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EDICIÓN | Abril 2018

REALISMO A MI MANERA

Francisco Uzabeaga, artista plástico
REALISMO A MI MANERA

Es un pintor realista, de eso no cabe duda. Sorprende la precisión de sus cuadros y su cercanía a la realidad. Pero es en sus temáticas donde radica su mayor talento: escenas de películas, fotografías históricas y paisajes conviven con pequeños detalles, verdaderas declaraciones de principios, que dejan en evidencia su propia forma de ver la realidad y que está íntimamente relacionada con su infancia, su formación y sus primeros referentes pictóricos.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló y Francisco Uzabeaga

Cuando Francisco era chico sólo quería pintar. En su familia no existía ningún artista, ni siquiera una mínima cercanía al mundo cultural. Más bien vivía en el seno de una familia de mucho esfuerzo, en que la opción de tener un hijo pintor parecía casi imposible.

Pero él igual quería pintar. Y para hacerlo buscaba inspiración en lo que tenía a mano. Primero fueron los Icarito, los clásicos suplementos ochenteros de ayuda escolar, después la Enciclopedia Salvat, que también se entregaba por partes en un diario… todo servía, hasta los calendarios con paisajes que le regalaban en las panaderías.

“Mi trabajo tiene que ver con mi niñez, con el material que tenía en ese momento para trabajar. En mi casa no había libros de arte, nadie sabía nada, pero yo nací con esa necesidad. Así que agarraba los diarios, las cosas que venían adentro y las dibujaba y pintaba”, explica.

Cuando le tocaba comenzar la educación media, una profesora habló con sus papás y les sugirió que buscaran un colegio más conectado con el arte para su hijo. Así llegó al Colegio Experiemental Artístico, donde por primera vez se enfrentó a materiales distintos a la témpera y el papel. Pero sus temas no variaban.

“Las fotos de Icarito eran muy chillonas y yo sentía que vibraban. Ahora entiendo que es porque las imágenes estaban descalzadas al momento de imprimirlas, incluso muchas veces las imágenes venían al revés. De ahí nace esta idea de mi imaginario, de imágenes que tienen el carácter de una época, de una clase social y lo que quise fue transformar estos medios masivos de información en obras de arte”.

Después del colegio entró a estudiar Arte en la Universidad de Chile. Ahí su vocación estaba cada vez más clara y también su cercanía al realismo. Hoy trabaja con la Galería de Isabel Croxatto, participa en ferias internacionales y, de hecho, mientras conversábamos terminaba un cuadro que debía viajar a Hong-Kong. Pero este ha sido un camino largo.

 

¿Cómo llegas a esta corriente?

El realismo también tiene que ver con mi origen, con mi clase social. Cuando alguien no tiene educación artística, no ve abstracción sino que manchas. Lo mismo con una performance o una instalación, que seguramente no va a entender. El realismo llega antes, llega más claro con su mensaje. Por eso pinto lo que pinto.

 

DE PELÍCULA

“El primer cuadro que pinté en la universidad, y en el que hice un poco más consciente todo este imaginario, fue un cuadro de Caravaggio llamado El descenso de Cristo, que aparecía en un Icarito. La imagen que ahí aparece era con un fondo azul, con todos los colores muy naranjos y descalzados… entonces la transformé en un nuevo Caravaggio, un Caravaggio chileno”, recuerda.

¿Cómo has evolucionado respecto de tus fuentes de inspiración?

Ahora tomo imágenes de internet, pero tratando de repetir la misma experiencia que tenía cuando niño. Ahora, por ejemplo, estoy trabajando en una escena de una película de los sesenta que se llama Una mujer para no olvidar. Ni siquiera la he visto, pero me gustó la imagen. Mi idea fue agarrarla y transformarla en otra cosa, entonces a través de photoshop incorporé en una esquina un urinario de Duchamp. Así la descontextualizo y la transformo en una historia nueva.

¿Prefieres no haber visto la película?

Sí, porque así armo mi propia historia. Y le voy a cambiar el nombre a la obra, ahora se va a llamar Un artista para no olvidar. Hay otro cuadro que estoy haciendo, que muestra la escena de una pelicula de época llamada Una mujer invisible, en que quiero jugar con la idea del teatro pirexiano, en que las escenas representadas son falsas. Entonces pinté en un costado una escultura de arte futurista, que se hizo muchos años después del año en que supuestamente ocurre la película.

También hay un guiño al error de continuidad…

Sí, pero también de mostrar la realidad que cada uno ve. El Caravaggio que yo veía era distinto al original. Y para mí ese era el que valía.

Y ahí entra tu concepto de naturaleza fallida.

Es que para mí las revistas cuentan dos historias: una la que están contando y otra las de las imágenes, que al tener una forma se pueden transformar. Y eso es lo que rescato. Tomo una imagen que ya viene alterada y la sigo alterando. La diferencia es que ahora soy mucho más consciente.

¿Cuál es tu criterio para buscar imágenes? 

Es más que nada visceral. A veces escribo classic movies y empiezan a aparecer cosas. Me interesan las películas hechas con una tecnología que se llamaba technicolor, que antes trabajaba sólo con rojo, azul y amarillo, lo que hace que la imagen se vea diferente, con tonos más chillones y muy falsos, lo que los hace más pictóricos.

Hay algo en tu técnica que llama la atención: pintas con cuadrículas, como las que usan los niños para calcar dibujos…

Es un método hiperrealista que usa un artista llamado Chuck Close y lo descubrí buscando, estudiando. Tiene que ver con cómo esquematizar la técnica, con detenerse en los detalles, pero al mismo tiempo ir avanzando, porque si no uno puede pintar eternamente sobre la obra. Generalmente las uso en las caras, en las manos, en zonas más complicadas.

¿Siempre con fotos de otros?

Mi próximo proyecto es empezar a hacer mis propias fotos… como lo que hacían los turcos cuando no podían ver las grandes películas occidentales y creaban el Superman Turco o la Mujer Maravilla Turca… quiero hacer mis propias versiones de las historias, con mi visión, recreando escenas falsas.

 

“En mi casa no había libros de arte, nadie sabía nada, pero yo nací con esa necesidad. Así que agarraba los diarios, las cosas que venían adentro y las dibujaba y pintaba”.

“Cuando alguien no tiene educación artística, no ve abstracción sino que manchas. Lo mismo con una performance o una instalación, que seguramente no va a entender. El realismo llega antes, llega más claro con su mensaje. Por eso pinto lo que pinto”.

“Mi próximo proyecto es empezar a hacer mis propias fotos… como lo que hacían los turcos cuando no podían ver las grandes películas occidentales y creaban el Superman Turco o la Mujer Maravilla Turca… quiero hacer mis propias versiones de las historias”.

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