos que en la etiqueta registraban cosechas en años anteriores a 1934 ¡El año de su primera vendimia! ¿Cómo pudo Kurniawan cometer errores tan básicos? Quizás fue lo ilimitado de su codicia, que junto a su segundo gran error, lo hacen integrar el panteón de los grandes falsificadores; no saber cuándo retirarse.

Rudy Kurniawan se encuentra ahora en los anales de la historia criminal de Estados Unidos como el primer condenado por un fraude de vinos. Deberá cumplir diez años de cárcel y saldrá en libertad el año 2022. Otro hito dejado por Kurniawan es haber causado la mayor destrucción de botellas de vino —falsas o auténticas— en la historia de los US Marshall (más de seiscientas fueron trituradas). Lo único de lo que adolece Sour Grapes es de no incluir la versión de Kurniawan ante los hechos por los cuales fue acusado. Se intentó, pero Rudy se rehusó en varias ocasiones a ser entrevistado. Todos esperaban escuchar su historia. Algo que debes hacer cuando ilustres próceres del vino como Aubert de Villaine de Domaine Romanée-Conti, Christophe Roumier de Domaine Georges Roumier y Laurent Ponsot de Domaine Ponsot ¡testifican en tu contra! 

Se estima que Kurniawan tardaba una hora en todo el proceso requerido por cada botella. Si se calcula que falsificó hasta catorce mil botellas, estamos hablando de trabajar de manera continuada durante unos 583 días ¿Pudo Rudy haber embotellado tal cantidad de vinos sin cómplices? La gran interrogante no respondida por Uvas amargas

 

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