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EDICIÓN | Abril 2018

CON SELLO VERDE

Jorge Matetic Hartard, empresario
CON SELLO VERDE

Amante de la tierra, de la buena mesa y del sauvignon blanc, Jorge Matetic divide su tiempo entre la viña familiar en San Antonio y cinco hoteles a lo largo de Chile. Hijo y nieto de reconocidos personajes del mundo empresarial, asegura que, aunque su apellido puede significar presiones, son más las puertas que abre. Y en su caso, estas puertas llevan a un mundo más sustentable.

Por Carolina Vodanovic/ Fotografía Teresa Lamas G.

Los Matetic llegaron a Chile desde Rijeka, en el norte de Croacia. Inmigrantes, como muchos, vinieron con lo puesto y apostaron por el acero y sus derivados para comenzar a reescribir su historia. Inchalam fue el puntapié inicial para una familia que ha sabido emprender, diversificar el negocio y que hoy está presente en los sectores agrícola, ganadero, forestal, aeronáutico, vitivinícola y turístico, por mencionar los más importantes.

 

¿Por qué los huevos en distintos canastos?

Se ha dado de manera natural, justamente por el tema del emprendimiento. Mi abuelo se dedicó ciento por ciento a formar Inchalam, no tuvo ojos ni tiempo para más negocios. Pero con el negocio montado y los recursos para mirar hacia el lado, fue distinto. La visión de emprendedor comienza con mi padre —Jorge Matetic Fernández— en los setenta. Y cuando entramos nosotros, nos diversificamos aún más.

Jorge Matetic Hartard, cuarta generación y cuarto Jorge en Chile, recuerda que de niño perseguía a su padre en el campo. Viéndolo a él y a los agrónomos que ahí trabajaban aprendió del oficio y, lo más importante, aprendió a querer la tierra. Hoy está a cargo del negocio vitivinícola y turístico de la familia.

“Cuando partí con la viña, veinte años atrás, yo vivía en el valle del Rosario, donde solo teníamos ganadería y forestal, pero empecé a ver que se hablaba mucho del valle de Casablanca donde se estaban plantando viñedos. Entonces decidimos hacer un ensayo. Producir vinos era algo completamente nuevo para nosotros, no sabíamos nada. No sabía nada de vinos, con decirte que tomaba blanco o tinto, en esa época nadie sabía de cepas”, recuerda.

Hicieron un estudio de temperatura en el campo, en ese entonces de 30 hectáreas, y decidieron plantar nueve variedades distintas; ya en la primera vendimia descartaron el carmenere y el cabernet, siguieron entonces con las variedades que producen hasta hoy y fueron pioneros en la plantación de Syrah para clima frío, cepa que no ha parado de darles satisfacciones y cuyo vino  “Matetic Syrah 2013”, acaba de ser elegido como el mejor tinto del año, según el crítico inglés Tim Atkin.

Pero más allá del valle, que resultaba novedoso, la viña se definió como orgánica y biodinámica, dos conceptos que en aquel entonces eran completamente desconocidos.

 

¿Por qué este sello verde en la viña?

Cuando partimos, contratamos al enólogo Rodrigo Soto, quien había trabajado en un proyecto biodinámico en California. El nos metió el bichito y hoy ya hemos agarrado el feeling de reciclar, de reutilizar las cosas, de no usar químicos, en el fondo, de tratar la tierra como un ser viviente. Cuando nos metimos en esto nos decían que estábamos locos. Recién ahora estamos viendo frutos, porque estas certificaciones abren puertas para poder postular a ciertos mercados.

 

El biodinamismo toma en cuenta el calendario lunar y factores astrológicos, ¿compartías ese gusto?

No, pero hoy le creo al sistema. Cada año, en el equinoccio de otoño, enterramos cachos con excremento fresco de vaca y luego, en el equinoccio de primavera, sale una tierra perfecta, sin olor a nada, con lo cual preparamos una solución rica en microorganismos benéficos para el suelo. Hoy toda nuestra gente sabe de biodinamismo y comparten el gusto. Rodrigo se fue de vuelta a California, pero formó a nuestro enólogo, Julio Bastidas, y él ha hecho un gran trabajo.

Hoy en 170 hectáreas, Viña Matetic, con sus líneas de vino Corralillo y EQ, apunta a una gama media alta y exporta el setenta por ciento de su producción. Hace dos años, adquirieron en San Fernando Terra Pura, un proyecto para la gama media baja, donde no producen uva, sino que compran y vinifican para exportar.

“Estamos en las ferias más importantes del mundo y hacemos permanentemente un calle a calle con nuestros vendedores. Hoy los principales mercados de Matetic están en Asia, porque los chinos, si bien no toman mucho vino, lo regalan. Para Viña Terra Pura el mercado chino es tan importante que tenemos un vendedor que vive allá. Hemos podido hacer una sinergia importante con la unión de ambas viñas y hoy hemos ampliado el rango de productos que ofrecemos. Estados Unidos, Brasil, Inglaterra, Holanda, Dinamarca y Perú son importantes mercados para nuestras viñas”.

 

El vino chileno hoy está presente en 170 países, ¿debiera haber una estrategia a escala nacional para posicionarlo afuera?

Hace treinta años el vino chileno no se conocía, creo que se ha hecho una buena labor y lo importante es no parar. Hoy somos reconocidos afuera por nuestros vinos y nuestros futbolistas. Esto conlleva una responsabilidad, porque ya somos parte de la imagen país. Nosotros tenemos una ventaja y es que, al mismo precio, un vino chileno es mucho mejor que cualquier otro. Aquí los costos de producción son más bajos… y la percepción del vino nacional es que es bueno, bonito y barato. Tenemos que salir de ahí.

 

DE LA MANO DEL TURISMO

Fue visitando viñas en California que Jorge descubrió la asociación que hacían los norteamericanos entre vinos y turismo. “Visitando bodegas de vino en Napa, me di cuenta de que había mucha bodega fancy asociada al turismo. Fue entonces que decidimos construir nuestra bodega pensando en recibir gente”, explica.

Partieron con la bodega, luego decidieron remodelar la casa antigua que había en la viña y con solo tres piezas —hoy son diez— dieron vida al hotel La Casona. Luego vino la concesión del restaurante, recuperar el parque, hermosear una glorieta e instalar una parrilla. Hace tres años se hicieron cargo del restaurante Equilibrio y hoy reciben a muchos extranjeros.

“El sello verde de la viña se replica en todos nuestros hoteles. Por ejemplo, los desechos del restaurante van a la lombricultura y se procesa el agua del baño para reutilizarla. Hoy en día debes tener un sello verde para obtener ciertas certificaciones”, aclara.

Certificaciones que hoy le dan, sin duda, un valor agregado a los hoteles del grupo Matetic: Tierra y Patagonia Camp. “En el Tierra Atacama acabamos de instalar unas placas solares que abastecen diecisiete horas diarias de luz; en Patagonia Camp, dado que son carpas en una zona frágil como Torres del Paine, desde el inicio tuvo un sello ecológico y se definió como un producto autosuficiente”.

Fue hace pocos meses que los Matetic abrieron el Hotel Tierra Chiloé y apostaron por la isla, “un hotel requiere un destino consolidado, en Chiloé nos adelantamos pero definitivamente la lleva, más aún ahora con vuelos directos. Creo que con nuestros hoteles hemos hecho un súper buen nombre y eso hay que fortalecerlo”.

 

“Producir vinos era algo completamente nuevo para nosotros, no sabíamos nada. No sabía nada de vinos, con decirte que tomaba blanco o tinto, en esa época nadie sabía de cepas”.

“Hemos agarrado el feeling de reciclar, de reutilizar las cosas, de no usar químicos, en el fondo, de tratar la tierra como un ser viviente. Cuando nos metimos en esto nos decían que estábamos locos. Recién ahora estamos viendo frutos, porque estas certificaciones abren puertas para poder postular a ciertos mercados”.

“Hace treinta años el vino chileno no se conocía, creo que se ha hecho una buena labor y lo importante es no parar. Hoy somos reconocidos afuera por nuestros vinos y nuestros futbolistas”.

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